Alejandro Cossío: No me asusta retratar a los muertos, me asusta y me pesa el dolor de las madres

Particularmente en Tijuana hubo momentos en los que sí parecía que hubo una guerra dentro de la ciudad, una guerra civil, un grupo contra otro dándose, el ejército metiéndose, a favor no sé de quién, pero a favor de alguien.

En la práctica se necesita hacer paréntesis porque si te petrificas y todo te empieza a asustar no harás nada. Hablando del tema de los muertos, no me asusta retratarlos, lo que me asusta y me pesa es escuchar a una madre, sus alaridos a un lado de su ser querido. Independientemente si el muerto era narco, es un humano y no sabemos las razones por las que se convirtió en narco, algo lo llevó a allí, porque si en este país hubiera oportunidades para la gente, a lo mejor muchos de ellos no hubieran optado por esos caminos y son víctimas también de una cierta realidad del país.

Alejandro Cossío es originario de Sinaloa pero radica en Tijuana, BC. Es fotógrafo del semanario Zeta además de haber colaborado para la Agencia EFE y AP. En la edición 2013 del POY Latam obtuvo el primer lugar y mención honorífica en la categoría  Retrato Individual. En el 2010 obtuvo el Premio Nuevo Periodismo que otorga la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI). El reconocimiento fue por su trabajo “México en el punto de quiebre“.

Sobre este último, presentamos tres diferentes textos disponibles en internet para conocer mejor lo que existió detrás de esa experiencia, los puntos de vista de Alejandro y su trayectoria en el periodismo gráfico.

El primer texto desprende de la presentación escrita por el mismo Alejandro en el sitio de la FNPI, luego aparece la entrevista publicada el diario español El País de donde retomamos un par de reflexiones sobre el oficio del fotógrafo; finalmente se reproduce un texto de Bloquero del Norte que incluye crónica y descripción del contexto en el que las fotos fueron tomadas.

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Mi nombre es Alejandro Cossío, tengo 36 años y radico en Tijuana, México. Me dedico al fotoperiodismo desde hace 13 años, y ese mismo tiempo tengo trabajando en el Semanario ZETA de Tijuana, cuyo fundador es el periodista ya fallecido, Jesús Blancornelas.

Me interesé en la fotografía desde que comenzaba mis estudios en la universidad, y siempre, por alguna razón no muy clara para mí, estuve interesado en la fotografía periodística, documental…aquellos tipos de imágenes en que podía señalar algo que yo consideraba no cuadraba, o no debía ser. En otras palabras, imágenes con sentido crítico, con intención de cambio. En cuanto me sentí listo para solicitar trabajo en alguna empresa periodística, lo hice. Aunque en realidad no estaba listo, aún no lo estoy, siempre hay algo que aprender.

Me acerqué a Zeta para preguntar si ocupaban a alguien en el departamento de fotografía, y bueno, la suerte estuvo de mi lado porque precisamente estaban pensando en buscar a alguien. Esto fue en el año de 1997, año en el cual atentaron contra mi jefe Blancornelas, el periodista y director de ZETA. Fue mi primer año en el periódico y supe rápido qué era y qué significaba trabajar en ZETA. De aquel atentado resultó muerto Luis Valero, el guardaespaldas de Blancornelas. El periodista, de milagro, no perdió su vida.

El ataque vino del Cártel de Tijuana, el grupo criminal en el poder. Estaban enojados por notas que Blancornelas había publicado sobre Ramón Arellano, uno de los líderes, y el más sanguinario del Cártel. Nada fue igual para nadie. Teníamos que cuidarnos el doble al salir a la calle, podían atacar a cualquiera con tal de darle un golpe al periódico. Nada pasó, al menos no en ese tiempo, lamentablemente años más tarde sí mataron a un Editor de Zeta, Francisco Ortiz Franco. Yo fui el primero de ZETA en llegar a la escena del crimen, y tomé fotos, qué otra cosa podía hacer, era mi deber... fue muy duro para todos.

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 "Hay que fotografiar los muertos porque se trata de una guerra" (El País)

A propósito del Premio Nuevo Periodismo 2010 / CEMEX + FNPI,  Cossío decía en entrevista para el diario El País:

“El premio es halagador, pero no cambia nada. Es un ratito de fama y nada más. Solo es una señal de que está bien mi trabajo y de que tengo que seguir por el mismo camino. A parte, espero que me pueda abrir la posibilidad de preparar proyectos más grandes”.

¿Qué diferencia, para usted, el fotoperiodismo del periodismo escrito a la hora de reflejar situaciones como la de México?

El fotógrafo tiene que estar en la línea de fuego. Si no, llegas al lugar en el que han pasado las cosas y no tienes foto. El que escribe puede hacer llamadas después, pero el fotógrafo o llega o llega, no hay otra. Tienes que ir allí aunque solo sea para tomar lo último, cuando van a recoger el último casquillo. En la fotografía es un poco más complicado no caer en la obviedad, en la imagen cliché. Hay que luchar contra ese tipo de imágenes.

¿Cómo lucha usted frente a eso?

Tienes que estar informándote constantemente sobre el tema que estás cubriendo, aunque no escribas. De ese modo, cuando llegas al lugar puedes ver más detalles de lo que está pasando y tener más fotos en tu vista.

¿De las imágenes que te hicieron ganar el premio, cuál es la que representa mejor tu idea de fotoperiodismo?

La que se ve una mano cayendo de una furgoneta. Solo con un detalle se pueden decir muchas cosas, sin tantos muertos, aunque también es necesario fotografiarlos para hacer énfasis en que hay muchos, que se trata de una guerra.

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Alejandro Cossío, testigo de la trágica violencia del país (Bloguero del Norte)

Son las 6 de la mañana del lunes 29 de septiembre de 2008 y el teléfono de la policía repica. Con la voz entrecortada por el miedo, un vecino de la colonia Otay Constituyentes de Tijuana reporta que en un lote baldío ubicado a un costado de la escuela primaria que está al final de su cuadra, tres tipos a bordo de una camioneta arrojaron los cuerpos sin vida de varias personas.

En cuestión de minutos la noticia corre como reguero de pólvora entre reporteros, camarógrafos y fotógrafos de esa ciudad fronteriza. Entre ellos, Alejandro Cossío. Conocedor de la ola de violencia que se había desatado ese año, él estaba siempre listo con lo básico para afrontar una salida de ese tipo: una cámara y el tanque del automóvil cargado de gasolina para salir  de casa y cubrir la nota sin contratiempos.

Aquella mañana condujo hasta la populosa colonia y se acercó al lugar para documentar el suceso. Caminó tres cuadras y después subió a la azotea de una casa de dos pisos. Una vez arriba, su lente captó una de las imágenes más duras e impactantes de su carrera. En total, 12 personas fueron asesinadas en esa ocasión. Entre las víctimas se encontraba una mujer y un muchacho de unos 15 años. A seis de ellos, los torturaron y les cortaron la lengua, mientras que al resto los golpearon hasta acabar con sus vidas.

La imagen capturada por Cossío, forma parte del trabajo titulado: “México en punto de quiebre” que lo hizo acreedor en este 2010 al Premio Nuevo Periodismo CEMEX+FNPI, que por primera vez, en nueve convocatorias, es otorgado a un mexicano.

Cossío reconoce que tiene sentimientos encontrados porque lo están premiando por un trabajo que documenta la violencia en la que se encuentra el país. “No hay para cuando acabe esto de la violencia y el futuro pinta peor, siento que nos acercamos a un punto de quiebre, de un colapso fuerte en la nación”.

Tijuanense por adopción

Originario de Los Mochis, Sinaloa, Alejandro Cossío nació en 1973, pero a los nueve años llegó a radicar a Tijuana con su familia. Su infancia estuvo dominada por su vivacidad, pero se enfrentaba a la soledad cuando llegaba a su casa después de la escuela.

Preocupada por el futuro de sus hijos, la madre de Alejandro trabajaba a la hora que él salía de clases, mientras que su hermano acudía a la escuela en el turno vespertino. Así pasó su  adolescencia, explorando y observando  las dinámicas de Tijuana.

Por su personalidad dicharachera y amigable parecía lógico interesarse en la comunicación y se matriculó, casi que por añadidura, en la licenciatura que ofrece la Universidad Autónoma de Baja California en esa materia. Durante los primeros cuatro semestres exploró diferentes áreas de la carrera, pero en el quinto supo exactamente a lo que se quería dedicar.

Nace el fotoperiodista                

Su interés en el fotoperiodismo comenzó luego de leer en la biblioteca de la universidad revistas como Time, Life y National Geographic. Sin embargo, fue al cursar la materia de fotografía que Alejandro tuvo claro cuál era su vocación.

“Desde que empecé a aprender fotografía, siempre busqué hacer fotos con estilo periodístico, de la calle, las personas y la vida cotidiana”.

Ese interés por documentar lo que ocurría en su entorno lo llevó a la mitad de su carrera universitaria, a solicitar trabajo en uno de los semanarios con mayor arraigo y credibilidad en Tijuana y que en ese entonces era dirigido por el periodista Jesús Blancornelas, a quien Cossío admira entrañablemente por su valentía y honestidad al ejercer lo que Gabriel García Márquez ha catalogado como el mejor oficio del mundo.

“Me incliné por el fotoperiodismo porque pienso que la imagen fija entra con mucha fuerza  en la gente. Hay fotos que quedan grabadas y pueden llegar hasta mover y crear conciencia en temas determinados”.

Los actos violentos que cada año se iban incrementando en Tijuana, llevaron a Cossío a darle cobertura a muchos de los hechos policiacos que se registraban en la ciudad.  Ese tipo de noticias y los riesgos que asumen los periodistas al abordar estos temas, dejaron en Alejandro una huella que después de seis años todavía no se borra.

El 22 de junio de 2004 asesinaron a balazos a Francisco Ortiz Franco, editor del semanario Zeta. Ese día, cámara en mano, Cossío fotografió el cuerpo sin vida de su amigo y compañero de trabajo.

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Espectador silencioso

Los que tienen la fortuna de conocerlo saben de la alegría y los pincelazos de locura que ocasionalmente salen a relucir en la personalidad de Cossío. Contrario a lo que ocurre cada que sale a trabajar a las calles donde se convierte en un espectador silencioso de los hechos,  en su lugar de trabajo siempre se le ve muy activo.

Sus compañeros, están acostumbrados a escucharlo cantar o pensar en voz alta, lo que lo convierte en una especie de torbellino parlante.

A decir de la fotoperiodista mexicana Elsa Medina, amiga, consejera y maestra de Cossío, esa energía e inquietud que tiene lo ha llevado a convertirse en un excelente fotógrafo. “Siempre ha sido muy inquieto. Yo lo conocí desde sus inicios, en el día a día. Recuerdo que platicábamos mucho y poco a poco comenzó a pedirme algunos consejos”.

Fueron las respuestas y consejos de Elsa, los que despertaron en el novel fotoperiodista  ese olfato y la sensibilidad que ahora le imprime a sus fotos. “Ya encontró un estilo y lo logró a base de ver, analizar y criticar”.

No es la única cualidad que Elsa ve en Cossío. Sostiene que ha logrado plasmar en cada foto un hecho diferente sin repetir nada, con una forma muy sutil de narrar las desgracias humanas.

Prueba de ello, señala, es una de las fotografía que forma parte del ensayo “México en el punto de quiebre”. Es la imagen en la que sólo se alcanzan a ver los pies de dos peritos forenses y una mano iluminada y extendida saliendo de la parte trasera de una camioneta mortuoria. “Esa foto lo dice todo”.

“Detesto las guerras”

Cossío habla de los fotoperiodistas que admira por su calidad y técnica y de los tiempos difíciles del periodismo mexicano, donde los asesinatos y las agresiones contra los comunicadores están a la orden del día.

- ¿Desde qué te metiste a estudiar fotografía y veías con detalle las revistas Time, Life y National Geographic, tenías claro que te querías dedicar al fotoperiodismo político y de seguridad o tenías otras expectativas?

“A mí siempre me ha gustado la fotografía en general, pero mi trabajo en Zeta me ha ido llevando a tomar este tipo de trabajos, de violencia. Se podrá escuchar cursi, o como quieras, pero lo fundamental por lo cual tomo fotos de personas ejecutadas, es mi preocupación sobre el  porqué alguien es capaz de matar a otra persona, por el motivo que sea”.

“Me parece que es triste y salvaje, animalesco, el matarnos unos a otros, detesto las guerras, no tienes idea. Y bueno, hago uso de mi herramienta, la fotografía, para mostrar lo que sucede. Aunque siempre queda todo a nivel de la cobertura del crimen organizado, también es un proceso personal”.

Alejandro Cossío

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Para leer la entrevista completa en Bloguero del Norte, siga esta liga.

Galería: México en el punto de quiebre.

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