Fotoperiodismo 2020: la ética contra la pared

En medio de la cobertura periodística y el costo humano por el COVID-19, la selección de las fotos 2020 va a ser intensa. Menudo problema para editores, diarios, jueces y organizaciones de fotografía aunque esa es la parte de menor importancia dadas las condiciones. La pregunta es cómo van a ser representadas las diferencias sociales, políticas y económicas en el resumen anual de los grandes medios.

Discutimos la representación en la fotografía por su relación con la ética en tiempo presente porque son temas que hace unos años las cuotas de inclusión por género y grupos minoritarios se han encargado de poner en la agenda con una razón y autoridad moral que no se puede cuestionar. Pero no solo hablamos de las minorías porque el término es impreciso; el asunto queda más claro en términos de la división entre quienes tienen el poder de decidir y entre aquellos grupos por género, raza, condición política y territorial, etc. que no cuentan con el acceso a la justicia, la salud, la educación, etc. En este sentido vemos que hablar de minorías segmenta la discusión en varios estratos sociales, regiones y niveles de identidad mientras que hablar de justicia y derecho puede agruparlos a todos y voltear de cabeza el sentido de los términos. Así, en la suma total solo habría dos grupos y frente a las oligarquías que administran política, económica y culturalmente el planeta, por la diversidad que agrupan las minorías ya no lo parecen tanto.

Dentro de los límites de lo que conozco sobre iniciativas actuales en el medio fotográfico, trabajos como el conteo anual de Women Photograph que revisa el porcentaje de imágenes publicadas por género binario y no binario han sido útiles y efectivos para empujar a la apertura del debate en el periodismo. No hay criterio absoluto para medirlo dado el volumen de producción de foto en el mundo pero el esfuerzo ha dado resultado en círculos importantes (que la información y la postura pueda socializarse y ser aplicada en contextos locales y regionales es imposible por ahora pero se trata de un proceso a largo plazo de deconstrucción de las personas y la industria, aunque de esta última no estoy seguro que ocurra). También los Proyectos Everyday han tenido una participación en este proceso.

A reserva de verlo con una lupa más a detalle, iniciativas de este tipo posiblemente estén influyendo en la proliferación de proyectos en plataformas digitales en México y otras regiones, donde durante los últimos años han surgido proyectos con un enfoque local y social que por su alcance profesional trascienden el espacio meramente geográfico; claro y también hay que agregar que aislar la importancia de un solo factor entre varios probables resulta tan problemático como ingenuo sin embargo forman parte del mismo entorno de convivencia que ocurre junto al movimiento feminista global y que reúne a diferentes personas y comunidades profesionales en línea y fuera de línea.

En estas formas alternativas de organización colectiva y por el tipo de contenidos que se difunden en la web, puede verse la tendencia hacia una agenda más abierta y socialmente responsable en comparación con la oferta del periodismo tradicional conocido; entre éstos aparece la reivindicación de derechos de grupos bajo condiciones de discriminación o violencia y lo que es notorio, la ejecución de proyectos de prensa o de producción fotográfica que están integrados por mujeres, así como colectivas ciudadanas y de acción directa que recurren a la fotografía como herramienta de difusión (o una suma de ambas opciones también es frecuente).

De regreso al punto, el embrollo por venir es lo de menos y como parte de instancias públicas o privadas, los comités de revisión obtendrán sus propios resultados junto al dictamen. Sin embargo si el debate de la representación mencionada puede encontrar puntos de vista a favor o en contra, su cruce con el hecho de fotografíar personas fallecidas en la magnitud y proporción que han ocurrido durante la pandemia pone los códigos de ética contra la pared.

Dichos códigos son la materialización de la relación de la profesión con los públicos o audiencias y es ahí donde está lo importante ¿de qué se trata la relación de la prensa con la sociedad en la actualidad y de qué forma debe llevarse a cabo? Si bien la ética del periodismo hace décadas se encuentra en tela de juicio, es posible que esta ocasión sea su prueba más fuerte. Por la víspera se saca el día, decimos por estos rumbos y dentro de poco la revisión anual de las imágenes resultado del COVID-19 va a concentrar este debate y a elevarlo exponencialmente; entonces podremos ver y deducir algo del estado de la industria a partir de la forma en la que resuelva esta discusión periódica. La cuestión es la menos importante pero no deja de ser relevante preguntarnos si el periodismo según la industria estará a la altura del tiempo.

Por mi parte, en lo concreto del caso tengo estas dudas acerca de la fotografía y la representación de las relaciones de poder en el contexto de la redefinición de los bloques económicos y el ascenso de China en la guerra comercial: si la epidemia inició en el primer mundo y se extendió hacia países subalternos con economías emergentes ¿qué punto de vista va a predominar en la imagen? ¿Qué apariciones tendrán a fin de año los liderazgos tóxicos de la derecha como el de Trump o Bolsonaro (entre otros) y su papel durante la administración de la emergencia? Considerando la responsabilidad que cumplen hoy en día y en la elaboración de la memoria para el futuro ¿qué mensaje van a transmitir las organizaciones de fotografía y bajo qué argumentos? Y obviando el impacto en la salud que está presente a todo lo largo del aislamiento ¿qué proceso de discusión profesional y personal hemos enfrentado a nivel individual al momento de pensar y hacer esta cobertura?

En relación con el tema, LUR- Espacio de investigación, análisis y estudios visuales recién publicó La Mirada Oblicua, una sección de opinión sobre imágenes de la pandemia del COVID-19, en la que Luis González Palma, Graciela De Oliveria, Mariano Horenstein y Ros Boisier escriben sobre la imagen del fotoperiodista indonesio Joshua Irwandi. Personalmente tengo algunas reservas pero según la posición personal cada quién podrá acomodar el debate a su campo de acción. Sin duda todas las perspectivas traen dinamismo a la discusión.

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Luis González Palma (La mirada Oblicua)

Pienso que lo complejo de esta fotografía radica en que este cadáver amortajado simboliza nuestra condición de sujetos, es decir, personas moldeadas por patrones culturales, históricos y políticos. Estamos sujetos a las narrativas y a las fantasías que nos hacemos de nosotros mismos y a las que la sociedad ha hecho de nosotros. Al ver este cadáver advertimos que, independientemente de estas cintas de plástico que lo embalsaman, hubo otras mortajas invisibles, simbólicas, que lo sujetaron y lo normaron mucho antes de su muerte. Lo que ahora vemos en este cuerpo es simplemente la representación de un adoctrinamiento simbólico que ha pasado inadvertido a lo largo de su vida.

El texto completo, aquí.

 

Otros enlaces:

Fotógrafas del Norte.

Dos Pasos Abajo.

Andrea Murcia.

María Ruiz.

Kaja Negra.

Revista Cielo Sur.

Código ético para periodistas visuales de la NPPA.

 

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