El rechazo purista de Ansel Adams contra William Mortensen: para nosotros, él fue el anticristo. Sus imágenes abordan el ocultismo, la magia, lo grotesco y la belleza oscura. Sus brujas volando sobre los tejados y sus retratos de gárgolas y vampiros, le deben mucho a Goya y Bosch.

En la lista de pioneros de la fotografía moderna, un nombre nunca es invocado. De finales de la década de los 20 a los 50, William Mortensen fue uno de los más famosos y celebrados fotógrafos de EUA. Sin embargo sus sujetos desviados hacia lo salvaje, indecoroso, gótico y grotesco, así como su uso del montaje y de la ilustración, lo convirtieron en un paria entre la nueva guardia puritana de la fotografía, dirigida por Ansel Adams y quien trató de escribir la historia.

Durante décadas el trabajo y las ideas de Mortensen se mantuvieron vivas gracias a un pequeño círculo de adeptos. Sólo en los últimos años se le ha reconocido como un esteta visual único e innovador, lo que lleva a la publicación este mes en American Grotesque de la primera gran mirada al trabajo y carrera de Mortensen, marcada por retrospectivas en Nueva York, Los Ángeles y Seattle .

Mortensen fue el último de los grandes fotógrafos pictorialistas, el movimiento que dominó la temprana fotografía del siglo 20. Por su trabajo en Hollywood, él retrató a muchas de las principales estrellas de su época; Rodolfo Valentino, Lon Chaney, Fay Wray, Jean Harlow, Clara Bow y Peter Lorre, todos se sometieron a la mirada de su lente. En el apogeo de su fama, sus imágenes fueron publicadas por la revista Vanity Fair, tenía una columna semanal en el diario Los Angeles Times y escribió una serie de best sellers instructivos.

Mientras la fotografía pictorialista se basó en el Romanticismo, especialmente en el paisaje y pinturas de Caspar David Friedrich y John William Waterhouse, Mortensen desdeñó ese estilo, viéndolo como perteneciente a la escuela de fotografía “fuzzy-wuzzy”.

Su trabajo estaba más en sintonía con el gusto popular, explorando desvergonzadamente las imágenes primigenias de sexo y violencia que seguían la línea  de las películas de monstruos de la productora Universal que dominaron a finales de los años 1920 y 30 y la pesadilla estilo expresionista alemán que los inspiraba. L’Amour, una de las imágenes más icónicas de Mortensen, muestra a una mujer semi-desnuda tendida en el suelo, posiblemente muerta, mientras un enorme mono la mira con lascivia, una clara referencia a King Kong que había salido a la luz dos años antes en 1933.

También produjo imágenes explícitas de tortura y muerte mucho antes de que el público estuviera expuesto diariamente a este tipo de material a través de la fotografía de guerra y las imágenes de conflicto televisadas. La gloria de la guerra, de 1927, representa a una mujer joven que yace entre los escombros y detritus, entre la suciedad y ensangrentada, aparentemente derribada por una viga de madera, sosteniendo un crucifijo en su pecho. La persecución religiosa en especial la crucifixión, fue un tema que repite por lo general con mujeres desnudas, encadenadas, esposadas ​​y atormentadas por encapuchados. También sus favoritos, figuras históricas como Maquiavelo y Paganini, a menudo fueron personificados por estrellas de Hollywood; en una de esas imágenes, Peter Lorre aparece como Napoleón.

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Los métodos de Mortensen con frecuencia vuelven difícil distinguir si los resultados eran fotografías o no. Utilizó técnicas de grabado tradicionales y desarrolló los propios. Él crearía imágenes compuestas con rasguños, raspaduras y dibujos en sus grabados, luego aplicaba una textura que las haría ver como aguafuertes para disfrazar sus manipulaciones. En consecuencia, cada impresión era única. En última instancia el objetivo de Mortensen era crear algo que para todos los efectos parecía ser una fotografía pero retrató escenas tan fantásticas que causaron asombro y sorpresa en el espectador.

 Nacido en Park City, Utah, Mortensen había entrenado en varias disciplinas artísticas, incluidas la pintura, la ilustración y el grabado, tanto ahí como en  la Art Students League de Nueva York, antes de abandonar la costa oeste en 1922 a la edad de 25. En Los Angeles trabajó con el director Fernando Pinney Earle pintando fondos mate para el Rubaiyat de Omar Khayyam, una epopeya silenciosa de 1922 protagonizada por Ramón Navarro. También convenció a Earle de contratar a Fay Wray de 14 años de edad para la película, su primera aparición en pantalla.

Mortensen trajo a Los Ángeles a Wray (la hermana menor de su entonces novia), actuó como su acompañante y guardián y la presentó a gente que pensaba podría seguir su carrera. También le tomó fotografías a las que más tarde Wray dio el crédito de ser influencia en el desarrollo de su propia imagen. “Había una persona en esas fotos que no había visto antes – escribió en su libro de memorias 1989 – aunque yo sospechaba que podía estar allí”. Su madre pensó lo contrario y sospechando una relación impropia entre los dos, airadamente enfrentó a Mortensen y destruyó  en su presencia todos los negativos de vidrio que le había tomado. Ellos se separaron pero Wray continuaría considerando a Mortensen su mentor más significativo.

A través de Earle, Mortensen fue presentado a Cecil B DeMille, con quien trabajó como decorador y fotógrafo. DeMille, un mecenas entusiasta de la obra de Mortensen, publicó una monografía de sus fotografías de la serie de El Rey de Reyes. Mortensen también hizo batik, bisutería y máscaras de maché. Produjo una serie de máscaras tribales de aspecto alienígena para la película de Tod Browning, West of Zanzibar, protagonizada por Lon Chaney como el mago parapléjico que vive en una aldea africana que acostumbra vestirse como un dios para mantener el control sobre la tribu.

Mortensen aprendió mucho del extraordinario uso del maquillaje de efectos especiales de Chaney. También se empleó como fotógrafo para la Western Costume Company, que proporcionaba la ropa y accesorios para todas las grandes producciones de Hollywood. En su estudio del piso 11, Mortensen fotografió pruebas de vestuario y eso lo puso en contacto con muchas estrellas. Todas las técnicas que había aprendido – pintura mate, vestuario, utilería, maquillaje de efectos especiales – alimentaron sus métodos de trabajo para hacer foto.

A pesar de la temática por la que se sintió atraído, Mortensen estaba lejos de ser un vulgar preocupado por el material extravagante. Fue un notable aprendiz y curioso no sólo del arte y la cultura, sino de la ciencia y la religión. Fay Wray recuerda que durante aquellos primeros días, tenía una edición encuadernada en piel de las Vidas de Plutarco y le pidió que lo leyera. Su curiosidad intelectual le condujo a una amistad con Manly P. Hall, un filósofo canadiense y místico que vivía en LA.

A través del estudio de la voluminosa biblioteca de lo oculto de Hall, Mortensen se inspiró para iniciar una serie de destacadas imágenes numeradas por arriba de las 150, destinadas a una historia ilustrada de la brujería. Le deben mucho a Goya y Bosch sus brujas volando sobre los tejados y sus retratos de demonios, súcubos, gárgolas y vampiros.

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En sus propios escritos, Mortensen invoca Hogarth, Beardsley, Daumier y a Goya como sus antepasados. Pero también tenía mucho en común en la técnica, el estilo y el enfoque, con artistas atípicos europeos de los movimientos dadaísta y surrealista. En una serie de artículos para Camera Craft en 1934, Mortensen rechazó categóricamente el uso del realismo por su propio bien, llamándolo un “callejón sin salida”. Las fotografías, dijo, deben ser algo más que objetos de belleza estética para admirar, deberían tener un efecto sobre el espectador, la exploración de las emociones extremas y la inspiración de reacciones extremas.

Su amor por lo fantástico y lo grotesco era en parte una expresión externa de su amor al impacto pero tenía otro propósito: dando forma a emociones como el miedo y el odio, Mortensen, un científico cristiano, creía que “estamos capacitados para disminuir su poder sobre nosotros”. Y agregó: “Cuando el mundo de lo grotesco sea conocido y apreciado, el mundo real se volverá mucho más importante”.

Fue este tipo de ideas lo que enfureció a Adams y su Grupo f/64, quienes publicaron ese mismo año su propio manifiesto en Camera Craft dedicado a la fotografía que mostraba una realidad sin mediación pura. Esto comenzó un animado debate con Mortensen en las páginas de la revista que se volvió cada vez más virulento. Sin embargo Adams no se detuvo allí,  sugiriendo en una carta personal a Mortensen que “negoció el olvido”. Cuando su compañero el fotógrafo Edward Weston escribió de su entusiasmo al fotografiar un “cadáver fresco”, Adams contestó: “Lo único que lamento es que la identidad de dicho cadáver no sea nuestro colega de Laguna Beach”.

Las críticas de Beaumont Newhall y su esposa Nancy celebraron el mismo punto de vista: Beaumont conscientemente excluyó a Mortensen de su grandilocuente  libro de 1949 La Historia de la fotografía, desde 1839 hasta la actualidad. Su disgusto ni siquiera les permitiría reconocer la maestría de Mortensen aunque Adams más tarde admitió que estaba “avergonzado” de que Mortensen había anticipado algunas de sus ideas de la técnica: la exposición controlada y el desarrollo del negativo. El crítico AJ Coleman incluso sostiene que el sistema de zonas de Adams fue tomado en gran parte de los artículos escritos por John L Davenport, quien se basó mucho en Mortensen.

Incluso después de la muerte por leucemia de Mortensen en 1965, el Grupo f/64 y sus lacayos del Newhalls no pudieron dejar de hablar de su odio hacia él. Beaumont describió su trabajo como perverso; Willard Van Dyke, uno de los fundadores del grupo, dijo que “su trabajo era repugnante” y Adams lo resumió con estas palabras: “Para nosotros, él fue el anticristo”.

Sin embargo en última instancia toda la queja de Adams y f/64 era que siempre Mortensen fue el verdadero modernista y no ellos. Ahora estamos rodeados de imágenes de lo fantástico e irreal. En las películas de cómics como Spider-Man y El origen del planeta de los simios, los efectos especiales d acción se combinan a la perfección y los monstruos parecen tan reales como los seres humanos. En estos días, vista sin filtros o retoques, una fotografía rara vez es sólo una fotografía. Y gracias a sitios como Instagram, muchas de las técnicas meticulosas de Mortensen ahora pueden ser aplicadas al tocar un botón.

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La traducción es nuestra, para ver el texto original en inglés, visite el sitio de The Guardian.

Sitio oficial: William Mortensen

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