Notas de clase (tecnología, progreso y futuro)
Cuando David Graeber dice que la universidad es la única institución que ha permanecido inalterable desde la Edad Media, no lo señala en forma de cumplido sino de crítica. El párrafo aparece en el inicio de Fragmentos de antropología anarquista, cuando Graeber pregunta por qué hay tan poco anarquista en la academia (cuando sí hay mucho o algo de marxismo). Su respuesta es que el anarquismo es un asunto práctico que no es estrictamente propio de la universidad mientras que el marxismo en tanto teoría de la estrategia revolucionaria, suele estar más presente. La diferencia que Graeber atribuye es la naturaleza práctica de una y la teórica del otro.
Esto no encaja demasiado bien con trabajar en la universidad, quizá la única institución occidental, además de la iglesia católica y de la monarquía británica, que ha permanecido inalterable desde la Edad Media, promoviendo debates intelectuales en hoteles de lujo y pretendiendo incluso que todo ello fomenta la revolución (Graeber, 2011).
Para mí el criterio cuando le doy vueltas a la falta de pensamiento crítico en un sentido más amplio, es que hay muy poco de éste ya sea dentro o fuera de la universidad, de manera que si aplicas una regla de selección natural por filtros a lo largo de una trayectoria de vida o en particular educativa, lo esperado será que las ideas no alineadas se dispersen en el camino y aparezcan con menos frecuencia en esta etapa. Es un asunto estadístico y de representación: a menos pensamiento crítico en la calle, menos pensamiento crítico aparecerá en las aulas. Dicho de otra forma, si la capacidad de observación, comprensión, análisis o sensibilidad social no se genera de manera espontánea, sí tendría que sobrevivir a los esfuerzos formales e informales por disciplinarla, desde el adoctrinamiento en la escuela, la familia y la convivencia diaria hasta el papel de la publicidad (que también es una idea de Graeber) y la moda para ponerle nombre a lo aceptable-inaceptable en la idea de normalidad (un caso de la espiral del silencio aplicada a todo el sistema de opiniones y comportamientos, por ejemplo). Por esa razón mantener a lo largo de la vida una actitud fuera del promedio es todo un esfuerzo, así que resulta explicable entonces la aceptación, la uniformidad y la repetición de la norma.
En este momento yo ya extraño la desaparición del marxismo en las aulas universitarias. Del anarquismo ni hablar, hasta la fecha el término se sigue usando en contextos como un insulto.
En el departamento de sociología que está junto a los edificios de la escuela de comunicación, creo que los últimos profesores marxistas imparten clases al borde de la extinción. Me refiero en general a la generación de profesores a punto de la jubilación que nos formaron hace 30 años, cuando se hablaba de El Capital con el muro de Berlín a la vista entre los movimientos populares, el 68, la izquierda, el salinismo, el EZLN, etc. Y una vez que eso ocurra, imagino la desaparición de un paquete de ideas al estilo de Orwell.
Cuando se miraba como ficción, 1984 fue la novela más terrorífica que había leído. La moraleja del texto es que la humillación por el poder no se agota en el castigo del cuerpo, la tortura también incluye eliminar del lenguaje las palabras incómodas, provocar su olvido y borrar el acto al que refieren del pensamiento. Y aquí estamos ahora.
En palabras de Peirce (1994):
La palabra o signo que el hombre usa es el hombre mismo. El hecho de que cada pensamiento es un signo y que la vida es una secuencia de pensamientos, prueba que el hombre es un signo; así también, que cada pensamiento sea un signo externo, prueba que el hombre es un signo externo. Es decir, el hombre y el signo externo son idénticos. Así, mi lenguaje es la suma total de mí mismo.
Una pequeña parte dentro de este mundo que gradualmente desaparece, representa una visión completa de la civilización, que se elaboró a través del tiempo y que ahora se extingue con su pensamiento y tensiones históricas. Entonces de pronto y como una cubeta de agua bien fría, es como si tuviéramos claridad de que en el traspaso generacional se pierde algo importante. Y en este momento preservar la historia del pensamiento no es una preocupación que se perciba en el ambiente institucional.
La semana pasada en una conversación de pasillo con estudiantes, salió a la discusión la preocupación por la amenaza del comunismo en las calles de la ciudad (de Hermosillo). Acababa de ocurrir el secuestro y extracción ilegal de Maduro en Venezuela y Trump ya estaba en las amenazas a Groenlandia y México (a las que luego siguieron Cuba, más asesinatos extrajudiciales en el Océano Pacífico, el arancel global del 15 % y su declaración: “Puedo destruir un país, puedo hacer lo que quiera…pero no puedo cobrar un dólar”).
Fatídica la relación pero también este año se cumplen dos décadas en televisión de la propaganda de derecha sobre el peligro de convertirnos en Venezuela. Para situarnos en el tiempo, la campaña electoral del 2006 pasó de las muertes no aclaradas y el fraude, a la propaganda permanente. Ahí se acuñaron frases como “un peligro para México” y, las consabidas comparaciones de López Obrador con Chávez, Maduro y Venezuela, se acomodaron desde entonces en la atención de las personas, de manera que ahora la categoría “comunismo” presenta un fenómeno construido con características delineadas desde la propaganda recalcitrante de la derecha mexicana que formalizó la promoción del prejuicio, la polarización y la explotación de la precariedad en forma de miedo.
Por otro lado, tampoco es que se pueda defender mucho a la izquierda…
Esa tendencia que se presentó en 2006 se confirmó al extenderse en 2012 a la estrategia que Televisa, el PRI y el PAN le aplicaron a Josefina Vázquez Mota y algo similar en 2015 a Claudia Pavlovich. Más o menos en las mismas fechas, en 2014 y hacia adelante Breitbart Texas, Cambridge Analytica y Facebook ya operaban las noticias falsas para Trump.
Y a pesar de todo, lo que preocupa a la gente es el comunismo. Este es el terreno del simulacro, diría Baudrillard, donde la representación termina por sustituir al fenómeno objetivo.
Desconozco cómo se viva el ajuste de los planes de estudio en la Licenciatura en Sociología aunque entiendo que se mantiene una línea teórica firme y que hay buena respuesta estudiantil, pero aquí en comunicación donde hablamos de periodismo entre la tecnología, el futuro y la sociedad líquida, la universidad es uno de los últimos lugares que puede funcionar para guardar y transmitir las herramientas que una vez utilizamos y que todavía son útiles para interpretar el mundo. Esta idea parecerá una equivocación en tanto se supone que ese papel está implícito en el espíritu de la universidad, pero para aclarar, enfatizo: frente al tecnocentrismo del presente y otros factores, ahora mismo no estamos logrando cumplir ese papel.
Y la razón por la que traigo a Graeber es para señalar a costa suya que en medio del problema de la liquidez y la transformación de las prácticas que atravesamos en este momento, la universidad puede actuar como un ancla mediante acciones significativas (aunque sea una pequeñísima dado su corto alcance y acceso en comparación con el tamaño del problema). Dicho sea de paso y luego de citar a Graeber, pensar en la universidad como trinchera no encaja muy bien con el anarquismo.
El pasado mes de octubre (2025) la Universidad de Harvard publicó un informe en el que señalan un desfase entre el aumento de las calificaciones más altas (A) mientras que la calidad del trabajo estudiantil en esa escuela ha decaído. El porcentaje de estudiantes que obtuvieron A en 2010 fue del 24%, en 2015 del 40.3% y en 2025 alcanzó el 60.2 %, sin embargo más de dos terceras partes de participantes en la encuesta (69 %) perciben que el alumnado no prioriza sus cursos.
El reporte señala que el profesorado en materias de humanidades y ciencias sociales (las cuales exigen más lectura) es el que más se preocupa y que ahí han tenido que recortar y descartar lecturas, cambiar de novelas a relatos cortos y que es difícil asignar textos ante las quejas de los estudiantes. En otro dato destaca que la mitad del profesorado encuestado sostiene que no puede asignar las calificaciones que los estudiantes han obtenido realmente, que tienen dificultades para hacerlo, así como que se requiere “fuerza de carácter” para hacerlo. Un tercio de lxs participantes señalaron que eso solo es posible después de obtener seguridad laboral.
Aquí un comentario del informe y análisis de la misma situación en España, en el blog de Carlos Scolari, aquí el documento de Harvard y aquí el de Yale.
Ayer en clase hablamos de los 4 escenarios futuros para la educación del periodismo. Dos preguntas resultan del panel de especialistas compuesto por periodistas y educadores en Países Bajos: ¿para qué periodismo educamos? y ¿quién está a cargo del proceso de enseñanza? Si bien las conclusiones del estudio son demasiado optimistas considerando la localización del estudio, al replicar la discusión en el contexto de Latinoamérica y México, tenemos unos escenarios realistas que son útiles para estimular la especulación creativa de estudiantes en miras a reconocer el terreno para su incorporación al campo profesional. Ahí es donde la universidad tiene que marcar distancia del discurso que repite acríticamente, para comprender mejor la relación entre tecnología y progreso.
Una extensión acerca de pensar el futuro, es pensar qué papel juega hoy la educación ante todo esto.
Complementario:
Jueza cita 1984 de Orwell y ordena a Trump restaurar exposición sobre esclavitud en Filadelfia. Una jueza federal comparó la administración Trump con el Ministerio de la Verdad de George Orwell en la novela 1984, citando el lema de la agencia distópica ficticia “La ignorancia es fuerza”, al pedir que se restauraran todas las menciones a la esclavitud que fueron eliminadas de un monumento histórico en Filadelfia. En su fallo, la jueza Cynthia Rufe ordenó al gobierno federal devolver todo el material que fue retirado de la exposición.
“Como si existiera el Ministerio de la Verdad de 1984 de George Orwell, con su lema ‘La ignorancia es fuerza’, ahora se le pide a este Tribunal que determine si el gobierno federal tiene la facultad que afirma: desmantelar y desmontar verdades históricas cuando tiene cierto dominio sobre los hechos históricos”, escribió el lunes. “No la tiene”.
Sygmunt Bauman, Modernidad Líquida. En lenguaje simple, todas estas características de los fluidos implican que los líquidos, a diferencia de los sólidos, no conservan fácilmente su forma. Los fluidos, por así decirlo, no se fijan al espacio ni se atan al tiempo. En tanto los sólidos tienen una clara dimensión espacial pero neutralizan el impacto -y disminuyen la significación- del tiempo (resisten efectivamente su flujo o lo vuelven irrelevante), los fluidos no conservan una forma durante mucho tiempo y están constantemente dispuestos (y proclives) a cambiarla; por consiguiente, para ellos lo que cuenta es el flujo del tiempo más que el espacio que puedan ocupar: ese espacio que, después de todo, sólo llenan “por un momento”. En cierto sentido los sólidos cancelan el tiempo; para los líquidos, por el contrario, lo que importa es el tiempo.
Nick Couldry, El colonialismo de datos llega a casa, la resistencia también debería. Solo a través de la perspectiva del colonialismo podemos comprender lo que está sucediendo, no solo como las acciones de un gamberro y su grupo de jóvenes hackers de DOGE, sino como una apropiación de datos: la mayor apropiación de datos públicos por parte de un particular en la historia de un estado moderno. Elon Musk puede no tener experiencia en el gobierno, pero ha demostrado ser experto en usar una plataforma de extracción de datos como arma, y parece estar aplicando las lecciones aprendidas en X para confiscar datos federales sensibles, asumir el control de los sistemas de pago gubernamentales e incluso acceder a inteligencia clasificada.
Este fenómeno ya no puede explicarse bajo la rúbrica del “capitalismo de vigilancia”, ya que el objetivo no es simplemente ganar dinero rastreando lo que hacen los usuarios. El objetivo de DOGE parece ser poner todos los datos existentes sobre los ciudadanos estadounidenses en manos de corporaciones privadas y empleados gubernamentales que operan al margen de la ley. En el neoliberalismo, los ciudadanos se convierten en consumidores; en el colonialismo de datos, los ciudadanos se convierten en sujetos. Si la diferencia no es evidente, piense en cómo se utilizan los datos gubernamentales, incluyendo su ADN, para controlar a la población uigur en China. En esta versión del colonialismo, lo que se apropia no es la tierra, sino la vida humana mediante el acceso a los datos.
Proceso: dos décadas de campañas negras
México: ejemplos de campañas negativas
Excélsior: los spots que se bajaron.
One Solution for Too Many A’s? Harvard Considers Giving A+ Grades
Nearly Everyone Gets A’s at Yale. Does That Cheapen the Grade?








