Hamac Caziim, la llama eléctrica de la persistencia étnica

El rock y la interculturalidad

La comprensión de la existencia de un grupo de rock en la comunidad comca’ac debe partir de la ubicación contextual de la etnia en la sociedad regional de la que forma parte, así como de los ámbitos macrosociales: la nación, la frontera, el mundo. El contacto de los comca’ac con el rock se remonta a la época de difusión de este género musical en Sonora. La llegada del rock and roll a esta región y la existencia de grupos rocanroleros fue advertida por los comca’ac desde la década de 1960.

El rock es una forma musical y una manifestación cultural vinculada con la difusión y propagación; se crea para ser consumido y en la vida comercial se reconoce como un producto vendible. Esto implica que el proceso general que vincula al músico y al escucha sea totalizante, es decir, el escucha, el público o el consumidor está presente desde el momento de la composición y/o arreglos musicales, hasta el diseño de la forma concreta que adquirirá la música: disco de 45 RPM, disco de larga duración o LP, cassette (o casete), disco compacto o CD, archivos cibernéticos de diversos formatos, transferibles o descargables. Además, se crea para ser difundido por todos los medios posibles.

Hamac Caziim (1)

Hamac Caziim (7)

El fuego inicial

Desde los primeros años de la década de 1990 existía la clara intención de formar un grupo de rock en la comunidad comca’ac. Surgió a raíz de un deseo colectivo de un grupo de jóvenes, que no necesariamente se veían a sí mismos como integrantes de la agrupación, ya que no eran todos músicos, o no al menos del género del rock. Fue determinante en la creación de la banda el impulso de Francisco Molina Sesma, el “Indio” y de Anselmo Morales Astorga. Forman parte de la historia de Hamac Caziimjóvenes que finalmente no vivieron la etapa de difusión externa, pero que en la etapa inicial contribuyeron no sólo al surgimiento de un grupo, o a la incursión de los comca’ac en el rock, sino que sobre todo, contribuyeron al proceso de cambios culturales de este pueblo en el entonces inminente nuevo siglo.

Mi contacto con Hamac Caziim, y con la comunidad comca’ac en general, tuvo dos motivos iniciales; ocurrió como consecuencia del trabajo de Alejandrina Espinoza Reyna. Al acompañarla en algunas de sus varias actividades en la comunidad, pude escuchar las ondas sonoras del rock en el ambiente de Punta Chueca desde el año de 1998. Por otra parte, de antemano existía interés de los integrantes del grupo en solicitar apoyo a alguna persona u organismo que facilitara la concreción de su proyecto.

Fui presentado con el “Indio” y con Anselmo por Alejandrina, a petición de ellos, quienes no me veían como investigador o empleado de Culturas Populares, sino como “el productor de la Perra Vida”; al saludarnos, me mostraron el casete "Foco", que Perra Vida produjo con apoyo del Pacmyc en el año 1997, en el cuál participé como productor y músico invitado –cuando aún no laboraba en la institución–.

Pasaron varios años para que fuese posible la producción de un disco de Hamac Caziim. En primer lugar, era necesario que se definiera la alineación de la banda. Además, se requería darle forma musical al repertorio, en cuanto a nivel de ejecución y arreglos. La inquietud fue manifestada a diversas instituciones desde entonces, sin embargo, fue hasta el año de 2005, cuando considerando la importancia de la manifestación cultural que representaba Hamac Caziim, en la Unidad Regional de Culturas Populares asumimos la iniciativa como un proyecto. Inicialmente sería una co-producción de la Dirección General de Culturas Populares del CONACULTA y del Instituto Sonorense de Cultura. Finalmente, sólo el ISC aportó los recursos financieros.

Hamac Caziim (2)

Hamac Caziim (5)

Estilizando la esencialidad primigenia

Las piezas de rock no son cánticos ni alabanzas, son canciones. Las canciones son estructuras determinadas por ritmo, melodía, armonía, ejecución e interpretación. Son piezas básicamente mecánicas y matemáticas. Esto implicó un trabajo de producción discográfica fuera de lo común.

Elegí el estudio de Gaspar Madrigal por el hecho de que es un excelente músico de rock y de otros géneros populares, lo cual permitiría tener su oportuna intervención tanto en lo musical como en lo referente a la grabación.

El contenido del disco producido son diez cantos tradicionales, ejecutados con guitarra eléctrica, bajo eléctrico, batería, y arreglos de percusiones (sonaja yaqui, sonaja cucapá, raspador mayo, tenabaris yaquis –uno solo, portado en el tobillo derecho, bailado y grabado por Francisco– y palo de lluvia).

Algunas piezas tienen la participación de Gaspar en arreglos de guitarra, opción elegida por Anselmo, para dar un resultado más cercano a una producción ordinaria de rock.

El proceso de producción fue a la vez un proceso de enseñanza-aprendizaje. Fue necesario adecuar los cantos tradicionales al ritmo estricto de la música occidental; al tocar debieron adecuarse a los compases de 4/4, lo que implicó que todas las “canciones” fueran “sacadas” o arregladas de nuevo por el grupo, gracias a la paciencia del ingeniero de grabación. Un ejemplo específico, el más importante en esta tarea, fue la adecuación de los redobles de la batería; Israel rompía la estructura de los compases, y arremetía contra los tambores a medio compás. Es importante, por supuesto, lo referente al canto, a la voz. Para el “Indio” fue agobiante la repetición de tomas, y para el grupo en general fue un reto grabar coros a dos y hasta cinco voces.

La producción de un CD les ha permitido difundir su cultura tradicional y su propuesta sonora fuera de su comunidad y fuera de México. Uno de los retos de Hamac Caziim es escapar del folclorismo; la posesión de un producto consumible y un estilo estético y musical que se inserta plenamente en “eventos culturales” o festivales aún roqueros, que atentan con despojarlos del sentido original de sus cantos.

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Fotos: Alonso Castillo, presentaciones de Hamac Caziim del 6 de abril y 1 de junio del 2013.

Texto:  Tonatiuh Castro Silva

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