Los muertos en Tlatelolco, una investigación de Kate Doyle para exhumar el pasado

En un informe publicado en el 2003, Kate Doyle ordena una considerable cantidad de datos sobre los registros del 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas para responder quiénes fueron los muertos de Tlatelolco. El texto es resultado de una colaboración entre la revista Proceso y el Archivo de Seguridad Nacional para publicar y difundir ampliamente los documentos desclasificados sobre la relación México-Estados Unidos.

Kate Doyle es analista del Proyecto México del Archivo de Seguridad Nacional, con sede en la Universidad George Washington. Su labor ha sido reconocida por ayudar a esclarecer crímenes de guerra en  países de América Latina. Desde 1992 ha trabajado con grupos de derechos humanos, Comisiones de la Verdad, fiscales y jueces para obtener archivos secretos de gobierno e investigar la violencia estatal. Kate ha declarado como testigo experto en procesos judiciales, incluido el juicio contra el ex presidente Alberto Fujimori de Perú 2008 por su papel en la supervisión de escuadrones de la muerte militares; el caso ante la Audiencia Nacional española sobre el asesinato de los sacerdotes jesuitas en El Salvador 1989; y el juicio de 2010 de dos ex policías en Guatemala por la desaparición forzada del dirigente sindical Edgar Fernando García en 1984.

Para su labor, Doyle utiliza la ley de acceso a la información para solicitar al gobierno de EUA la desclasificación de documentos, informes, cables y telegramas que pudieran aportar información sobre su injerencia política en otros países.

Durante ocho meses se investigaron los nombres de las víctimas de 1968 en los registros disponibles de la IPS, la DFS y la Sedena dentro del Archivo General de la Nación.

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Parece una pregunta sencilla. ¿Quién, entre las miles de personas que se reunieron en la Plaza de las Tres Culturas la tarde del 2 de octubre de 1968, no llegó a casa esa noche? ¿Quién, en cambio, cayó en algún momento oscuro durante el fuego cruzado entre los agentes gubernamentales que disparaban desde los departamentos en el extremo de la plaza y los soldados que pululaban abajo? ¿Quién murió a causa de sus heridas, mientras una ambulancia de la Cruz Roja se abría paso por las calles de la Ciudad de México rumbo a una sala de emergencias? ¿Quién sucumbió días más tarde en una cama de hospital?

¿Quiénes son los muertos? ¿Cuáles eran sus nombres?

Y, ¿quién murió?

Ante la negativa del gobierno a explicar su papel durante los decenios que siguieron a 1968, otros lo intentaron: periodistas, escritores, ex dirigentes del movimiento estudiantil, historiadores, analistas políticos. Una “comisión de la verdad” independiente, creada en 1993, fracasó al no llegar a una conclusión definitiva debido a una falta de recursos, tiempo y autoridad; la Comisión Especial del 68 que lo intentó de nuevo en 1998, se vio maniatada por falta de evidencias.

En 1971, Elena Poniatowska escribió un recuento personal que sin precedentes, basado en testimonios. Líderes estudiantiles de la época, como Luis González de Alba, aportaron importantes testimonios presenciales de la matanza. Sergio Aguayo estableció nuevos hechos en su invaluable libro, 1968: Los Archivos de la Violencia. Su acceso sin precedentes a los documentos de la Secretaría de Gobernación (Dirección General de Investigaciones Políticas y Sociales) ayudó a que su análisis fuera el más definitivo de los que se han hecho hasta ahora.

Y, sin embargo, nadie ha resuelto el problema de los muertos. ¿Quién murió?

“…[U]no de los aspectos todavía pendientes de esclarecer es el número de muertos,” escribió Aguayo en 1998. “En tanto no se cierre este aspecto, difícilmente podría decirse que Tlatelolco tiene un punto final.” (Los Archivos de la Violencia, 250).

Nombres y números

¿Fueron cientos?

John Rodda, un reportero de deportes para el periódico británico The Guardian, estaba en México cuando ocurrió la masacre. Con base en lo que presenció y las entrevistas que realizó, Rodda originalmente reportó que 325 personas habían muerto en la Plaza de las Tres Culturas.

Muchos de los que estuvieron presentes esa noche en la plaza llegaron a la misma conclusión. Estudiantes, transeúntes y residentes del complejo habitacional de Tlatelolco relataron haber visto cientos de cadáveres; tirados en lagunas de sangre, apilados contra las paredes de la iglesia, o aventados dentro de camiones de carga que llegaron después de que terminó la balacera a levantar el tiradero.

En los días, semanas y años que siguieron a la matanza, el rango de estimación del número de víctimas fluctuó sin control. El vocero del presidente Díaz Ordaz, Fernando Garza, calculó poco después de que parara el tiroteo que unas siete personas habrían muerto; horas después, elevó el número a veinte. El Día contó 30 cuerpos. Siempre! Contó 40. El 5 de octubre, el Consejo Nacional de Huelga, que había organizado la concentración en Tlatelolco, dijo que 150 civiles y 40 soldados habían resultado muertos. “Ninguno”, dijo el general José Hernández Toledo a Proceso, cuando fue entrevistado en 1978. En 1993, Félix Fuentes -quien, como reportero de La Prensa en 1968, había escrito un estrujante recuento de primera mano de la masacre- sólo pudo especular. “El cálculo de víctimas fatales ha oscilado entre 200 y 1,500”.

De alguna manera, la estimación se estableció en 300. El número aparece repetidamente: en libros, editoriales, artículos, memorias. Yo he utilizado este número en mi propio trabajo escrito sobre el tema. Pero, sin documentación, este número carece de sentido. “Es terrible haber llegado a una cifra de muertos por consenso”, observó Aguayo (Los Archivos de la Violencia, 249). Y, al suponer números sin vincularlos con los nombres, confiscamos la verdadera identidad de las víctimas de Tlatelolco: sus rostros, sus familias, sus vidas antes de que éstas se perdieran.

Por supuesto, los documentos pueden llevar a equívocos. Los registros oficiales pueden contener errores y distorsiones, al igual que la memoria. Pero leídos colectiva y críticamente -y cotejados con fuentes secundarias y testigos presenciales- también pueden proveer la evidencia sólida que se necesita para la construcción de una historia precisa acorde con la verdad. Los documentos oficiales son las mejores armas que tenemos para desafiar décadas de silencio oficial acerca del pasado. También resuelven el problema de tratar de escribir la historia “por consenso” – lo que González de Alba criticó como un ejercicio de “supuestos de celda ociosa… sin datos, sin investigación, sin entrevistas a los contrarios, sin el trabajo detectivesco e histórico que los hechos merecían” (citado en Los Archivos de la Violencia, 13).

Nuestras Fuentes

Hay tres distintos grupos de documentos en el AGN.

La colección de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) en la Galería 1 del AGN, incluye cientos de documentos que contienen información reunida por el departamento de inteligencia después de la masacre, y numerosas referencias a los muertos.

En la Galería 2, los documentos de la Dirección General de Investigaciones Políticas y Sociales (IPS) de Gobernación también proporcionaron evidencia de quienes murieron en Tlatelolco. Un importante informe elaborado por el entonces Procurador General, Julio Sánchez Vargas, titulado “Tlatelolco: 2 de octubre”, contiene detalles de la autopsia de 15 personas identificadas como muertas en Tlatelolco, y otras diez adicionales que no fueron identificadas.

Los registros de la Secretaría de la Defensa, en la Galería 7, no contienen nada pertinente a la matanza de Tlatelolco. A partir de una revisión a la documentación que se encuentran en esa galería, queda claro que la Sedena reservó una gran cantidad de documentos de la colección que turnó al AGN. Por ejemplo, “partes militares” que anuncian la muerte de dos soldados del ejército el 2 de octubre, no las encontramos en los archivos, sino en un libro publicado por Proceso en 1980.

También consultamos el Informe borrador del Fiscal Especial, Que no vuelva a suceder, elaborado en 2005 con uso irrestricto de los archivos sobre la guerra sucia en el AGN. No resultó un documento útil. Aunque la sección que concierne a Tlatelolco es elocuente y detallada en lo que se refiere a la descripción del movimiento estudiantil de 1968, está plagada de errores, y no llega a ninguna conclusión definitiva sobre quién fue muerto el 2 de octubre. En el apartado de la lista de víctimas de Tlatelolco, por ejemplo, hay personas que murieron en protestas que ocurrieron antes del 2 de octubre (como Román Nájera Valverde, quien murió en agosto de 1968; ver p. 72, entre otros).

Hasta que la versión final del informe del Fiscal Especial se haga pública, resulta imposible utilizar el borrador para una investigación sobre los acontecimientos en Tlatelolco. Esperamos la decisión del presidente Fox de que sea publicado, como se comprometió a hacerlo.

Registro de los caídos en Tlatelolco

Ocho meses después de que Archivos Abiertos emprendió su búsqueda de documentos oficiales, puede ahora publicar una lista inicial y definitiva de los nombres de aquellos que fueron muertos en Tlatelolco. El resultado es sorprendentemente bajo, pero no por ello menos poderoso en sus implicaciones. A la fecha, en los archivos de la “guerra sucia” hemos encontrado registros que confirman la muerte de 44 hombres y mujeres. Treinta y cuatro están identificados por su nombre. Diez más se encuentran listados como “desconocidos”.

Puede haber otros, sin embargo no los encontramos ni en los archivos ni en ningún otro registro oficial. Continuaremos buscando nueva evidencia. Lo que sabemos, es que la muerte de cada uno de los 44 individuos encontrados en los documentos de la “guerra sucia”, se encuentra documentada en más de un documento gubernamental desclasificado. Cada una de ellas fue cotejada con las fuentes secundarias que consultamos. Cada una, representa una vida perdida en el insensato ataque de las fuerzas gubernamentales al movimiento estudiantil – un ataque que mató no sólo a estudiantes, sino a soldados, trabajadores, un maestro, un ama de casa, una empleada doméstica de 15 años, un padre desempleado.

Todos los documentos gubernamentales acerca de las 44 víctimas pueden encontrarse en la página Web del National Security Archive.

Con la esperanza de identificar a las diez víctimas de Tlatelolco que permanecen sin nombre, y a otras víctimas todavía no identificadas en los registros de la “guerra sucia”, Archivos Abiertos está lanzando ahora un nuevo blog, en el que familiares y amigos pueden registrar información, documentación, fotografías y recuerdos de los seres queridos a quienes perdieron el 2 de octubre. Esperamos ser capaces, mediante esta “convocatoria ciudadana” electrónica, de lograr una lista más definitiva sobre las víctimas de Tlatelolco, y a la vez honrar su memoria.

Para participar en el Registro de los caídos en Tlatelolco, visite la página Web del Proyecto México del National Security Archive.

Juntos podemos construir una historia más precisa de los acontecimientos en Tlatelolco – una historia basada en hechos, al igual que en los dolorosos recuerdos que aún permanecen.

Los Muertos en Tlatelolco

1. Miguel Baranda Salas
2. Carlos Beltrán Maciel
3. Cornelio Benigno Caballero Garduño
4. José Ignacio Caballero González
5. Bertha Corona Tafoya
6. Constantino Corrales Rojas
7. Alejandro Felipe Carbajal Galán
8. Carlos Cristóbal Fortanel Hernández
9. Cuitlahuac Gallegos Bañuelos
10. Luis Gómez Ortega
11. Fernando Hernández Chantre
12. Ramón Horta Ruiz
13. Cecilio de León Torres
14. Manuel Telésforo López Carballo
15. [Pedro] Gustavo López Hernández
16. Rosalino Marín Villanueva
17. Petra Martínez García
18. Agustina Matus de Campos
19. [Ana] Rosa María Maximiana Mendoza Robles
20. Reynaldo Monzalvo Soto
21. Manuel Nájera Oviedo
22. Leonardo Pérez González
23. Melitón Pérez Vitel
24. Jaime Pintado Medina o Gil
25. Pablo Pinzón Martínez
26. Jorge Ramírez Gómez
27. Guillermo Rivera Torres
28. Octavio Rodríguez Cid
29. Armando Reyes Haro
30. Gilberto Reynoso Ortiz
31. Juan Rojas Luna
32. Antonio Solórzano Gaona
33. Ana María Regina Teuscher Kruger
34. Gloria Valencia Lara de González

…y diez personas desconocidas más.

Liga al texto completo en la versión original en inglés: Los muertos de Tlatelolco, usando los archivos para exhumar el pasado. La traducción es de Lucía Luna para Agenda Oculta.

Relacionado: La guardia, testimonio del fotógrafo Enrique Metinides en la noche de Tlatelolco

Enrique Metínides, para la cónica fotográfica de Tlatelolco 68

 

Portada: Fondo Hermanos Mayo. Plaza de las Tres Culturas, 2 de octubre de 1968. AGN.

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