El lado este es conocido por ser uno de los sectores más rudos de la Ciudad de México. La vida puede ser implacable en los barrios, sobre todo en una de las urbes más pobladas del mundo. Se volvió aún más peligrosa después de que el entonces presidente Felipe Calderón declaró la "guerra contra las drogas" en 2006. La estrategia desató una espiral de violencia sin precedentes que causó la muerte de más de 100 mil mexicanos.

Luego, un fotoperiodista veterano encontró la manera de hacer una imagen diferente para los jóvenes que crecen en la delegación Iztapalapa. Equipado con una cámara y la historia de su problemática infancia, Jesús Villaseca hizo el compromiso de enseñar fotoperiodismo a los alumnos en Faro de Oriente.

Algunos de sus alumnos se han convertido en reconocidos fotógrafos que trabajan para medios establecidos como el diario El Universal y el tabloide La Prensa. También es fundador de la agencia Latitudes Press, que brinda cobertura gráfica a todo lo que ocurre en las calles de la Ciudad de México. "Estamos en guerra aquí, una guerra cultural contra las organizaciones criminales".

A la par de su trabajo diario como fotógrafo de La Jornada, Jesús Villaseca celebró en 2013 los primeros 10 años de impartir su taller de fotografía a jóvenes de escasos recursos de esa zona de la ciudad. Ha recibido a alrededor de 2 mil 500 alumnos.

Actualmente, 40 de sus egresados se desempeñan como fotógrafos profesionales en varios medios de comunicación y otros tantos han ganado premios internacionales; también se han editado seis libros con lo más granado del trabajo de esos muchachos. Lo que Villaseca quiere es “que los chavos hagan muchos disparos, pero con una cámara fotográfica; esa es mi lucha.

“Cuando llegan los jóvenes al taller, lo primero que les digo es que no se preocupen si no aprenden fotografía, pero que ella les cambiará la vida completamente... Los jóvenes llegan a tomar el taller sin haber agarrado una cámara en su vida; al principio aprenden a hacer imágenes con una estenopeica que ellos mismos hacen; en tres trimestres se les enseña el manejo de otra y salen listos para competir.

“A lo largo de 10 años, lo que percibimos es que el taller sí tenía impacto determinante en la vida de los jóvenes, porque el oriente es la zona más violenta de la ciudad, el tiradero urbano; no hay oportunidades de empleo, no hay universidades y el tejido social está hecho pedazos... la labor no sólo del taller que imparto, sino de todas las actividades de El Faro, ha contribuido a restablecerlo.

Los chavos llegan con problemas de drogadicción, llegaban armados al taller, y he visto la transformación. A eso me refiero, a que realmente estamos contribuyendo a restablecer el tejido social en esa zona; no es demagogia.

Compromiso y experiencia

Al hurgar en sus recuerdos Villaseca, dice: “Llegué ahí porque acompañé al colombiano Carlos Mario Perea, quien realizaba una investigación sobre las zonas más conflictivas de la ciudad de México. Así conocí el lugar y en 2003, cuando gané el Premio Nacional de Periodismo, el fundador de El Faro de Oriente, Benjamín González, y su subdirector, Argel Gómez, me invitan a impartir un taller de fotografía. Al principio no quería porque estaba consciente del compromiso que representaba. Conozco la zona, nací y vivo en Iztapalapa, y después de mucho pensarlo, finalmente decidí impartirlo. La experiencia ha sido formidable, porque a mí también me ha servido, pues a pesar de que conocía el barrio he aprendido a conocer mejor a los chavos.

A pesar de las satisfacciones que ha representado dar clases, Villaseca dice: Lo áspero es no contar con los apoyos básicos. Me he percatado de que las autoridades gubernamentales no se dan cuenta de que por medio de la cultura y el arte podemos contrarrestar todo esto que está pasando con nuestros jóvenes.

Otro reto que se ha planteado Villaseca al participar en esta labor es rescatar entre los chavos el concepto de la colectividad, porque sin ella no hay identidad, y si no contamos con una no tenemos nada. Que por medio de ella los chavos se sientan orgullosos de lo que son, que se den cuenta de que a pesar de provenir de un barrio popular tienen los mismos derechos que cualquier otra persona. Eso lo hemos logrado porque el chavo llega al taller agachado, reprimido y sin querer hablar y de repente comienza a expresarse por medio de la foto, aflora su personalidad escondida. También les ha ayudado a expresarse oralmente, pues salen gritones y combativos.

Villaseca agrega: “Actualmente mis alumnos compiten con egresados de la Ibero, de la Carlos Septién García, de la Escuela Activa de Fotografía... algunos han ganado premios internacionales y que 40 ya estén integrados al mercado laboral, es poca madre... incluso me han llamado de dependencias federales para que les mande ex alumnos de mi taller”.

Sobre los jóvenes talleristas, ejemplifica: “Un joven que vivía en el Bordo de Xochiaca, junto a los tiraderos de basura, se ganó 90 mil pesos y se fue dos meses a exponer sus fotos a Madrid y a París, en gran formato de 10 por 12 metros en espacios públicos.

Otro compañero, Fermín Guzmán, ganó un premio internacional en Nueva York con un trabajo sobre los anexos de chavos drogadictos, donde documentó la historia de su propio hermano en imágenes. No pudo recibir el premio porque no pudo sacar la visa pero se lo mandaron. Otra compañera que vive en el estado de México, Silvia Carvajal, ganó en Turquía... pero ese nivel de resultados ha dado el taller, prácticamente sin ningún apoyo.

En opinión de Villaseca: Creo que a los recientes secretarios de Cultura del gobierno de la ciudad de México les ha faltado la sensibilidad de entender el proyecto Faro. Es cierto que abrieron más faros en diferentes delegaciones, pero se fueron olvidando. En el fondo creo que no están convencidos del todo de que esto puede funcionar... simplemente en Iztapalapa se necesitarían por lo menos otros tres. Tenemos mucha confianza en la nueva administración de Mancera.

Que el arte vaya a los barrios

Finalmente, Villaseca confiesa: “Uno de los proyectos que me gustaría hacer, no únicamente con el taller de fotografía, sino como Faro de Oriente, es que pudiéramos llevar todas las actividades a las calles. No esperar a que los jóvenes lleguen a las instalaciones, sino hay que ir por ellos; meternos a los barrios, presentarles diferentes exposiciones, mostrarles danza, leerles poesía y literatura... intervenir el barrio, porque en mi experiencia –soy de barrio– entiendo los límites de estos chavos. Ellos marcan su territorio y no quieren salir de ahí, pero ahí no tienen nada.

No asisten a una exposición en Bellas Artes o tomar un curso de pintura al Colegio de San Carlos o tomar clases en la Escuela Activa de Fotografía, porque no tienen ni tres pesos para tomar el Metro. Parece increíble, pero de mi taller desertan estudiantes por no tener para comprar un rollo fotográfico. Con un Faro itinerante tendríamos la oportunidad de llegar a esas colonias conflictivas donde viven los jóvenes marginados y cambiar su realidad.

Por ejemplo, cuando Alam Bernal cumplió 11 años, había quedado mudo. El muchacho dejó de hablar luego de que su madre murió enfrente de él y su padre fue a prisión por matar a su asesino. La tía que se convirtió en su guardián no sabía qué hacer con el chico. Temía que en esa parte de la ciudad, él cayera en un tipo de violencia similar.

“Conozco de dónde vienen los muchachos. Los talleres con como una sicoterapia, ellos hablan y aprenden quiénes son; conocen otra forma de conectar con la comunidad…Cuando aprendes a observar como fotógrafo, te vuelves más sensitivo y empiezas a contemplar. Es un espacio libre para llorar y hablar con libertad”, dice Villaseca.

Con 8 años de edad, Emiliano López Cruz es el pupilo más joven. Él agarró una cámara en el Faro a los 4, antes de poder leer, y ahora dirige su propio taller de fotografía en una comunidad indígena.

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Con información de La Jornada, Al Jazeera y CCTV.

Portada: Keith Dannemiller - Al Jazeera America.

Fotos: Fermín Guzmán (galería en Flickr).

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