Contextualizando el discurso de los menores migrantes no acompañados

Una serie de aspectos no han sido considerados sobre la ya muy difundida crisis humanitaria en torno a  la migración de menores no acompañados que cruzan la frontera hacia Estados Unidos y son puestos bajo resguardo en condiciones inhumanas en centros de detención de Texas.

Sin duda la situación es indignante y no es aceptable y la crisis existe, sin embargo, un mes después el manejo mediático se ha quedado corto y en la superficie; la información atiende a la cobertura de la urgencia y, más que seguimiento del que ha sido uno de los grandes temas en la administración de Obama, parece el llamado inmediato a la acción de una campaña que utiliza el hacinamiento de los menores para atraer la atención de la opinión pública en los países involucrados.

Si el 6 de junio se filtraron las imágenes, el 20 de ese mes el vicepresidente Joe Biden ya se estaba reuniendo con altos dirigentes de El Salvador, Guatemala y Honduras y anunciaba apoyo por 250 millones de dólares para asistir en repatriaciones además de anunciar que se acelerarían los casos en las cortes para deportar más personas y más rápido.  A su vez, el mismo 20 de junio el presidente de Honduras convocó a una reunión para julio a la que asistirán representantes de la ONU y Cruz Roja Internacional. El 29, la primera dama y el embajador de Honduras visitaban las instalaciones de la patrulla fronteriza en McAllen, Texas.

A pesar de que la crisis no es nada nueva y lo hemos señalado (sobre todo cuando la patrulla fronteriza asesina mexicanos), es hasta esta "campaña" que se está  reconociendo la migración en la dimensión humana pero con un efecto que desplaza la responsabilidad desde EU hacia los países expulsores y presenta al país del norte como el que denuncia y no como un copartícipe que atraviesa un proceso de reforma migratoria.

Y claro, el gobierno estadounidense puede utilizar el presupuesto como mejor considere pero mientras justifica el hacinamiento bajo la premisa de que han sido rebasados por la migración ilegal,  tomemos el costo del blindaje y militarización de la frontera (50,ooo millones de dólares) como una referencia del uso y presupuestos frente a la citada crisis.

Funcionarios de la Casa Blanca que dicen que la mala información acerca de las políticas del gobierno ayudó a impulsar una oleada de inmigrantes ilegales desde América Central a través de la frontera sur de Texas, anunciaron el viernes planes para detener a más de ellos y acelerar sus procesos judiciales a fin de deportarlos más rápidamente.

Julia Preston, New York Times.

 

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Al respecto Gabriella Sánchez,  investigadora del Border Crossing Observatory de la Universidad de Monash y autora del libro Cruces Fronterizos y Tráfico Humano (Routledge 2014), publica un texto en el sitio de la Asociación Americana de Antropología.

Su trabajo de investigación se centra en la migración transnacional, con énfasis en el tráfico de personas, la criminalización de la migración, la protección de los refugiados, la economías, el crimen y la aplicación de la ley de inmigración en el contexto de la política de seguridad nacional.

Contextualizando el discurso de los menores migrantes no acompañados

Durante el último par de semanas, varios medios estadounidenses han informado la presencia de miles de niños que viajan solos a la Frontera México-EUA con la intención de cruzarla ilegalmente. La cobertura, generada en gran parte como respuesta una serie de fotografías que retratan los niveles preocupantes de hacinamiento y las malas condiciones de vivienda en los centros de detención de inmigración de Estados Unidos , sugiere la presencia de menores de edad a punto de convertirse en una nueva crisis sin precedentes que aflige a la frontera sur de la nación. Dicha cobertura, sin embargo, hasta ahora ha proporcionado escaso contexto de las dinámicas que implica la migración irregular de niños y adolescentes, en particular en lo que se refiere a la frontera México-EUA.

Hay varios aspectos que podrían debatirse sobre la liberación de las imágenes, la difusión y su interpretación. Aquí sólo voy a destacar dos: Uno, que la presencia de los menores no acompañados a lo largo de la frontera no es nuevo, y que las narrativas generales que se están movilizando hasta la fecha sugieren un aumento preocupante para la criminalización niños y jóvenes detenidos por migración.

Hasta ahora, la mayoría de las representaciones de la llamada crisis de la inmigración indocumentada en los Estados Unidos han sido encarnada por dos arquetipos principales: el migrante varón adulto (descrito como el invasor intrínsecamente ajeno y penal), y la mujer migrante embarazada (la conveniencia de la madre que programa la fecha prevista para que coincida con su llegada ilegal en territorio de EUA  para adquirir la ciudadanía de su hijo recién nacido). Aunque también están presentes en las principales caracterizaciones de los medios y la cobertura de la inmigración indocumentada, lactantes y niños pequeños se muestran a menudo marginalmente, sobre todo como víctimas de las acciones de sus padres, pero nunca como un grupo en sí mismos, menos aún con una toma independiente de decisiones para viajar.

Los relatos que dominan el debate actual sobre la presencia de menores de edad no acompañados se centran casi exclusivamente en la perspectiva de los EUA como país de destino, donde la presencia de inmigrantes, en particular los de origen latino, históricamente ha sido considerada ilícita y criminal. Estas narrativas raciales han facilitado criminalizar a los migrantes y justifican las medidas encaminadas a penalizar su movilidad. La reciente cobertura de los menores no acompañados ya ha comenzado a mostrar una tendencia preocupante: la aparición de construcciones sobre los adolescentes y los niños migrantes como una amenaza a la estabilidad de la nación. Y el hecho de que esta caracterización específica ya se ha incorporado a las demandas, implementación y aplicación de acciones es aún más problemático. Un comunicado de prensa de la Casa Blanca reconoce el aumento en el número de menores no acompañados detenidos por las autoridades migratorias de Estados Unidos durante la primera mitad de 2014 y su preocupación por su seguridad sirvió como una mera introducción al anuncio de que se aceleraron las audiencias de la corte de inmigración y los procesos de deportación acelerados para regresar a migrantes ilegales provenientes de Centroamérica a sus países de origen con mayor rapidez. El anuncio sugiere que los menores que llegan a la frontera seguirán enfrentando procedimientos de detención y expulsión, en lugar de procesos destinados a garantizar su seguridad personal.

En medio de la confusión y la preocupación generada por el aumento de la presencia de menores de edad que viajan no acompañados la mayoría de los comentaristas han olvidado mencionar que ellos conforman un porcentaje de los que viajan a la frontera con intención de cruzar la división política y sin documentación. Aunque muchos lo hacen en viajes con miembros de la familia, o tienen metas de reunificación familiar en mente, muchos otros se embarcan en su viaje con la esperanza no menos crucial de cambiar drásticamente el curso de una vida marcada por la violencia estructural que ha dominado la historia de América Central por décadas moldeada por la participación de EUA en la región.

Contrariamente a la percepción generalizada de repentinas catástrofes o discursos simplistas que tratan de atribuir el desplazamiento masivo de jóvenes centroamericanos a la violencia relacionada con las pandillas,  en todo el mundo los viajes han constituido una solución viable para niños y adolescentes que tratan de dejar atrás la desigualdad estructural. La experiencia de las condiciones de los menores no acompañados detenidos también han sido una constante en la investigación de la migración este año. En EUA, Lilian Chávez y Cecilia Menjivar, ya a mediados de la década del año 2000 pedían el reconocimiento de los niños como actores de la política global, reconociendo que la migración infantil, en lugar de constituir "un fenómeno creciente", era una tendencia demográfica establecida en países receptores de inmigrantes alrededor del mundo.

Marjorie Zatz y Nancy Rodríguez han documentado las condiciones que enfrentan los niños privados de libertad y el aumento de las cifras desde finales de los años 2000. Zatz y Rodríguez también han señalado que, si bien las condiciones de los niños detenidos mejoraron tras la creación de una división dentro de la agencia de inmigración,  el hacinamiento sigue siendo un reto; la atención médica es escasa, los niños también carecen de información adecuada y específica por edad en cuanto a su situación jurídica. Además, el temor a ser detenidos impide que muchos padres indocumentados busquen la liberación de sus hijos de la custodia de inmigración.

Junto a los académicos, múltiples organizaciones han participado en los esfuerzos para poner de relieve las tendencias de cambio en la migración hacia Estados Unidos con los menores no acompañados al frente y al centro. En 2011 Appleseed lanzó su informe sobre la situación de los niños en la frontera, expresando su preocupación sobre cómo a pesar de los cambios en la política, las autoridades de inmigración a menudo se ven obligadas a regresar a los menores no acompañados con poca o ninguna evaluación de los riesgos que corrían a su regreso. En 2012 la Comisión de Mujeres Refugiadas, advirtió sobre el impacto de la violencia y los disturbios en América Central sobre la multiplicación de los menores migrantes no acompañados. El año pasado, la Conferencia Estadounidense de Obispos Católicos presentó las primeras conclusiones de su visita al sur de México y América Central, identificando juntos contextos socio-económicos y políticos locales, la política de control de Estados Unidos y la inmigración como factor de aumento de la vulnerabilidad y la inseguridad de los menores no acompañados.

La presencia de niños en la frontera no es un asunto inesperado, imprevisto. No constituye una invasión repentina y está lejos de ser una oleada inexplicable. De hecho, es el resultado de décadas de desigualdad estructural, de una fallida política de control de la inmigración y sus esfuerzos. Y mientras que el nivel de riesgo y la vulnerabilidad frente a los menores no acompañados no se debe subestimar, permítame concluir reconociendo también el papel que los niños jueguen en sus propios viajes. Junto a las llamadas para la protección, hay que involucramos en una discusión que incorpora y reconoce los esfuerzos de los niños como actores sociales de su propio derecho. Reconozcamos sus esfuerzos por crear y proteger sus vínculos a través de las fronteras, como participantes de las múltiples comunidades a las que pertenecen y de su voluntad para sobrevivir.

 Nota: la traducción es nuestra. Para consultar la versión en inglés del texto, siga esta liga.

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