La arena no es para los dioses: “Espaldas planas”, serie fotográfica de Ariel Silva

Por Fabián Rivera

Lejos de ser un mero espectáculo de masas, la lucha libre es un hecho social, campo nutricio del cual pueden surgir diversas lecturas e interpretaciones.

Esta fue la perspectiva retomada por el fotógrafo Ariel Silva (Ciudad de México, 1984), creador de la serie Espaldas planas, conjunto de imágenes a color, en formato digital, a través de las cuales retrata las dimensiones social y personal de este deporte, practicado en forma amateur y semiprofesional en Chiapas.

Para Ariel (recientemente galardonado en el 20 Concurso Latinoamericano de Fotografía Documental) la lucha libre está más allá del deporte y aún más allá de la superficialidad del entretenimiento. En este círculo del infierno, ser un luchador alcanza registros dignos de un estudio sociocultural o bien antropológico.

La lucha libre en Chiapas es un universo paralelo al de los grandes reflectores, donde los amos del pancracio son estrellas refulgentes que brillan con fuego maniqueo, polarizaciones definidas del Bien y el Mal (las mayúsculas son necesarias).

En esta parte de México los luchadores, no pudiendo evitar la obvia comparación superacionista, son en verdad luchadores de la vida.

Taxistas, peones, carniceros, albañiles, obreros, se transforman en dioses de la arena para ganarse unos cuantos pesos y llevar más pan a la mesa, ganarle la batalla a la pobreza y de paso, ser aplaudidos o ser repudiados, según el bando que la máscara les indique sobre el cuadrilátero. Porque, al contrario de lo que muchos piensen, la máscara elige al luchador y define su personalidad.

Ariel Silva decidió ir más allá del registro periodístico en el que todo relumbra, en el que la malignidad o el heroísmo son los ejes principales de la nota diaria que tiene dos destinos: engrosar los archivos del periódico o bien, envolver flores en cualquier mercado.

Después de cada lucha, el fotógrafo iba tras bambalinas a escuchar las historias, a probar con su lente a qué sabía la gloria o la derrota. Porque la lucha, así como la vida, no equivoca sus golpes, no escupe al pavimento en falso. Todo es premeditado, todo tiene una razón de ser en el universo de la arena atrapada por la lente.

Serie "Espaldas Planas", de Ariel Silva.

Serie sobre la lucha libre "Espaldas Planas", de Ariel Silva.

Serie "Espaldas Planas", de Ariel Silva.

Espejo multiforme

“Retratar la lucha libre amateur”, asegura el fotógrafo en la introducción del proyecto, “no es otra cosa que retratarnos a nosotros mismos en un espejo en el que también viven la injusticia, la lucha del bien contra el mal, la fatalidad, la consagración, la tragedia, la risa, el llanto, la burla, la hermandad, la derrota y, sólo a veces, la victoria”.

A ello apunta, como suerte de justificación, el hecho de que desde sus inicios, la lucha libre en el estado no ha gozado de reconocimiento económico ni se le ha otorgado prestigio ni dignificación al deporte.

Y detalla: “Las razones de que esto suceda son, básicamente, la gran difusión que se le da a la lucha libre profesional que eclipsa a la que se hace en provincia, y las inimaginables dificultades en el día a día que enfrentan los luchadores locales: pobreza, desempleo o tener que lidiar con más de un trabajo; lesiones, bajo nivel educativo, falta de espacios, entrenadores y servicios médicos”.

“Ésta lucha, la de acá, tiene sus propias leyendas y un listado de numeroso personajes nacidos desde el imaginario local que se mezclan con el cine comercial (el que hemos visto absolutamente todos, inspirado en personajes como Chucky, los Gremlins, diversas criaturas de la noche y superhéroes como Batman, Spiderman y Flash), que al mismo tiempo tienen qué ver con los máximos ídolos de la lucha libre profesional mexicana (como El Santo, La Parca, Octagón, Tinieblas o El Místico) y hasta con la política (Bin Laden, Obama, Fox) y el mundo del espectáculo (Gloria Trevi, El Chavo, Paquita la del Barrio)”.

En un escenario opacado por la desigualdad social y las pocas oportunidades de desarrollo, surge la lucha libre como divertimento, como paliativo para aliviar las preocupaciones diarias y como fuente de ingresos para padres de familia y jóvenes trabajadores o estudiantes.

Espaldas Planas es un proyecto fotográfico iniciado en 2010, gracias a la beca artística del Programa para la Creación y Desarrollo Artístico (PECDA), que otorga el gobierno de Chiapas, a través del Consejo Estatal para las Culturas y las Artes (Coneculta).

El trabajo desde entonces continuó, y fue retomado para ser producido en formato de libro con el financiamiento y la asesoría del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) y el apoyo de la Beca Jóvenes Creadores edición 2012.

Serie "Espaldas Planas", de Ariel Silva.

Serie sobre la lucha libre "Espaldas Planas", de Ariel Silva.

Serie "Espaldas Planas", de Ariel Silva.

La entrevista

¿Cuál es el valor de la sangre sobre el cuadrilátero?

Si no hay sangre no hay dolor. “Máscara, sangre y sudor”, es la trinidad de la lucha libre. Es de lo que se alimenta el ánimo de las multitudes y el ego de los luchadores. Al haber sangre, el combate toma otros vuelos, cambia, se vuelve algo personal entre los que combaten sobre el cuadrilátero.

La sangre funciona como la gran parábola de la lucha libre. Indica el momento del éxtasis.

¿Qué relación personal guardas con la lucha libre? ¿Has sido aficionado de cepa o te acercaste justo en este punto de tu vida, en el que desarrollas un lenguaje fotográfico propio?

Hasta los 9 años viví en el Distrito Federal, capital no sólo del país, sino también de la lucha libre. Vivir en el DF y no tener ninguna relación con fenómenos como éste o el fútbol, es casi imposible, ya que forman parte del imaginario colectivo local.

Tengo recuerdos vagos, sin embargo nunca fui tan aficionado al deporte. Esa época, los noventa, es considerada por muchos como la época de plata de la lucha libre mexicana, sólo superada por el imperio de años anteriores formado por figuras como El Santo, Blue Demon y Mil Máscaras.

Así, en el tiempo que me tocó existían todavía grandes luchadores, como Octagón, Rayo de Jalisco, El Vampiro Canadiense, Conan, Sangre Chicana, La Dinastía de Los Brazo, Pierrot. Todos ellos catapultados por el boom que suscitó la fundación de la empresa Triple A y las funciones de lucha libre televisadas en horario estelar.

Yo era más bien de los que veía la lucha por televisión, sólo una vez asistí a la arena. Recuerdo que disfrutaba mucho los comentarios de los locutores y la parte que más me gustaba era al iniciar cada pelea, cuando anunciaban a los luchadores que se iban a presentar: oscuridad total, silencio, humo, de pronto un estruendo, la multitud grita, se ilumina la escena con focos de colores, y por el pasillo, en traje de gala, aparecen los luchadores enfilados al cuadrilátero. Un ritual que disfrutaba pero que pude entender muchos años después.

Con la lucha libre me acompañan recuerdos de mi niñez y de la ciudad en la que crecí, de mi abuelo, de las tardes en que jugaba con los amigos a ser luchador y de los mundos de fantasía que creía podían ser posibles.

Ahora, 20 años después, comprendo el fenómeno y lo abordo fotográficamente desde otras perspectivas, más humanas y un tanto distantes a la primera visión que tuve, cuando era niño. Hoy, no puedo ver a los luchadores sin pensar en la persona detrás de la máscara y tampoco puedo dejar de preguntarme por qué lo hacen, cuáles son sus motivaciones, su pasado y, claro, no me gusta darme cuenta de que es muy posible que la condición de luchador no sea una elección de vida, sino la respuesta de personas comunes y corrientes para sobrevivir en un país que les ha dado la espalda.

Entiendo las líneas generales de tu proyecto ¿cuál fue el detonante que te sirvió como punto de partida para iniciarlo?

Desde el inicio nunca pretendí abordar el tema desde el punto de vista deportivo. Siempre pensé en que la serie debía resaltar al ser humano antes que al luchador. El proyecto en su conjunto busca eso, retratar quiénes son, cómo son y cómo viven; dónde luchan y bajo qué condiciones; a qué se dedican y el valor de la familia.

Durante mucho tiempo, trabajando en prensa, cubrí funciones de lucha libre. Hacía las fotos necesarias para la publicación y, al terminar, me colaba a los vestidores y charlaba con algunos luchadores. Tenía curiosidad de conocerlos sin la máscara y saber a qué se dedicaban el resto del tiempo.

Así, supe que taqueros, estibadores, taxistas, sastres, carniceros, vigilantes, comerciantes, policías, albañiles y maestros, de lunes a sábado eran esposos y padres de familia trabajadores, y las noches del domingo se convertían en valientes guerreros, capaces de todo, hambrientos de triunfo, y siempre con la necesidad de unos pesos para llevarse a casa.

El proyecto nace como una suerte de crítica que ocupa como referencia a este fenómeno social que, al mismo tiempo, sintetiza la expresión popular de una época, de una generación y de un sentir colectivo, manifestado en un montaje del ambiente político, económico y cultural de la sociedad.

A la par, una de mis motivaciones principales es producir un documento a manera de memoria gráfica que avale, mitifique o desmitifique estas historias y a estos personajes que las viven. Ya que estos luchadores de la vida no sólo corren el peligro de pasar sin pena ni gloria en el imaginario colectivo local, sino que se deja pasar por alto una importante manifestación socio-cultural que tiene que ver con una significativa expresión del pueblo mismo y de su manera de divertirse, entretenerse, de ser y de pensar.

Serie "Espaldas Planas", de Ariel Silva.

Serie sobre la lucha libre "Espaldas Planas", de Ariel Silva.

¿Podrías relatarme la experiencia más trascendente que has vivido en el transcurso de este proyecto?

Cada encuentro privado con un luchador para una sesión de fotos es una experiencia, así como cada función. Siempre es distinto, nunca sabes lo que vas a encontrar. La sorpresa es una constante. El luchador es una figura emblemática que ofrece múltiples posibilidades fotográficas. Me refiero al juego visual que propone un hombre normal que ha inventado un personaje, cuyo valor más preciado resulta la máscara y el disfraz.

También está la máscara que es todo menos un trozo de tela adornado con piel y charol, sino que constituye una obra artesanal y artística que se expresa a través de las costuras, los cortes y los acabados de su confección. Esa máscara resguarda y protege, infunde valor y es refugio en la derrota.

¿Cuál sería para ti la mejor recompensa?

Lograr editar un trabajo valioso, serio, que cumpla con la función social que pretende la serie: preservar en la memoria los nombres y las hazañas de hombres que no persiguen la fama pero sí la gloria; las historias llenas de drama y sacrificio, en las que la paga es mínima y el peligro siempre acecha, ya que en Chiapas no existe ningún material −ni literario, bibliográfico o registro visual− que contenga tales historias o el panorama actual que vive este deporte-espectáculo en el Estado.

Oficio o sacrificio ¿cuál es tu definición de este deporte?

Se trata de un oficio lleno de sacrificios. Para practicarlo, no sólo prima ser un apasionado, sino contar con el apoyo y la aprobación de la familia. Es también un performance popular, una breve pieza teatral de dos o tres caídas en la que los actores son personas normales interpretando un personaje. Personas que se protegen bajo la más valiosa de sus posesiones: la máscara. Y con ella juegan a ser otro, se transforman, y pueden ser quienes de niños soñaron: el justo, el que vela por los demás haciendo el bien, el rudo, el gandalla, el valiente, el que nunca le tiene miedo a nada.

¿Consideras que existe una línea narrativa al interior de la serie fotográfica? 

Retrato el fenómeno a través de los símbolos que creo hacen distinta la lucha libre de Chiapas al del resto del país. Me refiero a la estética del luchador, a los lugares en los que entrena y combate y a la mezcla de elementos extranjeros y nacionales con los locales.

Los símbolos forman parte de todas las culturas. Encierran el conocimiento de los pueblos, su visión del mundo y sus tradiciones. En las máscaras de los luchadores, en su vestimenta y en los mismos nombres, podemos encontrar una gran variedad de estos símbolos y connotaciones. Desde los que tienen que ver con nuestras raíces hasta las que evocan referencias tradicionales y regionales.

Serie "Espaldas Planas", de Ariel Silva.

Serie "Espaldas Planas", de Ariel Silva.

Serie "Espaldas Planas", de Ariel Silva.

Serie "Espaldas Planas", de Ariel Silva.

Serie "Espaldas Planas", de Ariel Silva.

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