Everyday La Frontera, una postura personal

“Las personas anteriormente conocidas como la audiencia queremos informar a los medios de comunicación sobre nuestra existencia y sobre un cambio de poder que va con el cambio de plataforma del que todos han oído hablar” (Jay Rosen, 2006).

En la era predigital el periodismo era una lectura; en la era actual el periodismo es una conversación. Si lo entendemos así tal y como se discute el impacto de los medios digitales en nuestras formas actuales de comunicación, la estructura abierta del periodismo permite el diálogo simple y llanamente porque tenemos acceso a la tecnología para conectarnos en cualquier momento. Con esta modificación, el campo periodístico ahora incluye en forma directa la relación que el periodista mantiene con el público o audiencia.

Aquel modelo vertical en el que un emisor en el centro se comunicaba con muchos receptores alrededor, gradualmente es sustituido o complementado por uno interactivo (McQuail, 1997), en el que muchos emisores se comunican con muchos receptores a la vez y forman una red que conecta a las personas en forma horizontal. Al mismo tiempo somos usuarios y productores, dice Axel Bruns;  donde antes el sistema de medios concentrado en pocas manos había conectado a las personas con centros de poder, ahora el flujo ciudadano a ciudadano es tan real como aquel vertical, dice Jay Rosen; y esta conexión en red permite a las personas construir con personas de ideas parecidas, dice Manuel Castells.

Sin embargo, en la ruta de la información es casi cierto que una vez que nos volvemos independientes de los canales de transmisión podemos marcar una agenda propia; pues a pesar de que existe la posibilidad de interactuar en línea entre nosotros, ser autosuficientes y gestionar nuestros propios contenidos sin necesidad de intermediarios que nos den voz, la atención sigue centrada en los grandes circuitos de producción y difusión profesional. Esta dependencia (que ya nada más es simbólica y no técnica) limita la posibilidad de que el diálogo ocurra bajo aquella promesa de democracia basada en la idea que en la web todas las personas somos iguales.

Si pensamos el asunto desde la esfera pública como la describe Habermas, a mayor diversidad en la composición de un espacio que nos es común a las personas, más efectivo es el diálogo; y a la inversa, en la medida en la que un sistema de comunicación se vincula con sectores específicos, menor es su rango de inclusión de las poblaciones diferentes en el debate. Esto es similar a las llamadas burbujas de información donde la gente discute cualquier tipo de argumentos especializados o no pero los puntos de vista permanecen aislados dentro de los límites del grupo, entonces hay tantas burbujas como ideologías o discursos en carriles paralelos que nunca se cruzan y permanecen ajenas al conocimiento y la discusión con las otras posturas.

En ese sentido, personalmente creo que lo ideal es que EDLF pueda funcionar como una plataforma no jerárquica que combina la participación profesional-amateur para la gestión de redes mixtas de colaboración, a través de las cuales ocurra la transferencia de experiencias, así como la potencial operación de iniciativas con impacto más allá del entorno en línea.

Si en principio, los Proyectos Everyday han impulsado la discusión sobre las formas de representación a través de la imagen, tras la propuesta de EDLF hay una reflexión sobre las relaciones de poder que en la industria del periodismo reproducen la separación entre lo global y lo local. Y aquí incorporamos la postura de la epistemología del sur para asumir que el diálogo que buscamos no se limita a la forma fotográfica basada en el estándar global sino que privilegia el reconocimiento de todas las identidades y territorios. 

Un detrás más profundo del intercambio encierra revalorar la experiencia local como punto de partida para la imagen, además de otros experimentos de intervención que responden a problemáticas y condiciones de desarrollo muy particulares. Sobre todo el convencimiento es por enfatizar en primer término la dimensión social de la interacción de abajo hacia arriba y reivindicar la conversación inclusiva. De hecho, una de las líneas principales es priorizar políticamente lo que ocurre en los márgenes y la disidencia como forma de rechazar  las imposiciones que vienen desde el centro.

En esa ruta, debe cuestionarse si ocurre y en qué medida los métodos y procedimientos de la profesión reproducen relaciones de poder que se validan como calificativo de lo que es bueno-profesional-global y lo que es malo-amateur-local y desde las cuales se imponen criterios de valor que son formas de colonización. Porque así como las clases sociales expresan la forma en la que un grupo se relaciona con otro (con todas las implicaciones culturales que esto trae consigo), la fotografía también implica una clasificación por estratos; y en el fondo que nos importa, la responsabilidad ética que atiende al ser social, es oscurecida por un asunto de estatus personal que en la práctica funciona como mecanismo de poder. 

¿Es grave o no vale la pena detenernos aquí? Pensemos por ejemplo qué impacto tiene sobre el trabajo colectivo y colaborativo el afán aspiracional que nos hace avanzar hacia arriba en lugar de voltear a los lados y formar alianzas entre pares. Claro, las alianzas con mucha regularidad son entre pares pero estos se acomodan por estratos, lo que puede traducirse en ese comportamiento en el que las personas prefieren identificarse hacia arriba; dicha práctica que se reproduce en cualquier posición de la escala profesional, semi-profesional o amateur, responde a la lógica del poder a través del reconocimiento y validación del estatus que se construye con ideas de supervivencia, de progreso y de mercado, entre otras (pero que finalmente son clases sociales).  

Para usar de forma muy libre una canción ranchera mexicana, los de arriba voltean muy poco hacia abajo. 

Bajo un esquema colaborativo pro-am, EDLF combina los valores éticos de la industria con la producción bajo un enfoque de comunidad. Para nosotros, ambas expresiones son igual de válidas. Y reivindicando el derecho a la voz, la responsabilidad social del periodismo puede sujetarse lo mismo al esteticismo de la imagen que al interés por lo cotidiano a nivel de barrio y los derechos humanos en regiones fronterizas y en aquellas que se relacionan con la migración.

Para sentar la única regla del juego y facilitar el flujo de las imágenes, la pregunta por hacer es si nuestro trabajo interfiere o contribuye a enaltecer la dignidad de las personas. Y ya que se trata de un trabajo colectivo que además se realiza a distancia, las otras personas integrantes de este proyecto pueden tener una opinión diferente y espero que así sea porque eso enriquece la discusión (y el canal por supuesto permanece abierto para las opiniones).

Foto de portada: Los de a caballo. Bacobampo, Sonora (Erick Esquer)

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