Una prisión juvenil en México vista a través del lente de sus internos

Pete Brook es escritor y curador independiente enfocado en temas sobre justicia social. Ahora es editor en Vantage y escribe para WIRED; además de conferencista internacional, fue nominador de la Fundación Magnum (Emergency Fund Grants 2013) y de la Beca Tim  Hetherington de Periodismo Visual;  es colaborador del sitio Reading The Pictures y ha publicado en Aperture, Centro Internacional de Fotografía, Photo-Eye, CNN y The Huffington Post, entre otros.

Es editor de Prison Photography, sitio web en el que analiza las imágenes y el debate alrededor del complejo industrial de las prisiones en Estados Unidos. Prison Photography ha sido reconocido entre los mejores blogs por The British Journal of Photography, LIFE.com y The Daily Beast. Su trabajo ha sido destacado por The New York Times, Featureshoot and DVAFOTO.

Recientemente, tuvimos oportunidad de conversar con Brook sobre el taller impartido por Carlos Sánchez y Alonso Castillo, a jóvenes internos del Instituto de Tratamiento y de Aplicación de Medidas para Adolescentes del Estado de Sonora (ITAMA).

A continuación compartimos el texto; al final del mismo se encuentra el enlace a la publicación original, así como a la galería de fotos.

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Alonso Castillo es un fotógrafo independiente con sede en el estado de Sonora en el noroeste de México. Colabora con la agencia Reuters. La mayor parte de su trabajo se centra en la frontera y es especialista en migración y temas sociales. Ha impartido talleres, es profesor universitario y desde 2009 trabaja como editor en www.numerof.org.

Mauricio Palos, un amigo mutuo entre Castillo y yo, me contactó para hablarme del taller de fotografía de Castillo en una prisión juvenil local, el Instituto de Tratamiento y de Aplicación de Medidas para adolescentes (ITAMA) que se encuentra en la ciudad de Hermosillo, Sonora.

ITAMA alberga aproximadamente a 450 hombres. Todos fueron procesados como menores pero en la actualidad el 70% de los presos son adultos, ya que han alcanzado los 18 años durante el encarcelamiento. Castillo dirigió un taller de fotografía con 10 personas de edades entre los 15 y 21. Cuando me envió las fotografías quedé sorprendido por lo escaso y rudimentario del medio ambiente. Me preguntaba si éste se trataba de un caso en el que, más que en otros, la cámara no mintió.

Todas las fotografías fueron tomadas por los 10 participantes. Castillo y sus colegas sólo hicieron recomendaciones técnicas para que los chicos usaran la luz y los encuadres. “Ellos decidieron cómo trabajar y qué fotografiar”, dice Castillo.

Amablemente, Castillo respondió algunas preguntas sobre el proyecto para acompañar esta muestra exclusiva de fotografías hechas por los jóvenes presos.

Prison Photography (PP): ¿Encontraste las prisiones y la justicia social en primer lugar o encontraste primero la fotografía?

Alonso Castillo (AC): Es difícil de decir, vengo del fotoperiodismo pero esta área se combina con la justicia social, es decir, yo sí creo que nuestro trabajo se hace para el otro. En este caso los dos campos se combinan con un tercero igual de importante que es trabajar con jóvenes que han cometido delitos…por mi trabajo, creo que llegué a la fotografía primero.

PP: ¿Qué te dio la idea de hacer un taller en la prisión?

AC: He estado en talleres antes en México, Cuba, El Salvador, Ecuador y Colombia. Ahora trato de diseñar los talleres como parte de proyectos más amplios y completos; desde investigación en temas específicos, capacitación para medios de comunicación o periodismo ciudadano.

Junto a un amigo escritor, Carlos Sánchez, que enseña literatura y escritura creativa en el ITAMA, planeamos trabajar con los jóvenes y enseñar fotografía. Carlos generalmente ha impartido talleres de escritura y ésta fue la primera en la que trabajamos con foto. Para mí, como periodista y profesor, también era una forma de investigar y observar. Por la forma en la que las cosas funcionaron, fue una observación muy agradable.

PP: ¿Cómo se consiguió el acceso?

AC: El taller fue organizado dentro de Fotoseptiembre, un festival de fotografía anual que celebró recientemente su 25 aniversario. Aunque Fotoseptiembre ya no se lleva a cabo en todos los lugares, todavía existe en la ciudad donde vivo. El festival sirvió de pretexto para obtener autorización y trabajar con los muchachos como parte de un programa que también incluyó una exposición para mostrar los resultados finales.

PP: ¿Cuánto duró el curso?

AC: Duró alrededor de 40 horas pero a veces se relajó la agenda para ajustarse al horario de los jóvenes o al necesario para completar los ejercicios. Es más exacto decir que trabajamos durante los meses de julio y agosto de 2013 y montamos una pequeña exposición en septiembre. Al principio se trabajó en el aula con clases teóricas; vimos portafolios y fotografía documental; hablamos con el grupo y vimos películas sobre fotografía. Luego se entregaron cámaras de película desechable a cada participante.

Participaron diez jóvenes de cinco ciudades del centro, norte y sur de Sonora.

Se realizó el primer ejercicio, se procesaron las cámaras y juntos revisamos el trabajo que se había hecho. Luego se entregó otra cámara para que tuvieran oportunidad de mejorar la forma en la que estaban viendo.

Una parte importante de la discusión fue sobre “vida cotidiana”, en este caso sus vidas diarias dentro del ITAMA.

PP: ¿Cuál fue el objetivo del curso?

AC: Queríamos compartir con ellos herramientas y habilidades para ayudar en su rehabilitación y reintegración; podrían adquirir conocimientos y luego acercarse a un puesto de trabajo al terminar su detención. También queríamos dar algo de terapia ocupacional durante su tiempo dentro del ITAMA.

A medida que avanzamos en las actividades, el taller se convirtió en un intercambio muy humano de experiencias entre nosotros y ellos, en el que se analizaron y discutimos temas de arte, historia, música, referencias culturales y problemas sociales.

Fue como una forma de curación.

PP: ¿Lograron los objetivos?

AC: Es difícil saber si lo que hicimos en ese momento servirá para algo cuando salgan, lo cual era una parte importante. Con lo que sucedió en el aula sí estoy satisfecho.

Durante su detención por los crímenes que cometieron (y algunos de ellos muy graves), fue muy emotivo revelar en ellos otras caras, otras facetas de estos jóvenes.

Aunque han delinquido siguen siendo niños. Este hecho es algo que el sistema ignora o al que no puede hacer frente. Estos jóvenes están en medio de un largo proceso de formación y madurez; experimentan los mismos temores intangibles que cualquiera de nosotros. Entonces el asunto es tratar de influir en los valores y creencias que tienen, en lugar de aplicar medidas correctivas y castigos.

También hay otros asuntos relacionados. El medio ambiente tiene un peso muy fuerte y decisivo. Las facilidades que se ofrecen en el exterior para la operación del crimen organizado en las calles y en las oficinas de gobierno. La rehabilitación no funciona si la institución opera en un contexto generalizado de corrupción. El sistema político mexicano además de no favorecer las condiciones para la seguridad social y la educación, parece estar funcionando para hacer lo contrario.

PP: ¿Sorpresas inesperadas?

AC: Mostraron mucho interés en el taller, algo que a menudo no sucede cuando estás enseñando a chicos en el sistema de educación regular e incluso en la universidad. Es triste pero a veces te encuentras más resistencia en un estudiante que tiene mejores oportunidades de educación. Con este grupo todo sucedió de una manera fácil.

Había un muchacho con una mirada natural; hizo algunas de las mejores fotos del taller, tenía una forma de ver que le daba a la imagen un aspecto muy contemporáneo.

Resultados del taller de fotografía para jóvenes internos

Desde adentro 01

Desde adentro 06

Juvenile prison méxico-ITAMA 7

PP: ¿Algo que te gustaría hacer de manera diferente si pudieras enseñar a otro taller de fotografía similar?

AC: Claro, trabajaría en proyectos más personalizados. Las condiciones son limitadas pero se podría trabajar con ellos en un mejor reconocimiento del entorno. Los proyectos podrían diseñarse en colectivo o individual – revistas, blogs personales, un diario en línea o un periódico producido por ellos mismos, por ejemplo.

PP: ¿Por qué las autoridades de la prisión les dejaron entrar?

AC: Creo que no nos tomaron en serio como para considerarnos una amenaza, excepto por que cumpliéramos con las condiciones regulares de seguridad, como la introducción de objetos peligrosos o no permitidos.

PP: ¿Habías estado en una prisión antes? ¿Qué esperabas encontrar? ¿Qué encontraste?

AC: Sí, había estado antes haciendo fotos para una historia. El acceso que ahora tuvimos se limitó a la zona para enseñar el taller así que sólo vimos las instalaciones de lejos (y en las fotografías).

PP: ¿Cuál fue la reacción de los chicos? ¿Cómo funcionaron?

AC: La primera reacción fue mantenerse a distancia pero luego se rompió. Había diferentes perfiles y aunque algunos participaron más que otros, la empatía fue casi total. Trabajamos con máxima libertad. Claro, ellos son jóvenes y en algún momento se rieron de nosotros pero en ningún momento hubo algún tipo de rechazo o problema.

Después del taller tuvimos una exposición muy modesta en los patios del ITAMA, con algunos familiares y otros visitantes. Cuando trabajábamos en las fechas ya cercanas a la inauguración, procesamos algunas de las películas y encontramos una foto de la planta de los pies de los muchachos. Como la exposición se iba a llamar “Desde Adentro”, ellos hicieron una foto especial: se sentaron en el suelo, pusieron sus pies juntos y escribieron el nombre de la exposición en las plantas de los pies. Eso fue algo que no esperábamos.

En 2014, una selección del trabajo ganó una mención honorífica en un concurso de fotografía local.

PP: ¿Cuál fue la reacción del personal a los chicos caminando con cámaras?

AC: No supimos de alguna reacción. Si la lectura de la fotografía depende de la construcción social y el contexto, es posible que para ellos y el personal del centro de detención, no había ninguna amenaza desde el exterior, eran ellos mismos tomando fotos alrededor. No fuimos como periodistas y no estábamos ahí para hacer un informe u observación de los derechos humanos en la cárcel.

De una manera sutil, las fotografías muestran a estos jóvenes para quienes hemos utilizado la prisión para eliminar su presencia y ocultarlos por nuestra propia conveniencia. Estas fotografías nos enfrentan con los hechos y contrastan nuestro pensamiento simplista.

PP: ¿Funcionan las cárceles?

AC: Las prisiones funcionan como un reflejo del comportamiento humano en el que la administración de justicia a menudo se confunde con la venganza.

Queremos justicia pero no pensamos con detenimiento acerca de su aplicación. La gente va a la cárcel por muchos tipos de delito pero cuando están dentro ya no hacemos distinciones. Inicialmente la justicia es operativa y después se vuelve un proceso burocrático, costoso y agotador para aquellos que lo experimentan. Y con esto me refiero sólo a la parte legal del sistema que es un desastre por sí misma; es mucho más difícil salir incluso con la ley a tu favor. Las prisiones pueden ser el lugar en el que todo el tráfico llega a un callejón sin salida.

PP: ¿Puede la fotografía curar problemas sociales?

AC: Sí. Es una herramienta eficaz para comunicar, para visualizar y generar impacto hacia los problemas sociales. Aunque no es una herramienta masiva utilizada para fines educativos, creo que no hay esfuerzos pequeños y todo lo que hacemos es importante.

En un futuro próximo, quiero entrenar a grupos de personas para poner en marcha proyectos de periodismo local que involucren a los sectores vulnerables de la población y de las minorías (grupos originarios, minorías sexuales, vecindarios y otros).

PP: Así que el alcance es un factor importante también.

AC: Sí. César Holm, quien trabaja en un proyecto para la profesionalización de los fotógrafos en México, en una conversación que tuvimos hace poco, mencionó la necesidad de conseguir una audiencia crítica para la fotografía y la promoción de un perfil adecuado para su enseñanza. Estoy de acuerdo con él.

Digo que no es una herramienta masiva porque aunque el fotoperiodismo representa un amplio circuito de distribución global, tengo la impresión de que estamos produciendo para nosotros mismos. Hay esta frase que escuché hace unos años y todavía me gusta, “sólo los fotógrafos conocen a los fotógrafos”. Nos gusta publicar los libros que leemos nosotros, hay concursos y becas para el círculo especializado de consumidores, que somos nosotros mismos y nuestros amigos.

Creo que podríamos ampliar ese círculo.

Juvenile prison méxico-ITAMA 5

Relacionado:

Galería: Resultados del taller de fotografía en el ITAMA

César Holm – Aula del Centro, laboratorio para la educación visual y cultura de la imagen

Enlace a la publicación original en inglés: Prison Photography

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