Musa al-Garbi, miembro de la Iniciativa Suroeste de Estudios de Conflictos de Oriente Medio (SISMEC), publica en Al Jazeera America una comparación entre el Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIL) y cifras que desprenden de la presencia del crimen organizado en México.

Quizá algunos de los argumentos requieren precisión y el enfoque general del texto también podría malinterpretarse como un llamado a la mayor intervención de Estados Unidos en México, sin embargo nuestra intención al reproducir el artículo es señalar un punto de vista que consideramos importante. Si los números no arman un cuadro tridimensional del narcotráfico, al menos son claros al mostrar en perspectiva el número de muertes alcanzadas por los cárteles de la droga contra las que fueron resultado del 9/11, la guerra de Irak o la de Afganistán.  La jerga noticiosa es engañosa y en los titulares un problema de seguridad pública tiene tratamiento diferente que un conflicto bélico, sin embargo el reconocimiento de las condiciones en ambos casos contribuye a que las instituciones ocupen un lugar concreto, que se creen estructuras funcionales de atención y que los actores participen en una corriente de opinión pública precisa.

Por ejemplo, las noticias del día 1 de mayo informaron que un helicóptero del ejército mexicano fue derribado por un comando armado en Jalisco, se efectuaron 39 bloqueos e incendiaron varios automóviles, 5 gasolineras y 11 bancos. Los hechos se presentaron en 25 municipios y se extendieron a los estados de Guanajuato y Colima, el estado de Michoacán fue blindado para “evitar” el ingreso de otros integrantes de los cárteles, ¿cómo se clasifican estos hechos?

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Los cárteles mexicanos de la droga son peores que ISIL 

Por Musa al-Garbi

Las masacres del grupo ISIL han captado la atención del mundo. Varios comentaristas occidentales han clasificado sus crímenes como únicos, los cuales ya no se practican en ninguna otra parte del mundo civilizado. Argumentan que su barbarie es intrínsecamente islámica, un producto de la visión agresiva y arcaica que domina al mundo musulmán. La ignorancia de estas afirmaciones es impresionante.

Mientras que hay otros grupos cuya depravación y amenaza para los Estados Unidos supera con creces la de ISIL, ninguno ha generado el mismo tipo de indignación colectiva e histeria. Esto plantea una pregunta: ¿Los estadounidenses se preocupan por las atrocidades de ISIL o por el hecho de que los musulmanes cometen esos crímenes?

Por ejemplo, aun cuando los medios de comunicación estadounidenses y los políticos inflan radicalmente la amenaza de ISIL, la mayoría parece no estar consciente de la magnitud de las atrocidades cometidas por los cárteles mexicanos de la droga y la amenaza que suponen para ellos.

Los cárteles frente a ISIL

Un reciente informe de las Naciones Unidas estima que cerca de 9.000 civiles han muerto y 17.386  fueron heridos en Irak en 2014, más de la mitad desde que combatientes de ISIL controlan grandes extensiones del norte de Irak. Es probable que el grupo sea responsable de otros varios miles de muertes en Siria, sin duda esas cifras son alarmantes. Sin embargo, en 2013 cárteles de la droga asesinaron a más de 16.000 personas solamente en México y a otras 60.000 de 2006 a 2012 (más de un asesinato cada media hora durante los últimos siete años). Lo peor es que se trata de estimaciones del gobierno mexicano, conocido por reducir el número actual de muertes en un 50 por ciento.

Las estadísticas por sí mismas no transmiten la depravación y la amenaza de los cárteles. Llevan a cabo cientos de decapitaciones cada año. Además de decapitaciones, los carteles son conocidos para desmembrar y mutilar los cadáveres de sus víctimas, mostrando montones de cuerpos en las ciudades para aterrorizar al público; también se dirigen sistemáticamente a mujeres y niños para intimidar aún más a las comunidades. Como ISIL, los cárteles también utilizan las redes sociales para publicar imágenes de sus crímenes.

Los narcos también reclutan niños soldados, moldean a chicos de 11 años en asesinos o para enviarlos a misiones suicidas durante enfrentamientos con el Ejército de México. Secuestran a decenas de miles de niños cada año para usarlos como mulas de drogas o prostitutas o simplemente para matarlos y vender sus órganos en el mercado negro. Quienes se atreven a pedir reformas terminan muertos. En septiembre, con la ayuda de la policía local, los cárteles secuestraron y masacraron a 43 estudiantes de un colegio de enseñanza cerca de Iguala, en respuesta a protestas estudiantiles. Una búsqueda en la zona de los estudiantes puso al descubierto una serie de fosas comunes con cuerpos mutilados y quemados casi irreconocibles pero ninguno de los restos se confirmó que fueran de los jóvenes buscados.

Mientras que los militantes islámicos han matado a un puñado de periodistas, los carteles asesinaron a alrededor de 57 desde el año 2006 por informar sobre delitos del cártel o exponer la complicidad del gobierno con los criminales. Muchos de los medios de comunicación mexicanos han sido silenciados con eficacia mediante la intimidación o sobornos. Estas actividades se extienden más allá de la censura de medios profesionales, el narco rastrea y asesina a ciudadanos comunes que los critican en Internet y dejan sus cadáveres desnudos colgados en plazas públicas. Sin embargo, intelectuales americanos como Sam Harris parecen más indignados cuando los musulmanes protestan o amenazas en respuesta a incitaciones al odio o blasfemias anti musulmanes, que cuando los cárteles asesinan a decenas de periodistas y sistemáticamente cooptan medios de todo un país.

Del mismo modo, los occidentales a través de diversos espectros políticos se indignaron cuando ISIL capturó a 1.500 mujeres yazidi, cometió actos de violencia sexual en su contra y las utilizó como esclavas. Una vez más, el tráfico de mujeres de los carteles opaca los crímenes de ISIL. El narco mantiene decenas de miles de mexicanos como esclavos en sus diferentes empresas y sistemáticamente utilizan la violación como arma de guerra.

Los medios de comunicación de Estados Unidos publicitan en especial la violencia de ISIL contra sus ciudadanos. Este verano ISIL decapitó a dos estadounidenses y ha advertido sobre la ejecución de un tercero; adicionalmente, un soldado murió en la lucha contra el grupo. Por el contrario, los carteles asesinaron a 293 estadounidenses en México desde 2007 hasta 2010 y han atacado repetidamente los consulados en México. Mientras las decapitaciones de ISIL son sin duda una barbaridad, los carteles torturaron, desmembraron y luego cocinaron a uno de los estadounidenses que capturaron.

Las atrocidades de los carteles no se limitan al lado mexicano de la frontera. De 2006 a 2010, cerca de 5.700 estadounidenses fueron asesinados en los EUA por la violencia que provoca el narcotráfico. En contraste, 2.937 personas murieron en el 11 de septiembre 2001. Durante la última década, unos 2.349 estadounidenses murieron en Afganistán y 4.487 en Irak. En cuatro años los cárteles han causado más muertes que el 9/11 o cualquiera de esas guerras.

El narco ha infiltrado al menos 3.000 ciudades de Estados Unidos y están reclutando en ellas, incluyendo soldados estadounidenses y agentes del orden. Tiene una base cada vez más sofisticada y robusta en EUA., y ahora controla más del 80 por ciento del tráfico ilícito de drogas y sus principales agentes están desplegados en prácticamente cada área metropolitana importante. No hay evaluaciones realistas que indiquen que ISIL pudiera alcanzar un nivel similar de penetración.

Explicando la disonancia

Está claro que la campaña anti-ISIL no es impulsada por la amenaza relativa del grupo a los Estados Unidos o la escala o la naturaleza inhumana de sus atrocidades. Si estas fueran las principales consideraciones, el público estaría mucho más aterrorizado e indignado por los narcos. Tal vez se estarían movilizando 50 naciones para purgar al cártel de Sinaloa en lugar de protegerlo de la persecución, ayudarlo en contra de sus rivales o incluso mover droga a los Estados Unidos.

Algunos pueden argumentar que a pesar de las asimetrías, los carteles son una amenaza menor que ISIL porque éste se unifica en torno a una ideología que es la antítesis del orden internacional vigente mientras que los cárteles están preocupados principalmente por el dinero…eso no es verdad.

Una buena parte de la violencia de los cárteles es perpetrada ritualmente como parte de su religión, que se centra casi literalmente en el culto a la muerte. Los narcos construyen y apoyan a las iglesias en todo México para perpetuar su escatología. Uno de los carteles, los Caballeros Templarios (cuyo nombre evoca la guerra religiosa), se jacta de la muerte y resurrección de su líder. Cuando matan a miembros del cártel los entierran en mausoleos espléndidos, son considerados mártires y los conmemoran en canciones populares que glorifican sus hazañas en toda su brutalidad. Muchos de sus miembros ven a los "mártires" como héroes que murieron resistiendo un orden internacional que explota a Latinoamérica y luchan contra los gobiernos que lo permiten. Los cárteles ven su papel como una compensación a las fallas del Estado y la gobernabilidad. El evangelio narco, que deriva del catolicismo, está incursionando con rapidez en Estados Unidos y Centroamérica. En resumen, la disposición ideológica de los cárteles no es menos pronunciada que la de ISIL, si no es que peor.

Desafortunadamente el gobierno de Estados Unidos no puede formular una respuesta eficaz a estas amenazas mucho más graves porque el público estadounidense está demasiado ocupado en menospreciar el Islam, mientras su ejército mata a árabes y musulmanes en el extranjero. Una cosa es cierta: la obsesión de Estados Unidos con ISIL es alimentada por la islamofobia en lugar de cualquier realidad empírica.

Texto original en Al Jazeera America.

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