En 2015 Reporteros sin Fronteras (RSF) registró que 110 periodistas fueron asesinados debido a su labor o perdieron la vida en circunstancias sospechosas. En 67 de estos casos la organización afirma que los periodistas fueron asesinados debido a su profesión o mientras la ejercían –con lo que la cifra total de periodistas asesinados por este motivo asciende a 787 desde 2005–. En los otros casos se sospecha que su oficio pudo ser la causa. A esta cifra hay que agregar 27 periodistas ciudadanos y 7 colaboradores de medios de comunicación asesinados.

Entre los países más mortíferos para los periodistas en 2015, Francia se encuentra en tercer lugar, después de Siria e Irak. Le siguen Yemén, Sudán del Sur, India, México, Filipinas y Honduras.

El ataque perpetrado en enero contra Charlie Hebdo contribuyó a que la tendencia de 2014 se invirtiera. Ese año dos tercios de los casos de reporteros asesinados en el mundo se registraron en zonas de conflicto. En 2015, por el contrario, dos tercios de los periodistas asesinados perdieron la vida en países que se dice están “en paz”.

El Balance anual de los ataques contra periodistas, creado hace 20 años por RSF, se basa en datos recabados gracias al trabajo de vigilancia de RSF. Mientras que grupos armados llevan a cabo ataques dirigidos, numerosos Estados incumplen sus obligaciones con la legislación internacional.

¿Están relacionados con su profesión los homicidios de periodistas? Aún no es posible determinar los motivos por los que 43 reporteros perdieron la vida este año, debido a la falta de investigaciones oficiales imparciales y exhaustivas, a la mala voluntad de los Estados y a la dificultad de realizarlas en zonas donde la situación es inestable o que están al margen de la ley. Estos «motivos indeterminados» reflejan el problema de la impunidad en que permanecen los crímenes cometidos contra periodistas en muchas regiones del mundo (América Latina, Asia-Pacífico, Oriente Medio y África subsahariana).

Las zonas más mortíferas 

Con el encabezado "En México ya no existe refugio para los periodistas", el informe de RSF anota que con ocho periodistas que fueron asesinados en el 2015 –en cinco de estos casos aún se desconoce la razón por la que los mataron– México sigue siendo el país más mortífero de América Latina para el gremio periodístico. Los estados de Veracruz y Oaxaca, en el sur del país, son los más peligrosos para los reporteros, quienes se convierten en blanco de las mafias y de los políticos locales cuando denuncian hechos de corrupción. Antes, algunos podían huir de esos estados para ponerse a salvo en regiones más «tranquilas», pero el asesinato de Rubén Espinosa en la capital, el 31 de julio de 2015, demostró que hoy en México ya no existe ningún refugio para los periodistas amenazados.

El 31 de julio de 2015 desapareció el fotorreportero Rubén Espinosa Becerril. Lo encontraron muerto, con signos de tortura; su cuerpo se encontraba junto con los de cuatro mujeres, en un apartamento de la capital de México. Había huido del estado de Veracruz (sur) tras haber recibido amenazas de muerte; se refugió en Ciudad de México para ponerse a salvo. Su asesinato provocó una ola de indignación y una toma de conciencia sobre la flagrante falta de protección de los periodistas en México.

Rubén Espinosa se especializaba en la cobertura de protestas sociales, y a pesar de ser víctima del desplazamiento forzado provocado por la violencia en el estado de Veracruz y en su contra, Espinosa siguió publicando y trabajando en lo que más le gustaba que era ser fotoperiodista.

El homicidio de Rubén Espinosa marcó un nuevo hito en la violencia contra la prensa en México al ser  la primera vez que un periodista desplazado internamente es asesinado en el Distrito Federal. La violencia que había sufrido Espinosa era conocida públicamente, por lo que el homicidio del fotoreportero se produjo sin que las autoridades encargadas de proteger periodistas en este país movieran un solo dedo a favor de Espinosa.

El ataque a Charlie Hebdo hizo que Francia se convirtiera en el tercer país más mortífero para los periodistas en 2015. Desde enero los periodistas o colaboradores de Charlie-Hebdo viven bajo alta protección. Algunos de ellos aún se ven obligados a cambiar de alojamiento con regularidad. La periodista encargada de cuestiones de religión y de islamismo explicaba en mayo pasado que vivía tanto en hoteles como en casas de sus allegados. También insistía en la dificultad de ejercer su oficio bajo este tipo de amenazas, pues no es posible hacer reportajes con una escolta policial.

En Alepo (noroeste de Siria), los periodistas están atrapados entre fuegos cruzados entre las fuerzas sirias de Bachar al-Assad, los grupos radicales o kurdos, y los bombardeos de la coalición.  También corren el riesgo de ser secuestrados por un grupo armado (Daesh, Front Al-Nusra, Ejército Libre Sirio) e incluso de ser encarcelados por el régimen.

En Mosul, el Ejército Islámico ha sido responsable de 48 secuestros de periodistas y periodistas-ciudadanos, así como de la ejecución de otros 13, en 18 meses. Cerca de 60 periodistas (profesionales y ciudadanos) y colaboradores de medios de comunicación han huido de la ciudad y los que permanecen en ella ya no ejercen su oficio por miedo a las represalias.

En India, desde comienzos de año los periodistas se enfrentan al incremento de la violencia procedente (sobre todo) de la mafia, contra aquellos que se atreven a investigar el crimen organizado y sus relaciones con el poder político. Nueve periodistas fueron asesinados en un año; en cuatro de los casos aún no se ha podido determinar el motivo por el que los mataron.

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El informe completo puede consultarse aquí.

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