La foto hoy en día es compulsión, un anuncio de dos exposiciones de fotoperiodismo

Signo de los tiempos: todos tomamos fotos de todo: al capuccino que nos acaban de servir con una flor de espuma (“la más perfecta flor de espuma” escribimos en Instagram), la vista del atardecer desde la oficina, los objetos que tenemos en el escritorio y al tipo que nos chocó el carro… Nuestros momentos más íntimos, eróticos, no se salvan de la foto. Para cuidar reputaciones ya existe Snapchat, la red social de las fotos que se desvanecen. Se suben fotos (comprometedoras, por favor) que desaparecen en diez segundos. No hay daño permanente a la reputación, aunque en diez segundos uno puede hacerse muchas ideas.

La foto hoy en día es compulsión. La vida cotidiana, sobre todo sus detalles pequeños, de esta época quedará bien registrada en esos millones y millones de cuadros digitales. Hasta los que deploran esta costumbre de fotografiarlo todo con el smartphone tendrán que aceptar que el principio de este siglo es pura imagen congelada, aunque sean imágenes que se esfumen.

De la foto almidonada al fotoperiodismo formalista

Cabe hacer el símil entre nuestros días y el fin de siècle entre el XIX y el XX, cuando la fotografía se aferró firmemente a la vida pública y privada. Un fotógrafo se necesitaba en la guerra y también las bodas. Las fotos eran un lujo pero no había familia que no tuviera al menos una de todo el clan. Placas almidonadas pero tiernas: increíble que una foto familiar requiriera tanto ritual.

El fotoperiodismo es uno de los pocos terrenos que ha conservado cierta formalidad, cierto aire de trascendencia. Cosa curiosa cuando el fotoperiodismo era el revolucionario de la familia. Su desarrollo ha sido el responsable por dos siglos de la innovación icónica y técnica del arte fotográfico.

Dos exposiciones en la ciudad de México cubren estas dos de las muchas facetas de la fotografía. Una es histórica y otra documenta las mejores imágenes derivadas de la cobertura mediática del año pasado en el mundo (historia en potencia, como es el periodismo).

México a través de la fotografía en Museo Nacional de Arte repasa un archivo iconográfico de más de un siglo. La historia de México contada a través de sus fotógrafos.

En el Franz Mayer, como cada año, la gira de las imágenes ganadoras del World Press Photo hace su parada. Lo mejor del fotoperiodismo mundial.

Historia Mexicana: macro y micro

Son 300 imágenes, quizá más. Un archivo enorme que comienza en 1839, el año que se inventó la fotografía y también el año en que llegó la primera cámara a México, y termina en el año de Bicentenario, 2010.

Es decir, cubre nuestra historia como un país dueño de su destino, o eso queremos creer. Son tantas y tantas fotos que es difícil describir el recorrido. Podemos empezar, por ejemplo, hablando de esa imagen casi pictórica de Porfirio Díaz, o de los trabajadores oficinista que suben y bajan escaleras como los congeló para siempre Lola Álvarez Bravo.

Una idea general después de estos cientos de instantes: nuestra historia es una pelea entre el discurso del poder y el mundo real.

Qué diferentes son las placas que los presidentes y los gobernadores se mandaban hacer de sí mismos y las que la gente común, los reporteros que volteaban alrededor. Están los grandes hechos históricos que nos enseñan en la escuela (es increíble ver fotos de la guerra con Estados Unidos y la devastación que dejó y ver las del crecimiento industrial del país apenas unas décadas después) pero lo más interesante es la microhistoria.

Están las fotos de la Revolución que son casi un cliché pero si se detiene y las mira de verdad se puede ver que esos que ahí aparecen son los desarrapados de siempre, de cada lucha. Son los héroes de ese momento y sus nombres y su destino es un enigma para nosotros. Si hoy nos tomáramos una foto, seríamos ellos dentro de un siglo.

México a través de la fotografía debe ser visitada con ánimo de paseo, sin prisa. Cada imagen requiere de cuidado. Es como trepar a nuestro árbol genealógico. Habrá que hacerlo con curiosidad y con ganas de quedarnos amarrados en una rama. Pero no hay que hacerlo, que el aire de la historia mueve mucho al árbol.

Museo Nacional de Arte 

-Tacuba 8, Centro. Martes a domingo, 10 am a 5:30 pm. Entrada 37.00 pesos.

World Press Photo

Cada año se celebra el concurso de World Press Photo, la asociación que junta a los mejores fotoperiodistas del mundo. Se revisan las coberturas periodísticas de todo el mundo, a través de una convocatoria. Este año las imágenes ganadoras se seleccionaron entre las más de 103 mil candidatas.

La placa ganadora, como suele ser cada año, es desgarradora: un grupo de hombres cargan los cuerpos de dos niños envueltos en un sudario. El grupo carga también con un cadáver adulto, pero en primer plano están los pequeños. Todos los rostros se ven afligidos, pero sobre todo uno, un caballero en la esquina inferior derecha, refleja el dolor del momento. Otro hombre, al centro de la imagen, se ve furioso. Duelo y rabia.

La foto fue tomada por el reportero sueco Paul Hansen y lo que retrata es el cortejo fúnebre de una familia muerta en Gaza tras un bombardeo israelí.

El World Press Photo premia distintas categorías. Hay reportajes completos: ensayos fotográficos que en una serie de cuadros cuentan una historia.

Normalmente se pone más atención a las ganadoras individuales, como la foto de Hansen, pero no deje de ver la serie “El asedio de Aleppo” del mexicoamericano Javier Manzano. Una serie de 12 fotografías tomadas desde el corazón del ejército rebelde sirio. El momento justo en que el Free Syria Army entró a Aleppo, la ciudad más grande del país. Las fotos de Manzano retratan a los francotiradores parapetados en plan acción, en la soledad de sus puestos de tiro.

La intimidad de la guerra, esa que solo tienen los combatientes y los periodistas. Estas son imágenes que no desaparecerán: son inolvidables.

Museo Franz Mayer

- Avenida Hidalgo 45, Centro. Entrada 50.00 pesos.

Tomado de El Economista desde una nota de el Centro de la Imagen.

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