¿Por qué agentes de la patrulla fronteriza están disparando a México y matando a civiles?

El periodista John Carlos Frey ha realizado un trabajo de investigación para el Washington Monthly en colaboración con el Fondo de Investigación del Nation Institute. En el trabajo se da seguimiento a los tiroteos que involucran a la patrulla fronteriza en los límites México-Estados Unidos en los que connacionales han perdido la vida.   En los últimos cinco años, la patrulla fronteriza ha disparado al menos 10 veces matando a un total de seis personas en territorio mexicano. Los asesinatos han quedado impunes después de que una corte falló que el reclamo de las víctimas mexicanas no tienen legitimidad para demandar en los tribunales de E.U.A. ya que han muerto fuera de su territorio.

A continuación, una traducción del artículo publicado por el Washington Monthly en la edición de mayo.

***

Hasta momentos antes de que la patrulla fronteriza de Estados Unidos lo matara a tiros la noche del 10 de octubre de 2012, José Antonio Elena Rodríguez había pasado una agradable velada en su ciudad natal de Nogales, México. Había visitado a su novia, Luz, y visto la televisión con su familia. A eso de las once,  preguntó a Luz si quería acompañarlo en su rutina nocturna a comprar un hot dog  en la tienda donde su hermano trabajaba. Cuando ella se negó, partió solo a la caminata de cinco minutos  por la Avenida Internacional.

Casi al mismo tiempo al otro lado de la frontera, un oficial de Nogales, Arizona, llamado Quinardo García respondió a una llamada sobre "sujetos sospechosos" corriendo al sur hacia la pared de cuatro metros que divide las dos ciudades. A las 11:19 horas, agentes de la patrulla fronteriza incluyendo al oficial canino John Zuñiga, llegaron como respaldo.

Los dos hombres mexicanos llevaban mochilas grandes de acuerdo con el informe policial. García y Zúñiga declararon que asumieron que los paquetes contenían narcóticos ilegales y que los dos hombres estaban tratando de evadir la captura. "Entonces oí que varias rocas empezaron a golpear el suelo, miré hacia arriba y vi las rocas volando por el aire", continúa el relato de Zúñiga. "Cuando traté de cubrirme entre una pared de ladrillo y una pequeña colina de tierra, oí a un agente decir, ¡Hey tu perro ha sido golpeado! ¡Tu perro ha sido golpeado!".

"Pasé la patrulla del oficial García y vi a dos sujetos de sexo masculino escalando la cerca internacional que estaban tratando de saltar hacia México", escribió  Zúñiga en su informe. "Les di varias órdenes para que bajaran, entonces decidí usar a mi perro asignado, Tesko y sostenerlo con la correa y asegurar el área en caso de que los sujetos masculinos bajaran. Momentos después, más agentes de la patrulla fronteriza llegaron a la escena".

Los agentes respondieron abriendo fuego a través de la frontera hacia las oscuras calles de Nogales, México. Ninguno de ellos dijo haber sido golpeado por las rocas, el perro fue el único. Cuando los agentes dispararon, José Antonio había recibió dos balas en la parte posterior de la cabeza, por lo menos seis balas más entraron en la parte posterior de su cuerpo después de que cayera al suelo.

Aterrizó boca abajo en la acera y murió allí, en las afueras de una pequeña clínica en cuyo cartel se lee "Emergencias Médicas". Estaba desarmado de acuerdo al informe de la policía de Nogales, México. Al momento de este escrito, funcionarios de la patrulla fronteriza se negaron  a comentar, mencionado una investigación en curso por el FBI, que también ha declinado hacer comentarios.

Muertes por disparos de agentes de la patrulla fronteriza fueron alguna vez una rareza. Sólo un puñado se registraron antes del 2009. Aún más raro eran los casos de agentes disparando a mexicanos en su propio lado de la frontera. Un ex funcionario de la administración Clinton que trabajó en temas de seguridad fronteriza en la década de 1990 dice que no puede recordar un solo tiroteo transfronterizo durante su mandato. "Los agentes salían de su manera de no perjudicar a nadie y mucho menos disparar a través de la frontera", dice. Sin embargo, una investigación conjunta del Washington Monthly y el Fondo de Investigación del Nation Institute ha encontrado que en los últimos cinco años los agentes fronterizos de Estados Unidos han disparado a través de la línea al menos diez veces, matando a un total de seis mexicanos en territorio mexicano.

Amigos y familiares de Ramsés Barrón cargan el féretro por las calles del centro de Nogales como protesta y en demanda de justicia por la muerte del joven de 17 años que perdió la vida a causa del disparo que recibió a manos de un agente de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos. Foto: Alonso Castillo.

No hay duda de que los agentes se enfrentan a una tarea difícil. Entre 2007 y 2012, veinte han muerto en servicio; la mayoría de estas muertes fueron el resultado de accidentes pero cuatro se debieron a la violencia en la frontera. Por ejemplo, en 2010 el agente Brian A. Terry fue abatido cerca de Río Rico, Arizona, en la zona de operaciones de la patrulla fronteriza de Nogales, por el fuego de un AK-47  después de que él y su equipo se encontró con cinco sospechosos de narcotráfico. En 2012, el agente Nicholas J. Ivie fue asesinado por fuego amigo después de haber sido confundido por otros agentes con un traficante armado.

Pero después de un rápido aumento en el número de agentes de la patrulla fronteriza entre 2006 y 2009 ha surgido un patrón perturbador de uso excesivo de la fuerza. Cuando empecé a notar esta serie de tiroteos transfronterizos, supuse que al menos algunas de las víctimas eran traficantes de drogas o traficantes de personas que tratan de evitar su captura. Sin embargo, la verificación de antecedentes reveló que sólo uno tenía antecedentes penales. Cuando comencé a cavar más profundamente, resultó que la mayoría de las víctimas ni siquiera eran migrantes sino simplemente residentes de las ciudades fronterizas mexicanas como José Antonio, que hizo algo que parecía sospechoso a un agente o estaba cerca cuando los agentes fronterizos dispararon a otra persona.

En un caso, los agentes mataron a un padre de cuatro hijos de treinta años de edad mientras estaba recogiendo leña lo largo de las orillas del Río Grande. En otro, un joven de quince años de edad recibió un disparo mientras veía a un agente de la patrulla fronteriza detener a un migrante. En otro más, los agentes dispararon a un hombre de treinta y seis años de edad, mientras estaba en un día de campo para celebrar los cumpleaños de sus hijas.

A medida que el debate sobre la reforma migratoria se calienta en el capitolio, el aumento de la seguridad fronteriza es probable que sea la condición de cualquier camino hacia la ciudadanía para los millones de trabajadores indocumentados que actualmente viven en los Estados Unidos. Esto vuelve urgente examinar el desempeño de la patrulla fronteriza. La imagen que emerge de esta investigación es la de una agencia operando con miles de novatos mal entrenados y fallando al proporcionar la transparencia, rendición de cuentas y las claras  reglas de compromiso que los estadounidenses comúnmente esperan de las agencias encargadas de la aplicación de la ley.

Hasta ahora los tiroteos a través de la frontera aún no atraen mucha atención internacional. Si continúan, sin embargo, es fácil imaginar  a los Estados Unidos no sólo atacados por activistas de los derechos humanos en todo el mundo, sino también de poner en peligro su postura de presionar a otros países, como Israel, de que se abstengan de disparar contra ciudadanos desarmados través de sus fronteras.

En 2006 la administración Bush comenzó a aumentar rápidamente el tamaño de la patrulla fronteriza, marcando el comienzo de una campaña de reclutamiento fanático. Aduanas y Protección Fronteriza (CBP por sus siglas en inglés) gastaron millones en anuncios de televisión que se trasmitieron durante los partidos de fútbol de los Vaqueros de Dallas e imprimieron anuncios que aparecieron en programas del juego de estrellas de la NBA y los playoffs NCAA. CBP incluso patrocinó un auto de carreras en NASCAR para la temporada 2007.

Colonia Buenos Aires en el sector en el que Ramsés Barrón, de 17 años, recibió un disparo que le perforó un pulmón de parte de un agente de la patrulla fronteriza del estado de Arizona. Nogales, Sonora. Foto: Alonso Castillo.

En menos de tres años, la agencia contrató a 8.000 nuevos agentes, lo que hace de CBP una de las mayores agencias de la ley en los Estados Unidos. Debido a que los reclutas calificados eran tan difíciles de encontrar, la patrulla fronteriza tuvo que bajar sus estándares, aplazando la verificación de antecedentes y relajando los regímenes de entrenamiento. Detectores de mentiras que antes eran una práctica común se suelen omitir.

Richard Stana, director de Seguridad Nacional y Justicia en la Oficina de Responsabilidad del Gobierno, testificó ante el Congreso en 2007 que "la rápida adición de nuevos agentes" podría "reducir el nivel de experiencia general de los agentes asignados a la frontera suroeste", y que CBP podría estar apoyándose en "agentes menos experimentados" para supervisar a los nuevos reclutas. Habló aún más francamente en una entrevista en la Radio Pública Nacional: "Cada vez que hemos tenido una aceleración de este tipo en el pasado, la propensión a tener una mala manzana o dos va hacia arriba. Y si no tenemos supervisores para identificar las manzanas podridas, luego se quedan a bordo".

Al mismo tiempo, la CBP ha sido reservada sobre las directrices que sus agentes se supone deben seguir. Mientras que una rápida búsqueda en Google te llevará a los protocolos de uso de la fuerza para los departamentos de policía de grandes ciudades como Nueva York y Los Angeles, las directrices y manuales de capacitación para los más de 21.000 agentes de CBP son difíciles de encontrar. El Departamento de Seguridad Interna, que supervisa a CBP, rechazó peticiones de Freedom of Information para ver sus directrices.

Al menos esto se sabe a ciencia cierta, sin embargo un acuerdo internacional con funcionaros  mexicanos establece que los agentes de la patrulla fronteriza tienen prohibido disparar sus armas a México desde los Estados Unidos bajo ninguna circunstancia. En su lugar, se supone que llamará a las autoridades mexicanas cuando se produzca un incidente en el lado mexicano de la frontera.

En concreto, se supone que los agentes deben notificar al Centro de Investigación y Seguridad Nacional en la Ciudad de México, así como a la policía local más cercana al incidente. El protocolo establece específicamente que mexicanos tirando piedras o mostrando armas son delitos sensibles al tiempo requieren  una respuesta inmediata por parte del gobierno mexicano. Una vez que las autoridades mexicanas han sido notificadas, el protocolo dirige agentes estadounidenses hacia a las agencias de respuesta en el área del incidente.

El caso de José Antonio y otras víctimas de tiroteos ilustran, sin embargo, que tales sutilezas suelen quedar en el papel. El informe de la  policía de Nogales, México indica que CBP no notificó a las autoridades mexicanas cuando vieron a los dos hombres tratando de escalar la valla fronteriza hacia México ni tampoco se informó que estaban siendo lanzadas piedras contra los agentes estadounidenses.

El 3 de septiembre de 2012, Arévalo Pedroza, un trabajador de la construcción desde hace mucho tiempo, llevó a su familia y algunos amigos a un picnic para celebrar el cumpleaños de sus hijas. Alrededor de 16:00, Pedroza se detuvo en un área recreativa al aire libre  en la orilla sur del río Bravo llamado el Patinadero. Había familias con niños por todas partes. Algunos nadaban, otros comían y otros estaban simplemente relajándose bajo el sol de la tarde. Pedroza se puso a trabajar en la parrilla.

Mientras, a 200 metros de distancia al otro lado del río, una embarcación de la patrulla fronteriza flotaba  manteniendo el ritmo de la corriente del río. Un agente conducía mientras que el otro apareció según testigos mexicanos que entrevisté,  revisando la orilla del río en busca de algo o alguien. Luego, en el lado americano, un hombre latino saltó al río, al parecer tratando de evadir a los agentes en el barco a nado hacia México. Tan pronto como los agentes le advirtieron, el conductor pisó a fondo el motor y aceleró para cerrarle el paso, rodeándolo y creando grandes olas para hacerle difícil nadar.

"Ayúdame, ayúdame", gritó en español el hombre en el agua a las personas que habían comenzado a reunirse para ver la escena que se desarrollaba en el parque. "Están tratando de ahogarme". Olas pasaban sobre su cabeza; los testigos dicen que al menos en dos ocasiones el barco pasó directamente sobre él. La multitud empezó a gritar a los agentes en español para que dejaran en paz al hombre. Varios testigos me dijeron que estaban seguros de que los agentes lo iban a ahogar.

De repente sonó una rápida serie de ocho a diez disparos. Al principio, pocos en la costa podrían decir de dónde venían los disparos pero tres testigos mexicanos me dijeron que pudieron ver a los agentes en el bote apuntando con sus rifles y abriendo fuego directamente contra la multitud.

Mariana, la hija de Pedroza de diez años de edad,  oyó una bala pasar por la cabeza. Ella me lo describió como un sonido agudo, como algo que rasga el aire mientras pasaba volando. Sin pensarlo se dio la vuelta y echó a correr del río tan rápido como pudo. Otros en la multitud también huyeron por sus vidas.

Todo el incidente duró sólo unos segundos. Una vez que los disparos se detuvieron, la confusa multitud miró al otro lado del río. Los agentes permanecieron inmóviles durante un largo minuto y continuaban apuntando sus armas a los excursionistas. A continuación, una mujer comenzó a gritar a los agentes en Inglés: "¡Eso es contra la ley, eso es contra la ley! "Fue hasta entonces que la esposa de Pedroza, Isabel, se dio cuenta de que su marido estaba tendido en la orilla del río, boca arriba, sangre le  brotaba del pecho. Se dio la vuelta desesperada en busca de ayuda. "¡Le dispararon -gritó-, le dispararon!". Ella comenzó a llorar histéricamente.

Otros excursionistas comenzaron a gritar obscenidades a los agentes que permanecían inmóviles en su barco. Por ahora Isabel gritaba con incredulidad, "¡Lo mataron! ¡Lo mataron!". Otros se unieron a los gritos y burlas dirigidas a los agentes. Finalmente los agentes apagaron su motor como si trataran de escuchar. A medida que los gritos de la multitud se hicieron más fuertes, los agentes aplastaron el acelerador y huyeron río arriba.

Pedroza permaneció inmóvil. Tenía los ojos abiertos  recuerda Isabel, pero él estaba mirando fijamente al cielo y no parecía estar consciente. Sus hijas se arrodillaron a su lado tratando de consolarlo pero no estaba respondiendo.

Una autopsia realizada por el Departamento de Policía de Nuevo Laredo demostró más tarde que le habían disparado una sola vez a través del pulmón derecho. El gobierno mexicano emitió una declaración condenando el incidente, diciendo: "El uso de fuerza excesiva o letal por la patrulla fronteriza de los E.U.A. en este asunto es inaceptable".

La patrulla fronteriza también emitió una declaración diciendo que los disparos fueron realizados debido a que los agentes habían sido "blanco de rocas que fueron lanzadas contra ellos desde el lado mexicano". La patrulla fronteriza dijo que una investigación del FBI sobre el incidente está en curso pero ninguno de los testigos con los que hablé, incluyendo la esposa de Pedroza y su amigo Josué González, que estaba a su lado cuando murió, dicen que nunca han sido contactados. "Incluso si se arrojaron piedras -dijo González- los agentes de la patrulla fronteriza estaban tan lejos en el otro lado del río, que ni siquiera pudieron llegar a ellos".

De los diez casos de tiroteos transfronterizos que hemos descubierto, los agentes de la patrulla fronteriza afirmaron, salvo en dos casos, que habían disparado sus armas en respuesta ante las rocas siendo lanzadas. De los seis que resultaron en muertes, a excepción de una, todas  se relacionan con un supuesto ataque con piedras.

Aniversario de la muerte de José Antonio Elena Rodríguez. Foto: Alonso Castillo.

 

Amnistía Internacional, Human Rights Watch, la ACLU, las Naciones Unidas e incluso el Departamento de Estado de E.U.A.  han denunciado fuerza letal contra los lanzadores de piedras en la zona internacional de los conflictos. Durante décadas los diplomáticos de occidente han condenado así mismo el uso de fuerza letal contra civiles que lanzan piedras.

Comentando en el año 2000 sobre el uso de la fuerza  israelí contra lanzadores de piedras palestinos, Mary Robinson, Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, dijo: "La potencia de fuego superior [por Israel] se ha utilizado según creo, en exceso, especialmente contra los jóvenes lanzando piedras". Desde entonces, las Fuerzas de Defensa de Israel adoptaron una política oficial (no aplicada consistentemente) de la implementación de las balas de goma no letales y otros métodos para dispersar multitudes en lugar de usar la fuerza mortal para hacerles frente.

Más recientemente, cuando los soldados egipcios  enfrentaron con fuerza letal a manifestantes que lanzaban piedras en la Plaza Tahrir de El Cairo  durante el levantamiento contra Hosni Mubarak, la entonces Secretaria de Estado Hillary Clinton y el secretario general de la ONU Ban Ki-moon, condenaron el uso "excesivo" de la fuerza. Clinton dijo que estaba "profundamente preocupada" por la violencia e instó a las fuerzas de seguridad de Mubarak a "respetar y proteger los derechos universales de todos los egipcios".

El asesinato de mexicanos de la patrulla fronteriza en su propio suelo ya ha complicado y comprometido la diplomacia de E.U.A. En junio de 2011, agentes de la Patrulla Fronteriza dispararon a otro ciudadano mexicano, Alfredo Yáñez, alegando que había estado lanzando piedras y una posta  con clavos  desde el lado mexicano de la frontera. En respuesta, el entonces presidente de México, Felipe Calderón, condenó el asesinato en público y en una reunión con la secretaria Clinton, exigió que las autoridades estadounidenses investigaran con rapidez "el uso de armas de fuego para repeler un ataque con piedras".

Sesenta organizaciones, como la ACLU, Amnistía Internacional y Caridades Católicas, respondieron al Yáñez asesinato con la firma de una carta conjunta al Congreso pidiendo una investigación y el fin inmediato a la práctica de disparar a quienes lanzan piedras. "La fuerza letal debe ser siempre una acción de último recurso y sólo se utiliza si un riesgo inminente de muerte está presente y no existen otras herramientas para mejorar una situación peligrosa" dice la carta. "Disparar contra lanzadores de piedras es excepcionalmente desproporcionado e inhumano".

El 7 de julio de 2012, Juan Pablo Santillán, de treinta años de edad y padre de cuatro, y su hermano Damián de veintiocho años de edad, se paseaban por la ribera sur del Río Grande recogiendo leña que su madre usaría para cocer tamales. Al otro lado del río notaron a algunos agentes de la patrulla fronteriza a cerca de setenta metros de distancia en lo alto de un muro de contención y trataron de ignorarlos. "Los agentes de la patrulla fronteriza siempre usaron su megáfono para gritarnos obscenidades a través del río", recuerda Damián. "Nos llamaron frijoleros y mexicanos estúpidos. No me gustaba estar cerca de ellos". La madre de Damián me dijo que ella dejó de llevar a sus nietos al río a nadar porque agentes de la patrulla fronteriza les acosaron constantemente.

Damián estaba de espaldas a los agentes cuando escuchó lo que pensó eran varios disparos. Instintivamente se lanzó al suelo. Segundos después levantó la vista y vio a su hermano tirado en el suelo boca arriba. La sangre brotaba de su pecho y no se movía.

Damián recuerda la vista del cuerpo sangrante de Juan Pablo, al otro lado del río, y dice que se dio cuenta de varios agentes de la Patrulla Fronteriza mirando hacia él. Uno sostenía lo que parecía ser un rifle grande apuntándole. Comenzó a entrar en pánico. Tenía que ponerse a cubierta por su propio bien pero su hermano podría estar muriendo. Corrió al lado de su hermano. Si le dispararan así, moriría tratando de salvar la vida de su hermano. Pero ¿Qué hacer?  Estaba lejos de un hospital, incluso de un teléfono.

En su desesperación, gritó a los agentes a través del río. Un rifle de los agentes seguía apuntándole. "¡Mi hermano se está muriendo!" gritó en español. Los agentes según él no respondieron y en su lugar empezaron a alejarse de la escena. "¿Puedes por favor ayudarme?".  Entonces  un agente se detuvo, de acuerdo con Damián, y gritó de nuevo también en español: "Deja morir al perro".

El informe oficial de la patrulla fronteriza afirma que Juan Pablo Santillán tenía un arma y apuntó a los agentes y que ellos dispararon en defensa propia. Pero las autoridades mexicanas y los cinco vecinos y familiares con los que hablé, todos me dijeron inequívocamente que Juan Pablo no cargaba un arma ese día y nunca había tenido una. De acuerdo con una investigación realizada por la policía mexicana, no se encontraron armas en su cuerpo o en la escena.

Hace un año el grupo de defensa de la frontera No Más Muertes publicó un extenso informe sobre el tratamiento a inmigrantes por agentes de la patrulla fronteriza de Estados Unidos, llamado "La cultura de la crueldad", basada en 4.130 entrevistas a 12.895 personas que estuvieron en algún momento en custodia de la patrulla fronteriza. El grupo identificó patrones generalizados de abuso, incluyendo la negación de agua a los migrantes que fueron capturados después de días vagando en el desierto, negación de alimentos, falta de atención médica, abuso verbal y  abuso físico. El informe relata los casos de abuso, incluyendo amenazas de muerte a los detenidos, la aplicación de posturas forzadas y privación del sueño, bajar la temperatura de las celdas a niveles gélidos, patadas, golpes y agresión sexual.

En repetidas ocasiones los oficiales de CBP se han negado a responder a mis preguntas sobre  cualquiera de estos incidentes específicos. La agencia en cambio, ha hecho declaraciones como ésta en respuesta a mis preguntas sobre la muerte de Santillán:

Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) respeta la soberanía del país de México y su integridad territorial. Sin la autorización expresa del gobierno mexicano, el personal del CBP no está autorizado a cruzar físicamente la frontera internacional para llevar a cabo las operaciones. En cuanto al uso de armas de fuego en la frontera, los agentes del orden de CBP están capacitados, obligados a cumplir y completamente familiarizado con todos los aspectos del uso de la fuerza y ​​manuales sobre armas de fuego.

Un ex comisionado de CBP, W. Ralph Basham, que sirvió desde 2006 a 2009, habló brevemente conmigo hace unos meses cuando estaba informando sobre un asesinato de la patrulla fronteriza en el lado de E.U.A.  "Estoy sin duda con las personas que pierden la vida como resultado de algunas de estas actividades", dijo, pero agregó: "Estos agentes tienen que ser capaces de protegerse a sí mismos cuando sienten que su vida está siendo amenazada o la vida de los otros oficiales". Sin embargo, una investigación de Associated Press de 2010 encontró que los agentes fronterizos son asaltados a un ritmo mucho más bajo que los agentes de policía (3 por ciento en comparación con el 11 por ciento) y con armas mucho menos graves, tales como rocas o cuchillos en lugar de armas de fuego.

Según un documento de uso de la fuerza de CBP de 2.004  que obtuve a través de una fuente, "Una advertencia verbal a someterse a la autoridad se dará antes del uso de la fuerza letal si es posible, y si al hacerlo no aumentara el peligro para otros". Sin embargo, en el caso de Juan Pablo Santillán, y en los otros nueve tiroteos que he mostrado en los últimos cinco años, no he encontrado evidencia de que las advertencias verbales se dieran antes de que los agentes abrieron fuego en México. De hecho ninguno de los agentes implicados ha afirmado públicamente que emiten tales advertencias.

Detalles de tiroteos con agentes también están protegidos del escrutinio público por la CBP. Si una investigación se lleva a cabo internamente no se hará pública. Si se disciplina a un agente, tampoco se hará público. Si CBP somete el asunto al Departamento de Justicia, una investigación criminal en potencia también se guarda del público.

Las condenas son del dominio público pero muy raras. La  última que pude encontrar fue la de dos agentes de la patrulla fronteriza, Ignacio Ramos y José Compean, que fueron juzgados y condenados por disparar en las nalgas a un  narcotraficante huyendo desarmado en 2005. La administración Bush terminó por rechazar sus condenas ante la presión pública y los dos ex agentes son ahora libres. Desde entonces, ningún agente siquiera ha sido sancionado por el mal uso de armas de fuego, por lo menos hasta donde el público puede conocer ya que la CBP se niega a revelar los datos ya sea el número de tiroteos por parte de funcionarios o  las acciones disciplinarias correspondientes.

Sergio Adrián Hernández Guereca era un pequeño de quince años de edad a quien le encantaba el fútbol y quería ser policía cuando creciera. Vivía en una casa humilde de tres habitaciones de hormigón en las afueras de Ciudad Juárez, México, con su madre, su hermano y dos hermanas. El 6 de junio de 2010, Hernández fue con su hermano a recoger su cheque de sueldo en una fábrica de muebles cerca de un canal de hormigón que contiene el Río Grande a su paso a lo largo de la frontera entre Juárez y El Paso, Texas. Mientras tanto, como fue capturado en un video, el agente de la Patrulla Fronteriza Jesús Mesa Jr. estaba patrullando en bicicleta el lado estadounidense de la frontera cuando vio a un puñado de mexicanos que intentaban cruzar a los Estados Unidos.

Mesa rápidamente dejó su bicicleta, corrió tras uno de ellos y lo agarró por el pelo. Los otros comenzaron a lanzar piedras a Mesa mientras se retiraban hacia México. Mesa sacó su arma y disparó dos veces a través de la frontera con México. Falló a los hombres que huían, pero golpeó a Hernández, que observaba la escena desde abajo de un puente de hormigón a unos cincuenta metros de distancia en Juárez.

Según el informe forense mexicano, Hernández recibió un disparo en el ojo izquierdo, sufriendo "una laceración directa al cerebro, lo que causó (...) paro cardíaco y respiratorio". El médico forense no encontró "evidencia de pelea o lucha" y llegó a la conclusión de que la víctima fue sorprendida por el agresor eliminando cualquier posibilidad de defenderse o huir.

Una mujer muestra balas de goma de gas que agentes de la patrulla fronteriza disparan con frecuencia y sin motivo aparente hacia las casas de la colonia Buenos Aires, ubicada junto a la valla fronteriza entre México y Estados Unidos en Nogales, Sonora. La noche anterior, un agente de la patrulla fronteriza estuvo involucrado en un tiroteo cuando disparó desde el estado de Arizona hacía territorio de México, el cual resultó en la muerte del joven de 17 años Ramsés Barrón.

 

Aunque Mesa nunca mencionó que fue golpeado por una roca, en un comunicado de prensa de la patrulla fronteriza afirmó que disparó su arma en defensa propia. También dijo que Hernández estaba entre el grupo de hombres que lanzaban piedras. Sin embargo, Cristóbal Galindo, un abogado contratado por la familia Hernández, dijo que había visto las cintas adicionales de un segundo testigo y otra de una cámara de vigilancia de CBP y ninguna de ellas muestra a Hernández lanzando piedras. En los dos videos, los lanzadores de piedras simplemente están corriendo cerca de él.

Una demanda presentada en nombre de los familiares culpa a los agentes de la patrulla fronteriza de negar la asistencia a la víctima sangrando. "Agentes de la patrulla fronteriza llegaron a la escena, el tirador cogió su bicicleta y luego todos se fueron ", dice la denuncia. "Nadie tomó ninguna acción para prestar ayuda médica de emergencia a Sergio, dejándolo muerto o moribundo bajo el puente Paso del Norte en el territorio de México".

El incidente causó un gran revuelo en México. Felipe Calderón, el entonces presidente de México, pidió a Washington "investigar a fondo lo sucedido y castigar a los responsables". El Secretario de Estado de México llamó a la utilización de armas de fuego para responder a un ataque de piedras un "uso desproporcionado de la fuerza" y los fiscales mexicanos emitieron una orden de arresto del agente Mesa por su implicación en el asesinato; si Mesa pone un pie en México,  probablemente será detenido y juzgado por asesinato.

Pero la respuesta del lado  estadounidense fue decididamente más tenue. Alan Bersin, entonces comisionado de CBP, prometió una investigación transparente y justa pero por otro lado no quiso hacer comentarios. Dos años más tarde, el Departamento de Justicia no encontró irregularidades del agente Mesa y dijo que no serían presentados cargos contra él.

"El equipo de fiscales y agentes concluyó que no hay pruebas suficientes para iniciar un proceso" se dijo en un comunicado de prensa del Departamento de Justicia. "Esta revisión tuvo en cuenta la evidencia que indica que las acciones del agente constituyeron un uso razonable de la fuerza o que constituirían un acto de legítima defensa en respuesta a la amenaza creada por un grupo de contrabandistas lanzando piedras al agente y su detenido" (no  se hizo pública ninguna evidencia de que los hombres involucrados en el lanzamiento de piedras fueran contrabandistas.).

Cuando la familia Hernández presentó una demanda civil contra el gobierno de los Estados Unidos por la muerte injusta y negligente de su hijo, un juez de distrito desechó el caso argumentando que la demanda de la familia no procedía porque Hernández estaba en México cuando ocurrió el incidente. De acuerdo con la decisión, "las restricciones constitucionales sobre el uso excesivo de la fuerza de agentes estadounidenses y quitar una vida por error no se aplica a la conducta del agente fronterizo, ya que a pesar de que su actuación  ocurrió en los Estados Unidos, la víctima no era un ciudadano estadounidense y la lesión ocurrió en México ".

La ACLU presentó un escrito en apoyo de la apelación. Sean Riordan, el autor del texto, sostiene que "sería un precedente oscuro y peligroso para los tribunales al considerar que los agentes federales pueden matar a la gente con impunidad simplemente porque están al otro lado de la frontera, y no son ciudadanos de Estados Unidos". El caso ha sido apelado ante el Tribunal del Quinto Circuito de Apelaciones y tan no existen precedentes que podría ser encabezado por la Corte Suprema de los E.U.A.

De los diecinueve casos que hemos descubierto en los últimos dos años en los que personas murieron a manos de agentes de la patrulla fronteriza (seis en suelo mexicano), los agentes no han sido aún procesados. Si cualquiera de los agentes implicados han sido relevados de sus funciones como consecuencia de su papel en los incidentes,  la información no ha sido puesta a disposición del público y nuestras preguntas a CBP en este tema han sido negadas.

Este artículo fue realizado en asociación con el Fondo de Investigación  del Nation Institute.
John Carlos Frey es periodista de investigación y director de documentales. Se enfoca en la comunidad Latina y la frontera México-Estados Unidos. Ganó el Premio Scripps Howard 2012 por su reciente serie de PBS sobre la Patrulla Fronteriza de los Estados Unidos.
Fotografía en portada:
Familiares y amigos del joven Antonio Elena Rodríguez durante misa en su honor. Foto:Alonso Castillo/Numerof.org.
La traducción es nuestra. Para consultar el texto original en inglés siga esta liga:

 http://www.washingtonmonthly.com/magazine/may_june_2013/features/over_the_line044512.php?page=1

 

Relacionado:

La muerte de Ramsés Barrón y la militarización de la frontera.

José Antonio Elena, balas contra piedras en la frontera de México.

Publicaciones relacionadas:

, ,