Edén arde, selección poética de Miguel Huezo Mixco

Dejadlo todo, ya. Dejadlo todo.
Parece que vamos a perder el tren, que llegaremos tarde al naufragio que nos corresponde

- Joaquín Pasos

De noche quiero hablar con el ángel
a ver si mis ojos reconoce. 
Si de pronto pregunta: ¿ves Edén?,
deberé contestarle: "Edén arde"

- R.M. Rilke

Miguel Huezo Mixco (San Salvador, El Salvador, 21 de diciembre de 1954), poeta, ensayista, editor y comunicador salvadoreño.

Es autor de trece libros, entre poemas, ensayos y una biografía. Ha publicado ensayos y poemas en revistas y periódicos internacionales como "Vuelta", "Letras Libres", "La Jornada" (México); "El Malpensante" y "Número" (Colombia); "Babelia" y "Cuadernos hispanoamericanos" (España); entre otras.

Militó durante 12 años en las Fuerzas Populares de Liberación (FPL), parte de la guerrilla del FMLN, y en 1993 renunció a la militancia para volver a la literatura. Ese mismo año recibió la beca Plumsock para la residencia de artistas Yaddo, Nueva York; y en 1999, la beca Rockefeller de Humanidades.

Terrible frontera

Todas las puertas tienen una palabra por guardián
menos esta

Nunca he estado tan callado nunca
Nunca como en esta orilla
ranas escorpiones pájaros serpientes
me miran con un pelo de demonio
con las manos inquietas y tontas
como un niño al que un globo se le escapa
echando el aire
como un pedo

Cuídate de no acabar
como un desbaratado animal prehistórico
llegado a morir en este borde

 

La tribu

Una mañana envolví mi calavera entre los periódicos del día
y corrí al desierto donde el sol adormece y abrasa
en busca de mis huesos

Mi terca tibia el galante occipital tan amado por su médula
el ufano esfenoides
la mugre de mis uñas y la luna de mi sien
eran la viva estampa de mi tribu

--Este no eres tú
tú eres otro--
me decía mirándome en los fríos charcos de las calles de Sonoma

Un gordo muñeco de nieve herido por la ventisca

Un cubo de nieve se forma arañando la escarcha del refrigerador
cuando ya no queda nada en su interior

Viajé anduve nadé
hasta ingresar a las ciudades donde vive un Dios impaciente
Es un administrador implacable
Las muertes que dispensa suelen ser muy meditadas

Veo mis huesos azules reflejados en los cristales de los rascacielos
colgando de un andamio como mono de otro planeta
Pregunta mi barba de dónde la llovizna esta tristeza
El viento es un puñal que me sacude
Pero sé que mi cuerpo sigue en alguna parte
a menudo lo persigo entre sueños

Noche tras noche a la hora de comer
desempaco mi calavera de su cuna de periódicos la beso
mi aliento a soda y caries parece disgustarle

Toda vida todo abismo todo dique
todo árbol todo clavo toda sangre
El hombre y la mujer que yo contengo
son la viva estampa de mi tribu

 

Los mellizos

Jacinto y José
los hermanos
como una alegre cuadrilla de obreros
intentaban encontrar la puerta que conduce al Paraíso

Jacinto
allá donde el demonio demuda
toda forma toda figura
con su luz y su silencio
llegó a las altas puertas del desierto

José
al humeante cabo del miedo
al surco sangrante
la roja manzana de las trincheras
donde el demonio cosecha sus mieles

Fueran a donde fueran
los mellizos
como una alegre cuadrilla de excavadores
de la tierra del hambre
celebraban una tormenta de adioses

José y Jacinto
buscando las puertas
del Paraíso
como una alegre cuadrilla de cocineros
Uno de cabeza
El otro colgado

Huyendo y encontrando
yendo y regresando
El uno es todas las formas
el otro es todos los modos

 

Tomado de:
http://www.caratula.net/ediciones/54/poesia-mhuezom.php

Foto en portada: Ernesto Peimberth.

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