Cuaresma Yaqui, espacio ritual y espacio urbano

Cuando llegué a hacer fotos de la celebración de la cuaresma Yaqui en el barrio del Coloso no tenía una idea muy clara. Mi interés primero era por la imagen, quería registrar la actividad, el color, las vestimentas.  Todo empieza por el sentido común y el primer contacto efectivamente fue así, te acercas por una idea muy básica que puede ser  correcta o no. En mi caso no estaba ni cercana.

El barrio del Coloso en el oriente de la ciudad de Hermosillo, fue fundado en la década de los 30 cuando yaquis originalmente asentados en el sur del estado de Sonora regresaban del destierro al que fueron sometidos a principios de 1900. Por su combatividad, el gobierno federal probó con la repatriación para controlar la rebeldía del grupo dentro del exterminio al que fueron sometidos. Hasta la fecha, autoridades tradicionales de la tribu yaqui son las únicas que pueden lograr que el gobierno del estado los visite y se siente a negociar en su propio territorio.

Empecé las fotos en el 2007 y nada más quería registrar, me preocupaba eso que se dice en el periodismo que si no está escrito entonces para la memoria no existe aunque la frase resulta muy  mesiánica y no debe tomarse literal. Mi entendimiento era (y es) limitado dada la complejidad de símbolos y prácticas que la celebración comprende.

 

Música y danza pascola. Edición de audio durante la segunda velación por el fallecimiento de una rezadora, integrante del contingente ritual. Barrio del Coloso en Hermosillo, Sonora, 2013.

Al principio tuve dos direcciones, una relacionada con elaborar una descripción paso por paso de lo que estaba viendo como si se tratara de un manual donde aparecieran los momentos y figuras importantes de la cuaresma Yaqui. Eran demasiados episodios, demasiados detalles y me jalaba la idea de mostrarlo porque la parte que conocemos es la del fariseo (o chapayeka) que recorre las calles de la ciudad pidiendo monedas a cambio de un baile breve. Por ahí iba el centro de lo que quería porque la limosna que todos conocemos como representativa  es apenas la punta, el momento en el que los participantes salen del barrio a buscar dinero para el mantenimiento del campamento ya que durante cuarenta días los participantes no podrán trabajar, usar la mano derecha, comer carne, fumar, tomar alcohol ni voltear a ver mujeres.

Por mencionar algo: el rezo debe realizarse al caer la tarde. Lo encabeza el grupo de rezadoras, mujeres mayores que representan la máxima figura de autoridad; además del respeto por la edad hay un respeto que se impone, son las matriarcas, las ancianas en el sentido espiritual y religioso. El rezo se lleva a cabo en la ramada principal. El ritual empieza con una marcha alrededor del “konti”, espacio rodeado por ocho cruces de palo y una principal al centro. Al frente del contingente marchan rezadoras, angelitas y otros voluntarios que cargan las virgencitas y santos, detrás va la tropa: capitán, pilato, cabos, bandereros y tamboreros; al final, en dos filas una a cada lado, caminan los fariseos, una figura sin cargo dentro de la estructura. El capitán de la tropa toca la flauta, que durante las velaciones representa el canto de María, los cabos tamboreros golpean a ritmo constante el tambor, estos sonidos representan los clavos de la cruz.

El Pilato del grupo decía la semana pasada: “En los fariseos está el bien y el mal al mismo tiempo. El bien porque es la religión pero el mal porque somos los que mataron a Cristo”. Cuando lo dice sus palabras tienen un arraigo, una creencia que se siente y transmite en los gestos. También la semana pasada una persona que participó años anteriores en la celebración decía que el miércoles de tinieblas que se realiza durante la semana mayor, en el barrio se siente algo sobrenatural. “Si no me cree pregunte, es más vamos para arriba”, se refiere a subir por los callejones a cualquiera de los dos cerros entre los que se encuentran las casas del barrio. Antes, hace un par de años, a un fariseo se le pegó la máscara al rostro, “lo castigó” porque se portó mal. En otra ocasión el Pilato no quería salir a la limosna, ese día tropezó y cayó varias veces hasta que entregó “La Pasión” a alguien más para no cargarla, lo estaba castigando.


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Set de música Yaqui en Soundcloud (por Cultura Yaqui).

La segunda posible dirección me cruzó también a los pocos días de estar con el grupo. El Coloso es barrio bravo rodeado de barrios bravos. El Coloso, El Mariachi, El Ranchito, La Revolución, todas las colonias alrededor tienen problemas de seguridad, vandalismo, pleitos y robos. Los territorios se pueden dividir por una sola calle y eso no es nuevo ni exclusivo del lugar. Durante una salida a “la limosna” estábamos en el sector de El Ranchito, atrás de la Central de Autobuses. Ahí están estas casas de Infonavit de dos plantas pintadas de colores pastel rosas y azules. Los fariseos recorriendo las calles separados unos de otros pero en grupo en la misma cuadra. Abordan a los transeúntes, a las señoras que riegan jardines, a los abarroteros. En partes, llamada por el sonido del tambor, la misma gente sale de las casas para ver el espectáculo.

Pero los fariseos no hablan cuando tienen puesta la máscara, se hacen entender a señas, agitan los tenábaris, zapatean los pies contra el pavimento. Estiran la mano para recibir las monedas, luego dan las gracias con un movimiento circular de la cadera y hacen sonar su cinto del que cuelgan pezuñas de venado. No deben hablar, además bajo la máscara, dentro dem la boca, traen una cruz de madera.

Yo estaba caminando en medio del grupo; a distancia considerable enfrente de nosotros avanzaba un fariseo joven como de 17 o 18 años; aunque por la vestimenta y máscara no se le ve el rostro, se nota por la complexión. Él se cruza de frente con otro joven, pelón, de ropa holgada. Son aproximadamente de la misma edad y pertenecen a barrios distintos, opuestos, rivales se podría decir aunque la expresión suena dramática. Conforme se van acercando el lenguaje corporal de ambos se vuelve agresivo, empiezan a confrontarse. El fariseo se detiene, el otro se sigue acercando porque están en el mismo eje, hacen contacto visual, se están desafiando. El “yori” -el mestizo, el no fariseo- utiliza los ademanes que ya conocemos: lanza la cabeza ligeramente hacia atrás, saca el pecho, abre los brazos como preguntando “¿Qué?”. El fariseo responde, se agita y patalea, hace sonar tenábaris, asume las posturas con las que se comunica en el campamento, se ríe del otro pero no habla. Cuando ya se han pasado de largo los dos giran y caminan hacia atrás en la misma actitud desafiante sin darse la espalda; el fariseo se vuelve una combinación entre la figura religiosa que representa y el rol que desempeña en las calles, choca las espadas de madera para llamar la atención del otro, tira barrio sin abandonar su papel.

Esta segunda dirección me ha interesado más. La caracterización de la tradición conforme se ha desarrollado en un contexto urbano sin abandonar la raíz, la manera en la que se han fundido. El trabajo sigue en proceso aunque en esta parte trato de obtener testimonios en audio y video para darle forma a la edición final, para incluir lo que la foto no dice o dice muy a su manera.

Se trata de hablar sobre el barrio como espacio de identidad y resistencia cultural y religiosa. El barrio no deja de ser Yaqui y de concentrar la historia pasada, los orígenes. Tampoco deja de ser bravo y la penitencia de los participantes tampoco es menor, el que no lo crea que intente caminar envuelto en una cobija durante cuarenta días.

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Cuaresma Yaqui, espacio ritual y espacio urbano. Celebración de la semana santa en el barrio del Coloso. Fotos: Alonso Castillo. Hermosillo, Sonora.

Información relacionada:

Audio: La masacre de la sierra de Mazatán. Trabajo en coautoría de Raquel Padilla Ramos y Guadalupe Lara. Tomado de Lengua y Cultura Yaqui, blog complementario de la estrategia de apoyo para la conservación y preservación de la lengua y la cultura Yaqui.

Fotos: Fariseos yaquis en el barrio del Coloso. 

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