El Paciente interno (documental), el hombre que quiso matar a Díaz Ordaz

El 5 de febrero de 1970, Carlos Castañeda intentó asesinar al presidente Gustavo Diaz Ordaz, para vengar la masacre del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco, desafiando al gobierno más represor de la historia del México contemporáneo.  Cuarenta años después, este fallido vengador y sobreviviente al castigo desmedido del sistema, vaga sin rumbo por las calles de la ciudad de México pidiendo limosna.

Por medio de un reportaje (Gustavo Castillo, La Jornada) fue posible encontrar Castañeda, autor material e intelectual del atentado. Ahora indigente, él y su familia narran la venganza del gobierno en su contra: fue declarado enfermo mental y estuvo encerrado en un hospital psiquiátrico por 23 años.

El documental El Paciente Interno narra la historia del hombre que protagonizó ese atentado fallido. Fue producido por la UNAM en el programa de Óperas Primas del CUEC y dirigida por Alejandro Solar Luna.

Carlos Francisco Castañeda de la Fuente tuvo una sólida formación católica. Sus padres fueron cristeros. A los 25 años pretendió convertirse en sacerdote y ser misionero en Africa, pero no tuvo un pariente que patrocinara la "dote" que le exigía la Compañía de Misioneros de Guadalupe. A los 29, luego de terminar la secundaria abierta, decidió matar al presidente Gustavo Díaz Ordaz para vengar a los estudiantes asesinados el 2 de octubre de 1968. Falló. Tras 23 años de encierro en un hospital siquiátrico, hoy deambula por las calles del Distrito Federal pidiendo limosna.

El 5 de febrero de 1970, el único tiro que salió de su pistola Luger dio en la carrocería del vehículo en el que viajaba el general Marcelino García Barragán,  secretario de la Defensa Nacional.

De inmediato fue detenido por elementos del Servicio Secreto y Guardias Presidenciales. Horas después fue entregado al titular de la Dirección Federal de Seguridad (DFS), el capitán Luis de la Barreda Moreno, y éste, lo puso en manos de Miguel Nazar Haro, quien le amarró los testículos con hilo de cáñamo, de un jalón lo arrodilló y lo obligó a rezar.

Mientras él permaneció en manos de la DFS y la milicia, en el siquiátrico se construyó, ex profeso, un búnker antiatentados. Se le nombró Pabellón Seis. El y sólo él estuvo ahí cuatro años, incomunicado.

Las autoridades tomaron sus precauciones para evitar que se fugara aquel hombre que, antes de ser detenido, en sus ratos libres leía con avidez los diarios capitalinos, y que desde antes del 2 de octubre de 1968 anotaba las promesas presidenciales y debajo de ellas los hechos que difundían de forma cotidiana los periódicos.

El 5 de febrero de 1970, Carlos Francisco Castañeda de la Fuente salió del departamento que ocupaba en el número 24 de la calle Velázquez de León número 80, en la colonia San Rafael. Ya había leído en el diario que el presidente Gustavo Díaz Ordaz asistiría a un acto en el Monumento a la Revolución, y su objetivo, ese día, era asesinarlo.

En una pequeña maleta metió la pistola Luger que había adquirido en 900 pesos. Su idea de matar al presidente se gestó por lo menos dos años antes de 1970: "Un amigo, católico, de la secundaria", le regaló el libro Héctor,de Jorge Gram, que hablaba del prototipo del joven cristero.

Según un estudio siquiátrico practicado a Castañeda el 18 de julio de 1985, el texto del sacerdote David Ramírez, mejor conocido como Jorge Gram, influyó "profundamente en su vida". El libro fue uno de los primeros que se publicaron sobre el tema de la guerra cristera que abarcó de 1926 a 1929. Gram justificó en su obra que la sociedad católica debió haberse armado y enfrentado al gobierno de Plutarco Elías Calles.

De ese libro, Castañeda de la Fuente obtuvo tres de las ideas por las que durante 23 años se le tachó de enfermo mental: ''detrás de cada movimiento hay un hombre dispuesto a dar la vida para influir en él"; "sacerdotes que no estén dispuestos a defender a la Iglesia con las armas están derrumbando sacrílegamente el orden impuesto por Dios", y "gastados todos los medios, se usan las armas".

Pero más influencia tuvo en Castañeda de la Fuente el movimiento estudiantil de 1968, según los "estudios siquiátricos" que le fueron practicados desde 1970 y hasta 1993. La cadena de acontecimientos que se sumaron para que el entonces presidente fuera el objetivo de sus balas son, entre otros, el hecho de que Gustavo Díaz Ordaz hubiera negado la derogación del delito de disolución social, y que el Ejército hubiera asesinado a jóvenes estudiantes el 2 de octubre de 1968.

''Con base en los hechos anteriormente relatados y bajo el razonamiento de que en México 90 por ciento de la población es católica, entonces murieron muchos católicos esa noche, y yo debería vengarlos", declaró al siquiatra Horacio Trujillo.

Carlos Castañeda partió de su departamento con la decisión tomada.

Era el punto de salida de Díaz Ordaz y su comitiva, Castañeda, de acuerdo con los documentos en los que se reconstruyó el atentado, quedó a una distancia de ocho metros de un automóvil. Sacó el arma, apuntó al vehículo, pero en la unidad no viajaba el presidente, sino el secretario de la Defensa Nacional, general Marcelino García Barragán. Sin embargo, decidió disparar, con el "razonamiento de que el Ejército era el causante de tantos católicos muertos en 1968.

''El comandante Nazar Haro hizo que me bajaran los pantalones y con un cordón de hilo de cáñamo me amarró los testículos y me dio un jalón muy fuerte; me dijo que rezara el credo, así, hincado ( ...) Como no demostré miedo no me hicieron nada más (...) Dijeron: 'no le tiembla la voz, está muy bien aleccionado'."

Para él es "un caso que duele, que reabre heridas, que uno ya quiere olvidar, que ya no tiene ninguna importancia porque no se puede hacer nada por él, ni por nadie más".

Sin embargo, este asunto demuestra que durante los gobiernos de Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría Alvarez y José López Portillo no sólo se combatió a grupos de inconformes con el régimen, sino que hubo individuos a los que se les aplicó todo el poder del Estado, y hoy son indigentes de los que públicamente poco o nada se sabía, aunque en las esferas oficiales siempre se tuvo conocimiento de ellos.

 

Más:

La Jornada, agresor de Díaz Ordaz pasó 23 años en un siquiátrico.

Etcétera, Ejército ordenó exterminio de estudiantes, maestros y campesinos en 1971.

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