Ray’s a Laugh de Richard Billingham, lecciones de intimidad

El fotógrafo inglés Richard Billingham nació el 25 de septiembre de 1970 en Cradley Heath, un deprimido y humilde barrio obrero a las afueras de Birmingham (West Midlands), también conocido como Black Country debido a la producción local de carbón, hierro y acero. A pesar de ser más bien un lugar de paso y de no ser el sitio ideal para vivir,  Billingham ha basado la totalidad de su trabajo en esta localidad, en la que con precisión de entomólogo ha recogido un diario visual tan sórdido como tierno y candoroso, a la vez que ofrecía un demoledor retrato autobiográfico. Es posible que Billingham no sea un gran fotógrafo como pueden ser Jeff Wall, Candida Höfer o Thomas Struth (aunque sus fotos puedan tener un valor económico parejo). Sin embargo sabe como nadie captar la melancolía del estado humano y animal, dentro de la llamada sociedad postindustrial.

Cuando sólo contaba con 10 años de edad su padre, Raymond (Ray) Billingham fue despedido de su trabajo de maquinista en una fábrica local. Ante unas opciones de trabajo tan limitadas Ray se limitó a no hacer nada salvo beber durante el resto de su vida, con lo que, cuando se agotó el subsidio por desempleo, la familia se vio obligada a vender la casa en la que residían para trasladarse a un piso de protección oficial. En esta situación tan desesperada, con un frigorífico casi vacío, un jovencísimo Richard encontró refugio en el dibujo, donde descubrió un talento natural para pintar todo lo que se cruzaba por su mirada, principalmente vehículos y animales. Tras 16 solicitudes rechazadas por parte de las elitistas academias inglesas, Richard fue aceptado para una beca en el Bournville College of Art, para después graduarse en Bellas Artes en la University of Sunderland en 1994.

1 “Ray’s a Laugh” (2018)

0 “Ray’s a Laugh” (2020)

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Su mentor, Anthony Reynolds puso a Billingham en la órbita del coleccionista multimillonario Charles Saatchi, quien revolucionó la escena del arte contemporáneo en 1997 con su exposición Sensation en la Royal Academy de Londres, que junto a la exposición Freeze (1988)  fue considerada por muchos especialistas como un momento esencial en la historia del arte británico contemporáneo. A pesar de no ser la primera exposición que Saatchi organizaba sobre jóvenes artistas británicos, Sensation consiguió agrupar a un grupo inigualable de 42 creadores entre los que se encontraban Damien Hirst, Marcus Harvey, Tracey Emin, Jake & Dinos Chapman, Jenny Saville, Fiona Rae, Rachel Whiteread, Sarah Lucas, Gary Hume, Douglas Gordon y Paul Graham, además del propio Richard Billingham. Este grupo heterogéneo cautivó a la escena artística del momento con su vitalidad y creatividad y fue bautizado bajo el nombre genérico de YBAs (Young British Artists).

Mientras el joven Richard enviaba solicitudes a las más importantes escuelas de arte del país, no dejaba de practicar la realización de retratos con los miembros de su familia. Sin embargo tenía que ser muy rápido en la realización de esos retratos, ya que a los 15-20 minutos su modelo empezaba a moverse y a pedir una cerveza. Por ello, y ante la imposibilidad de dibujar algo más elaborado, comenzó a sacar fotografías de los miembros de su familia, con el fin de poder dibujarlos en detalle sin el peligro de que sus modelos se levantasen de repente. El artista realizaba tal cantidad de fotografías que llegó un punto en el que sus familiares ya ni posaban para la cámara, lo que ayudaba a reflejar con naturalidad el día a día de su hogar.

Con el tiempo Billingham fue dándose cuenta que las fotografías constituían una obra de arte en sí mismas, al componer una cruda revisión del realismo crítico documental, que traducía al lenguaje del arte tanto la atmósfera del nuevo cine británico (con Ken Loach a la cabeza), como la caspa que comenzaban a desprender los reality shows en la televisión de la Inglaterra de Thatcher. Las imágenes fueron realizadas con el material fotográfico más barato que pudo encontrar, con lo que se logra un enfoque defectuoso y un tratamiento del color que deja mucho que desear para una fotografía comercial, pero que en ese contexto contribuyen a dotar a las imágenes de franqueza y cruda autenticidad.

Cuando esta obra se expuso por primera vez, el elitista mundo artístico quedó estupefacto ante Billingham. Su persistencia en trabajar con lo cercano y lo experimentado le situaron rápidamente como uno de los referentes más destacados entre los jóvenes artistas que defienden el ámbito de su privacidad como el material interiorizado para la creación. Por primera vez en mucho tiempo un artista había logrado demoler la estética de la fotografía tradicional al dar a conocer su baja extracción social con esta serie de fotografías que  constituían un diario visual autobiográfico de la realidad y el drama en el que vivían muchas familias durante la crisis de la sociedad post-industrial de principios de los 90 (aunque el artista ha negado repetidas veces cualquier implicación de índole política en sus fotografías).

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Los padres del artista, Raymond (Ray) y Elisabeth (Liz), contrajeron matrimonio en 1970, poco antes de que él naciera, pero estuvieron separados por dos años. Durante ese tiempo Liz había vivido sola con Richard y con su rebelde hermano pequeño Jason y había cambiado la casa a su gusto, llenándola de numerosas muñecas, puzzles, perros y gatos. Todo esto hacía que las humildes y agobiantes habitaciones de la casa estuviesen en un continuo caos y cargadas de un aire kitsch y enrarecido.

Todos estos personajes junto con la constante presencia de perros y gatos en las imágenes, componen un bizarro álbum familiar de una crudeza y autenticidad únicas. Las imágenes son tan sinceras y hacen tan explícito lo íntimo, que colocan a la familia en una situación de tremenda vulnerabilidad con respecto al exterior (aunque sus padres nunca se inmutaron por la trascendencia internacional que alcanzaron sus fotografías). Esto sitúa a la obra de Billingham en una posición a medio camino entre el voyeurismo extremo y la crítica social al actuar como un autoretrato que refleja la depravación y la pobreza en la que el artista creció.

A primera vista tanto Liz como Ray aparecen como grotescas y repulsivas figuras de esperpénticos comportamientos. Sin embargo, no existe ni un ápice de crítica o reproche hacia sus padres por parte de Richard, sino más bien una candidez y una ternura que sólo puede ser expresada por parte de un hijo. La complicidad entre Richard y su familia que hace que al momento de retratar todas las situaciones que ocurren entre las paredes del hogar, el discurso se separe del caos y la anarquía familiar para transmitir inocencia envuelta en un particular halo de tristeza y melancolía.

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Toda esta colección de imágenes fue recopilada y publicada en 1996 por la editorial Scalo en el libro Ray’s a Laugh, que sigue el estilo crudo del libro Ballad of Sexual Dependency de Nan Goldin y de los libros y cómics de R. Crumb. El libro también incluye extractos de textos autobiográficos del artista sobre sus recuerdos de juventud. El título de esta publicación es un extracto de una frase pronunciada por Jason, el hermano pequeño de la familia, y resume a la perfección los sentimientos contradictorios de repugnancia y compasión que Ray puede despertar en el espectador.

“My father Raymond is a chronic alcoholic. He doesn’t like going outside (…) Dad was some kind of mechanic, but he’s always been an alcoholic. It has just got worse over the years. He gets drunk on cheap cider at the off license. It is so cheap now. He drinks a lot at nights now and gets up late. Originally, our family lived in a terraced house, but they blew all the redundancy money and, in desperation, sold the house, then we moved to the council tower block, where Ray just sits in and drinks. That’s the thing about my dad, there’s no subject he’s interested in, except drink” .

Con información de Reflexiones Marginales.

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