La revolución, el siglo y los héroes en Sonora (a propósito de Pancho Villa). La memoria de las personas es voluble, se dispersa, es selectiva con los recuerdos, lo que queremos creer termina por volverse cierto. La memoria de los pueblos puede que sea parecida, el relato está entre muchas voces que evocan irregularmente fragmentos de historias conocidas a medias. Por la muerte hace algunos años de mis abuelos, en lo personal tengo una preocupación sentimental por la cantidad de información que desaparece gradualmente. En un proceso natural, la experiencia y recuerdos de los viejos van inevitablemente al olvido.

El 2 de diciembre pasado, los pobladores de San Pedro de la Cueva recordaron el centenario de la matanza de sus coterráneos por órdenes del general revolucionario Francisco Villa en 1915. El día anterior hace cien años, un grupo en número aproximado de 50 hombres de la localidad, organizados para defender al pueblo de bandas de asaltantes, había disparado por error en contra de una avanzada de la tropa villista que pasaba en las cercanías. En respuesta, a 73 lugareños, 5 ciudadanos chinos y 6 fuereños, se les aplicó la pena de muerte contra el muro de la iglesia como paredón de fusilamiento.

En total 84 hombres en una población de 300. Lo que quedó fue un número grande de viudas y su descendencia, encargados a fuerzas de la reconstrucción del lugar. Había quedado el pueblo entre casas a medio quemar, de acuerdo a Esther Noriega, ex-maestra que perdió entonces a sus dos bisabuelos. Habían quedado las calles entre destrozos y sangre, según otras versiones orales.  Y se trata de versiones creíbles por la cantidad de muertos en un perímetro corto, tanto si llegaron al paredón como la mayoría o si fueron ajusticiados en el trayecto; tal fue el caso de Higinio Moreno, que murió en la banqueta de la casa de Ángel Duarte y Paz Yánez cuando un soldado alterado por los llantos de Higinio, le asestó un tiro por fuera de la casa en la que servía como ayudante general. La oralidad puede ser muy precisa, ya sea acertada o no: “Higinio era muy corpulento y la sangre corrió por toda la calle”, nos dijeron en San Pedro de la Cueva.

De los 84, la voz popular acepta que sólo uno murió en el enfrentamiento.

Mauricio Noriega era parte del comité organizador del grupo de defensa; él falleció desangrado por una herida en la rodilla antes de llegar a su casa. Por allá deben empezar los rastros porque su barrio y su casa en 1915 estaban en los márgenes del pueblo, casi en la cima de un cerro; brincando la loma al otro lado está el Cerro del Cajete en el que comenzó la balacera, ahí era el puesto de vigilancia.

Los villistas tiraban al cerro con ametralladora. Las balas rebotaban en las piedras o les pasaban a los sanpedreños arriba de las cabezas. Ramón Silva es hijo de Manuel Silva, participante en primera persona. “De tanta bala que hubo, se les comenzaron a caer las ramas encima pero no les daban porque tenían muy buenas piedras puestas y ellos estaban tirando pa’ bajo”, dice.

Un señor que se llamaba Francisco Noriega llegó allá en un caballo –un caballo muy bueno–, era muy amigo de mi apá.  “Manuel –le dijo–, vente, hay que salir, no tiene remedio, es mucha la gente”. Salieron de ahí y los tumbaron luego luego. Entonces dice mi apá que le dijo “Súbete al caballo, Manuel, en ancas”.

Pero era muchísima la gente…y los fregaron a todos. Entonces se agarró de los tientos de la silla del caballo y se vino corriendo, estaba muy joven, brincando piedras. Y al bajar al pueblo, del Cajete pa’ acá, tumbaron a Francisco…Francisco se llamaba, sí. Y salió el caballo, era muy buen caballo. Y lo soltó de los tientos. Entonces se vino él por la orilla del pueblo, siempre protegiéndose, bajó al río por el lado del pueblo; venía tirándole a brincar a la milpa –dijo–, “De allá me van a clarear”. Al bajar al río le gritó un amigo al otro lado, “Manuel, apúrate, porque están bajando pa’ acá los soldados y te van a clarear”. Mi apá dice que venía cansado y tenía que pasar el río, había mucha agua en el río. Dice que ese amigo estaba en el charco en la sauceda, en la orilla del río echando el fogonazo…con las cartucheras llenas. Entonces le dijo, “Manuel, apúrate porque ahí viene uno de un macho, viene haciendo lazadas, te va a tingar”, así le dijo.

Dice mi apá que ya casi quería que lo mataran, venía acabado y no podía ni hablar. Y agarró agua así, agachado, con la carabina ahí (Ramón hace los ademanes del que se agacha y toma agua levantando la mano).

“Apúrate Manuel, ahí viene haciendo lazadas uno de un macho”. Volteó mi apá y vio un macho alazán cara blanca, muy bonito el macho. Venía el amigo pa’ lazarlo; lo querían hacer sufrir mejor, lo podía haber tumbado con la carabina. Y dice que al tirarle el lazo, le soltó el pajuelazo el amigo de allá del cerco y salió el macho corriendo; cayó en el agua. “Yo me jui trastabillando –dice–, ya entré a donde estaba él en una milpa”. Estaba la milpa barbechada, recién barbechada, una milpa grande, allá a media milpa estaba un tronco de durazno viejo y ahí estaba uno tirado de panza.

“Manuel –le gritó–, córrele porque ahí vienen por el callejón”. Había un callejón pa’ la cueva de las tetas…antes tenía tetas, ¿te acuerdas?

Le gritó “Apúrate, están entrando por el callejón, Nolo”. Y dice mi apá que ya eran dos los que iban, el que lo defendió y otro que estaba allá cuidando al que estaba en el cerco tirado de panza atrás del tronco de durazno.

Y vio que venían. Entonces ya iban llegando a una huerta, una huerta de lima, de durazno…de todo había antes. Iban entrando pa’l cerro a la cañada de la cueva de las tetas que te digo. Ya iban los dos corriendo. Y entraron tres por el callejón, no querían tumbarlos con los rifles, querían lazarlos y arrastrarlos y el que estaba en el tronco era muy buen tirador.

Entraron dos por el callejón a cortarles la tierra a ellos, a agarrarlos. En ese tiempo había puertas de trancas, no como ahora, de alambre, trancas de palos, y dice que uno ahí en un caballo muy bonito brincó las trancas y al brincarlo lo tumbaron –el del tronco del durazno.  Venía otro atrás y antes de llegar a la puerta lo tumbó también, era muy bueno pa’ tirar. Ensayaban mucho en ese tiempo, había mucho parque, barato.

Ya entraron a la huerta y agarraron la cañada honda con saltos y todo; había un aguaje muy bonito ahí a la entrada de la cañada que pasa por en medio del cerro.

Y se fueron, se fueron. Eran pocos la gente de San Pedro pero luego ya se arrimaron más gentes últimamente. Ya se fueron por atrás del cerro, ya a salvo, lamentando lo que hicieron, más mal hicieron con esas cosas. Se fueron –dice– y agarraron pa’ allá, bajaron a las milpas como una legua más o menos, a una cañada que le dicen las uvalamas. Había muchas uvalamas. Y se encontraron a cuatro ahí lamentando la cosa que habían hecho y esperando…esperando nada. Ahí durmieron, dice.

Ramón Encinas nació en 1914, tenía un año cuando Villa. En la placa frente a la iglesia que recuerda a los mártires no hay ningún Francisco Noriega pero sí un Mauricio.

Sólo para la buena fortuna de la memoria, en San Pedro de la Cueva quedan las casas saqueadas, la pared de la iglesia; los hijos, nietos y bisnietos. Ellos todavía se acuerdan y aunque las opiniones sobre Pancho Villa están divididas, coinciden en un amor fuerte por sus muertos. Los formales dirán que la historia les da identidad; Esther Noriega dice que por los ausentes, el pueblo se salvó de ser inundado cuando se construyó la presa El Novillo en 1964.

Ahí está la descendencia de Ángel Duarte y Paz Yánez. Como una contraindicación para el recuerdo disperso, en un pueblo chico las voces circulan en corto y existen las fuentes que las concentran. Desde las familias las anécdotas se transferirán de generación a generación durante algún mucho o más largo tiempo. El 2 de diciembre ya cumplieron los cien años.

Con una distinción sobre la oralidad: para San Pedro de la Cueva y las familias involucradas que ya están en la cuarta generación, existe un texto fechado en 1978 que narra paso a paso la experiencia del tío abuelo Enrique Duarte. Ese escrito, sobre todas las versiones dispuestas es una narración directa que se acumula a cualquiera y todas las otras fuentes. Las cruza. Sobre todo se trata de un documento que perdura.

La historia en el lado de los Noriega como descendencia: por el lado materno Esther es bisnieta de Ángel y Paz, padre y madre de Enrique, quien contrajo matrimonio con Rita, hija de Pedro Peñúñuri y Balvanera Valencia. En el lado paterno su bisabuelo es Mauricio. Ambos bisabuelos murieron en la jornada de fusilamientos de 1915.

En la vivienda de su propiedad, la señora Paz alimentó y atendió a los revolucionarios heridos durante el enfrentamiento. Francisco Villa se sentó en su mesa. Mientras los Dorados entraban y salían, ella también aprovechaba los momentos a solas para atender a un grupo de personas (hijos y vecinos), a los que tenía escondidos para protegerlos primero en un sótano, luego en una planta alta y finalmente en un cuarto secreto utilizado para guardar objetos de valor. Enrique, entonces de 17 años, fue uno de los que sobrevivieron escondidos desde la mañana del día primero hasta la noche del 2 de diciembre. Ya que había órdenes de respetar a las mujeres,  cuando abandonó la casa, él y todos los hombres de ese grupo se disfrazaron con vestidos y rebozos para cruzar los retenes y llegar al monte. Se casó a los 19. En total, Paz Yánez salvó la vida de 13 personas.

Bisnietos montan un altar en la vivienda ocupada en 1915 por Ángel Duarte y Paz Yánez. Duarte y Yánez concibieron a Enrique, quien contrajo matrimonio con Rita, hija de Pedro Peñúñuri y Balvanera Valencia. Ambos bisabuelos (materno y paterno), murieron el 2 de diciembre de 1915 en la jornada de fusilamientos ejecutados por la tropa de Pancho Villa. En esa misma vivienda, la señora Yánez alimentó y atendió a los soldados villistas heridos durante el enfrentamiento. Mientras los revolucionarios entraban y salían, Yánez también aprovechó los momentos a solas para atender a un grupo de personas (4 hijos y 9 vecinos), que permanecieron ocultos primero en un sótano, luego en una planta alta y finalmente en un cuarto secreto utilizado para guardar objetos de valor. Enrique, entonces de 17 años, fue uno de los que sobrevivieron escondidos desde la mañana del día primero hasta la noche del 2 de diciembre. En total, Yánez salvó la vida de 13 personas. Foto: Alonso Castillo @alonsocastillo26 (foto 1 de 6). #EverydayLaFrontera, #Sonora, #SanPedroDeLaCueva, #FranciscoVilla, #PanchoVilla, #RevoluciónMexicana, #Autodefensas, #Fotoperiodismo, #Photojournalism, #VidaCotidiana, #DailyLife.

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Vivienda en San Pedro de la Cueva, Sonora. Los días 1 y 2 de diciembre de 1915, el pueblo fue escenario de una jornada de fusilamientos por parte de la tropa del general revolucionario Francisco Villa en la que murieron 84 hombres del lugar. La pena de muerte se les aplicó el día después de que se registrara un enfrentamiento cuando los pobladores organizados para la defensa de la comunidad, abrieron fuego tras confundir a la avanzada villista con una gavilla de asaltantes. Foto: Alonso Castillo @alonsocastillo26 (foto 5 de 6). #EverydayLaFrontera, #Sonora, #SanPedroDeLaCueva, #FranciscoVilla, #PanchoVilla, #RevoluciónMexicana, #México, #Fotoperiodismo, #Photojournalism, #VidaCotidiana, #DailyLife.

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La tumba de Ángel Duarte. Cuatro generaciones después, descendientes de Ángel Duarte y Paz Yánez se reúnen junto a las tumbas de sus bisabuelos para recordarles en el día en el que se cumplen cien años de la matanza de Francisco Villa en San Pedro de la Cueva, Sonora. Junto a otras 83 personas, el 2 de diciembre de 1915 fue fusilado el señor Duarte por órdenes del general revolucionario Francisco Villa, luego de un enfrentamiento armado entre una avanzada de su tropa y un grupo de ciudadanos organizados como autodefensa del pueblo enclavado en la sierra sonorense. De acuerdo a la tradición oral, el enfrentamiento ocurrió cuando los pobladores abrieron fuego al confundir a los revolucionarios con una gavilla de asaltantes. La señora Paz falleció de causas naturales el 18 de octubre de 1929. Foto: Alonso Castillo @alonsocastillo26 (foto 2 de 6). #EverydayLaFrontera, #Sonora, #SanPedroDeLaCueva, #FranciscoVilla, #PanchoVilla, #RevoluciónMexicana, #México, #Autodefensas, #Fotoperiodismo, #Photojournalism, #VidaCotidiana, #DailyLife.

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