Nick Cave, guía para entrar y salir del Infierno


I ain’t down here for your love or your money:

I’m down here for your Soul.[1]

Nick Cave, “Deanna”

Por:   Carlos Mal Pacheco 

Un jovencito forma una banda punk en los setentas y su música suena como Robocop en una sala de torturas de la Inquisición. El muchacho se mete heroína en cantidades gargantuescas (siempre me ha gustado esta palabra, pero nunca había encontrado la ocasión de utilizarla en una frase) y se vuelve, además, un alcohólico. El joven músico emprende un viaje de redescubrimiento y se purifica. Su música se hace más dulce, pero sus notas y sus letras son cada vez más poderosas y tiernas. Dios lo recompensa con una supermodelo como consorte y una horda increíble de fanáticos. Fin.

Esta podría ser la historia de Nick Cave, pero vista así, es también la de Johnny Cash, Jim Morrison, de Tom Waits, de Scott Weiland, Axl Rose y, por el amor de Dios, hasta podría ser la de Britney Spears. Pero el Diablo está en los detalles: Nick Cave nació en una ciudad de Australia cuyo nombre se me queda entre los dientes como pelusa de gato: Warracknabeal. Los dos hombres más admirables del mundo, Nick Cave y mi padre, nacieron en 1956.

Nick Cave pasó sus años más tiernos siendo educado en la religión y en la estricta continencia de sus padres. Por supuesto, se repitió el cliché, y el joven Cave se rebeló contra sus autores terrenales y eternos y dejó sus estudios de arte para perseguir la musa drogada y tatuada del punk.

Formó la banda “The Boys Next Door” (¡casi se llamaba “Backstreet Boys”!) con sus amigos de la secundaria para poco después cambiar el nombre a “The Birthday Party”. Estos detalles aburridos son sólo para que ustedes, lectores, sepan que he hecho mi tarea con respecto a Nick Cave. Lo importante es que la música inicial de Mr. Cave y su banda era de un post-punk con metales severos y distorsiones más creativas que deleitables. Aun así, una sola cosa hizo que Cave y su banda tuvieran cierto reconocimiento a pesar de la horrorosa música de los primeros años: la insólita y contagiosa energía de Nick Cave en vivo.

Nick Cave, en el escenario, sigue la escuela inmortal iniciada por Mick Jagger y perpetuada por Jim Morrison, Iggy Pop y Scott Weiland, y esta escuela consiste en un hombre enloquecido, afeminado y flaquísimo moviéndose como gallina por el escenario, entregándose intensamente a la interpretación, como si de ello dependiera la vida de un montón de huérfanos en un camión en llamas. Me gusta imaginar que así habría bailado don Quijote.

Nick-Cave (2)

Este tipo de actuaciones era la regla para la banda hasta los noventas. Los asistentes a un concierto más contemporáneo notarán que mister Cave, aunque sigue haciendo sus “jaggers”, los alterna con una nueva imagen: la del cantante sentado, con un cigarrillo fumándose solo sobre el piano. Y lo ven acariciar la fila ósea del teclado y escuchan letras de una ternura grosera y satánica como estas (imaginen estas palabras cantadas con un piano dulcísimo):[2]

 "I put one hand on your ripe heart

and the other down your panties”.[3]

Porque hubo un cambio notable entre el Nick Cave punk y el Nick Cave indescriptible de los noventas y hoy en día. Pongámoslo así: los antiguos fans de Nick Cave eran una turba de adolescentes “góticos” con maquillaje que creían que Cave era cool porque hablaba de perdición, drogas y el Diablo. Estos jovenzuelos imbéciles no comprendían porqué el Nick Cave que escribió canciones como “Europa pendeja”, “Motín en el paraíso”, “Cristo del basurero”, “Escoria”, “Muerto en la cabeza” y letras con escupitajos y eructos en vivo, de repente comenzó a escribir cosas como:

l hold this letter in my hand(…)

I kiss the cold white envelope

Press my lips against her name(…)[4]

Nick-Cave (3)

La diferencia, para muchos fue demasiado radical. Muchos acusaron a Cave de haberse “ablandado” con los años, pero ahí está de nuevo el error de separar al artista en etapas. La ternura y religiosidad de Nick Cave han estado con él desde el principio. Y de la misma manera, pero en sentido contrario, la violencia y estridencia nunca han desaparecido de sus composiciones; un ejemplo del Cave post-punk:

 “Yeah, I’m Stagger Lee and you better get down on your knees

And suck my dick, because if you don’t you’re gonna be dead”.[5]

Nick Cave siempre se ha burlado de los góticos, que no saben que sus letras obscuras y pesimistas tienen más que ver con su lectura de los Evangelios y su idea personal de Jesucristo como el Verbo —o mejor dicho el Verso—, la Canción de Canciones. En un disco especial que tituló “La vida secreta de la canción de amor”, Nick Cave habla entre canción y canción sobre la profunda dependencia que su música tiene con una visión trascendental del mundo: “La canción de amor existe para llenar, con el lenguaje, el silencio entre nosotros y Dios; para disminuir la distancia entre lo temporal y lo divino.”

Otros cantantes (Ozzy Osbourne y Marilyn Manson, por mencionar sólo a dos famosos) han explotado la vena religiosa en sus obras, pero sus resultados risibles son prueba de que esto obedece más a un simulacro que a una convicción personal. En Nick Cave lo genuino se sale por los lados como demasiada mermelada en un pan chiquito. Junto a Bob Dylan, Leonard Cohen y Tom Waits, es considerado poeta en los países de habla inglesa.

 Nuestro australiano le ha dado a su discografía, poco a poco, la forma bien definida de una escalera hacia la redención. Pero Nick Cave no es un autor de música cristiana ni mucho menos. Él mismo, como William Blake y John Milton, defiende una idea antirreligiosa indudable: su lectura de la Biblia, su relación personal con Dios y su interpretación del mismísimo concepto de Salvación podrían ser sumamente incompatibles (hasta contrarios) con los comúnmente aceptados: el amor erótico es para él una escalera al cielo. Pero a diferencia de los místicos monásticos de Occidente, este amor es abiertamente sexual, natural y violento. El verdadero amor nace y muere en el deseo y la virginidad es un deseo estancado que engendra alimañas infernales. La hipocresía es el enemigo, no el Diablo. El Diablo es un ángel impío como nosotros, y al ser casi humano, merece nuestra piedad. Dios sonríe a quienes se le rebelan por amor. El Cielo es una taberna deliciosamente impura o un hotel de camaradería. La paz está en saber que todo está en armónica corrupción por voluntad de Dios. La injusticia y el crimen son huellas de la transitoriedad de la materia: lo poético del asesinato está en su contundente recordatorio de que no somos dioses. Y así podría seguir.

 Nick-Cave (4)

Su música es mi padre estético. Y aunque no soy precisamente un músico, es posible encontrar en la herencia de Nick Cave la tan maltratada y mal definida inspiración, que no es en verdad un momento epifánico, sino un instante lento de formación y transformación: un relámpago que no cesa. La historia de su errático andar por el mundo de la música y la poesía imita la demente historia de Orfeo, a quien le dedica uno de sus más recientes álbumes. Él también ha andado los pasos del Infierno y los ha desandado trayendo consigo claves de oro que envenenan y enamoran.

Lo que inició como otro buen músico haciendo música cada vez mejor se transformó en un artista que me recordó que las obras de arte no sólo son simbólicas, sino emblemáticas, y que forman sistemas de sentido más grandes que la obra misma. Oír un disco de Nick Cave es una agradable experiencia auditiva. Pero adentrarse en sus letras, sentir su evolución a través de su discografía, leer sus escritos, novelas y obras de teatro es una experiencia completamente diferente. Para sentir la austeridad y patetismo de Cervantes es necesario leer sus Novelas ejemplares y su teatro. Para comprender a Goya es necesario ver sus poderosas obras negras junto a sus ingenuas obras decorativas. Es imposible escuchar todo Nick Cave sin sentir que su música es un ascenso espiritual, pero no de esos ascensos mariguanos de meditación trascendental y basura new age que te hacen sentir bonito. Es un viaje de purificación que nos deja aterrados e incómodos. Así debería ser la vida.

 And if you should wake tomorrow the fences are all torn down

The woods are full of howling beasts and there ain’t nobody around(…)

There’s just the gods above making it safe to graze.[6]

 Notas:

1. “No vine por tu dinero, / no vine por tu amor, / no vine por tu amor o tu dinero: / vine hasta acá por tu alma.” (La horrenda traducción de los versos de Cave en este texto es mía). Nota del autor.

 2. Escribir sobre música es un desafío paralelo a describir una pintura. Pero los escritores tenemos una plétora de metáforas que pueden pasar muy cerca de la verdad: la voz de Nick Cave suena como un escorpión negro atrapado en un néctar espeso de veneno.

 3. “Pongo una mano en tu redondo y maduro corazón / Y la otra hacia tus panties.” De la canción “Babe, you Turn me On” (“Nena, tú me enciendes”).

 4. “Sostengo esta carta en mi mano / Beso el sobre frío y blanco / Oprimo mis labios contra el nombre de ella.”

  De la canción “Love Letter” (“Carta de amor”).

 5 . “Así es, soy Stagger Lee y es mejor que te pongas, pero ya, de rodillas / y me chupes el pito, porque si no lo haces te voy a matar.” De la canción “Stagger Lee”.

 6. “Si despiertas mañana y las cercas están rotas / Y los bosques están llenos de bestias que aúllan y no hay nadie a tu alrededor... / son sólo los dioses, procurando que sea seguro pacer”. De la canción “Sheep May Safely Graze” (“Las ovejas pueden pacer tranquilas”), canción de cuna para su hijo Luke.



 

 

 

 

 

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