Entrevista: Lorenzo Armendáriz, lo importante es el trayecto

Lorenzo Armendáriz es un gitano, al menos su vida así lo parece.  A los 19 años se descubrió fotógrafo viajando entre grupos étnicos del país gracias a su trabajo en el Instituto Nacional Indigenista, a los 33 se descubrió gitano, a los 34 empezó a descubrirse él mismo.

Alrededor de esos años fue que empezó un proyecto de vida, como él lo llama, mismo que lo ha llevado a recorrer el mundo con su fotografía, retratando y adentrándose en la cultura gitana no como observador sino como participante de las tradiciones y parte de una familia que lo acogió desde el inicio. Su trabajo ha sido mostrado en países como México, Cuba, Perú, Austria, Francia, Finlandia, Rumania, Hungría, Croacia, Bulgaria, Serbia y Kenia y ha obtenido varios reconocimientos internacionales, entre ellos  el premio de adquisición de la VII Bienal de Fotografía en México.

 “Estuve trabajando en el Instituto Nacional Indigenista como fotógrafo. Ahí empecé a documentar y registrar grupos indígenas. Estuve aquí (en Sonora) en 1986, desayuné con los seris en la Isla del Tiburón y esa misma noche estábamos cenando en San Mateo  del Mar (Oaxaca). Me traían de un lado para otro pero aprendí mucho con esas fotos...”

¿Y tu trabajo con los gitanos?

En el 94 me entero que mi abuelo era gitano; él no vivió con nosotros, vivió con mi abuela pero nos dejó, eso allá en los 40. Yo conocí a mi abuelo por las temporadas de vacaciones en las que íbamos a visitarlo, un tipo moreno, de manos grandes, era un personaje raro para mí al que veíamos tres veces al año.

El proyecto lo empecé con esa imagen de lo que creía eran los gitanos porque me acordaba de eso, del cine ambulante que llegaba a los pueblos con las carpas, la gente se llevaba cada quien su silla para ver las películas, etc. Me ayudaron varias cosas,  me voy a Europa por tres meses y al regresar me voy a Jalisco con el cine ambulante y una familia ahí me adopta. Luego con una imagen tomada en Eslovaquia y otra hecha en Jalisco gano la Bienal de Fotografía.

En el momento todo se me dio. Cuando esta familia me adoptó acababa de morir el papá y no sabían qué hacer, llego yo y empezamos a salir juntos y les empieza a cambiar la suerte, les empieza a ir bien económicamente  y entonces me toman como su polesnik (talismán), la suerte que les llegó".

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Algo que destaca de las palabras de Lorenzo es que parece que de verdad las cree. Ha dicho, entre otras cosas, que en proyectos personales lo que importa es el trayecto, el camino que te lleva y la experiencia que te deja. En el caso del fotógrafo estamos de acuerdo en que al volverse testigo directo, acumula gran cantidad de información que no es compartida y permanece para él en la forma de vivencia, de recuerdo.

“Estuve mucho tiempo conviviendo con ellos y me pidieron que me casara ahí por las costumbres gitanas pero tenían que esperar un año de luto por la muerte del papá, antes de que acabara ese año muere otro hermano y luego una señora, ya era la tercera, lo que se llama una cadena de muertes y ésta se rompe con una boda. Desde entonces no ha habido otra muerte, eso fue en 1997, hace 13 años. Yo ya soy parte de la familia”.

¿Para qué documentar? 

Para mí es como compartir, es la manera en la que puedo dar mi punto de vista sobre algo, para mí es cómo lo veo, interpreto y digo. ¿Por qué? porque me interesa vivir realidades, me interesa mucho la convivencia con la gente, convivir y compenetrar, luego ir a contarlo. En lugar de escribir lo hago con imágenes.

¿En Sonora hay gitanos?

Empalme fue un lugar de gitanos durante la época de los braceros, durante temporadas grandísimas. Actualmente sobreviven en terrenos fijos de la venta de autos, reparación de maquinaria, lectura de la mano. Los gitanos son como los grupos indígenas: hay muchos y no son iguales. Los nómadas traen todavía sus carpas familiares que incluyen payasos, magos, bailarines pero el atractivo principal es el hipnotismo colectivo.

Ha cambiado mucho la forma de vivir sobre todo por la inseguridad al momento de viajar. Aquí hay toda una ruta; a Sonora llegaban por mar y atravesaban toda la sierra por Álamos hacia chihuahua, para en diciembre acercarse de nuevo a Jalisco, Aguascalientes y Nayarit. Los campamentos son separados pero en diciembre se hace la fiesta gigantesca, la celebración mas tradicional es el año nuevo o fiesta de los muertos.

La fiesta de los muertos y el año nuevo inician el 5 de enero. Se prepara un cerdo sobre leña y a las 12 de la noche se envuelve en un cobertor y se guarda.  Al amanecer, el “polesnik” del grupo hace la lumbre y trae una vara que ha cargado todo el año; todos se levantan, toman la vaina y van a dar los buenos días, golpean el fuego con la vaina y se nombra a los difuntos; es el único momento en el que se menciona a los muertos y se pide por el año. Entre más chispas brotan del fuego, más abundancia habrá en el ciclo. Todos hacen una fila y se va de carpa en carpa dando los buenos días. La cabeza del puerco se guarda y se tira en un lugar donde haya agua y a los tres días se va a revisar; si la cabeza ha criado gusanos entonces habrá mucha abundancia.

Técnica: los nuevos documentalistas

Con su trabajo, Lorenzo ha elaborado un documento sumamente romántico sobre un grupo rodeado de misticismo y leyendas. En algunas zonas del país (en Sonora por ejemplo), el conocimiento acerca de los gitanos ha disminuido porque el grupo se ha desvanecido; luego otros rasgos como el cine ambulante, recordado por algunos de nosotros en aquellas tardes de barrio, han desaparecido completamente y esto ha provocado que el halo mágico que los rodea sea más grande; una añoranza por el pasado nos hace voltear a ver esas imágenes tan surrealistas con una nostalgia auténtica por lo que perdimos.

Yo voy tomando los reflejos en los espejos de los carros, las sombras, las atmósferas de la noche, trato de que no se les vea el rostro directamente, hay como una dualidad y ahí empiezo a armar un discurso de la imagen, del por qué, de la razón para hacerlo así. Todo el trabajo que he estado haciendo en Latinoamérica tiene esa tendencia de no manejar la imagen tan directa porque empiezo a entender a los gitanos, por su forma de ser, son como formas que se desvanecen. Hay gente que todavía dice “yo no sabía que había gitanos en México” porque están y no están, son como  invisibles, es como su personalidad  y así empiezo a manejar este estilo de retratarlos  con ese misterio.

Ante esta postura, es curioso que aunque en un inicio se ayudó de cámaras rústicas (cámaras desechables, de plástico, cartón y madera) para obtener un resultado autoral donde la intención resaltara sobre los resultados, la vivencia lo llevó a aumentar el grado de complejidad en sus proyectos.

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Hice video también, empecé haciendo grabaciones  en audio porque había gente de México que quería encontrar familiares  en otros países y ya que yo iba los llevaba (los audios) y se los ponía. Luego me compré la cámara de video y con esa grababa las entrevistas; se ponían en sus casas, en la carpa  con su familia y empezaban a hablar, lo platicaban a los demás y después los otros contestaban, eran como cartas habladas.

Ahora todo ese material  me sirve. Tengo una exposición de retratos de viaje en la que la idea es imprimir los retratos grandes y poner monitores en donde están platicando, te vas acercando de pronto a lo que ahora llaman el artista visual  que ya tiene la educación y tiene muy claro su lenguaje  y maneja diferentes disciplinas, el video, performance, la instalación, etc.

Me gustaría traer un micrófono como un prendedor cuando vamos caminando por el desierto y me van platicando tantas cosas que no las capto y mi idea es ponerles el micro y registrar cada audio.

¿Esto no te mete en dilemas por aquello del documentalismo clásico?

Algo que tengo claro es que no estoy haciendo una fiel documentación, no hago investigación.

Muchos de los documentalistas eso lo vamos aprendiendo  en el camino, no todos pero los que pertenecemos a la tendencia del neo-documentalismo usamos las herramientas para complementar el lenguaje , tu postura, tu interpretación. Lo que yo estoy contando ahora puedo narrarlo desde un punto de vista como centro y tú puedes ver las imágenes pero yo lo viví y no es que esté contando la versión de otras gentes, voy a hablar sobre lo que viví y si hablo de mi boda o de los difuntos voy a hacerlo como lo viví.

No hay reglas, esta es mi propuesta creativa, soy libre de hacerlo y esa experiencia  va enriqueciendo la manera en la que te miras, también tú estás en las fotos, es tu ojo, no modificas no interfieres pero das tu punto de vista y es la manera en la que propones.

Yo me doy cuenta de que en proyectos personales siempre tiene que ver el viaje, el trayecto. Yo lo llevo en la sangre; además yo hago foto de viaje porque existo para viajar y viajo para existir y me di cuenta que escogía puro tema que implicara desplazamientos. Para mi lo interesante  no es el punto final sino el trayecto, el camino que te lleva...lo relevante es el trayecto.

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Ahora estoy trabajando con pastores nómadas en el desierto, pastores que cuidan chivas en Nuevo León, San Luis Potosí, Coahuila y Zacatecas. Ellos van pastoreando y se mueven según las fechas  y las lluvias, cazan víboras y ratas en una onda muy local. Lo que voy a seguir trabajando es lo que ellos hacen respecto al cambio climático, cómo lo afrontan porque se guían por la naturaleza, por la luna, por la lluvia, pero la naturaleza está cambiando, ahora hay granizadas o inundaciones de pronto en el desierto…

¿Qué fotografía de las que ya existen crees que sea importante para la historia en México?

Es como en las noticias, te vas volviendo insensible a la imagen. Ahora ves ejecutados como algo normal, algo que antes no pasaba, cada vez todo menos te sorprende. La imagen hace poco de unos ejecutados en Saltillo, por ejemplo, aunque ha habido tantas.

Otra muy emblemática es la de Colosio  porque nunca antes había pasado eso, era un intocable y ver a alguien que se identificaba como de otro mundo, como el presidente, como la imagen que se tiene de un inmortal. Jamás ibas a imaginar  que eso sucedería y al ver a ese hombre tan vulnerable, era el Estado al que veías vulnerable. Hoy esa foto podría representar...

En el caso de Colosio vimos la imagen del estado vulnerado, ahorita ya no se ve tan fuerte pero para mí fue la primera vez que ocurrió.

¿Qué fotografía crees falta por tomarse en México?

Lo que ahora podría ser impactante es empezar a ver  cuerpos como en Irak o Irlanda, como en otros lugares (a causa de los atentados). Aquí en México es posible eso nunca pase, cuando las granadas en Michoacán no vimos las imágenes, vimos las noticias pero realmente no hemos visto imágenes, eso todavía no ha sucedido, no sé si vamos a llegar a verlo antes de que nos rebase el impacto y aparezca como algo cotidiano.

Ahora como fotógrafo no eres anónimo como en una guerra. Cuando Capa muere fue por una mina no por un atentado contra él, es diferente.

¿Crees hay centralización en la fotografía en México?

No creo que haya centralización, lo que pasa en el Distrito Federal es que te confrontas, tienes la posibilidad de diálogo, de reunir, de trabajar. Yo aprendí mucho cuando me abrí de mi círculo y compartí mis imágenes con otras gentes; algo de lo que adolecemos los fotógrafos es la edición, la edición es el cincuenta por ciento del trabajo, hay que saber editar el material más que seguir tomando talleres.

 

 

 

Por Alonso Castillo

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