Notas sobre fotografía

¿Qué recomendación harías a alguien que empieza en fotografía?
Mi formación es como fotoperiodista. Con eso quiero decir que además de la inclinación por la imagen directa, pienso la fotografía por su relación con el relato, la narración y la historia de las personas. También la pienso como literatura, como un cuento. Hace algunos años y a pesar de que la fotografía es mi primera profesión, entiendo que la imagen por sí misma es insuficiente para expresar la complejidad del relato que contiene. Es decir, la foto es mucho pero el relato es mucho más. Tan es así que ahora que lo pienso, si no fuéramos tan presumidos la palabra que le hace más justicia a la fotografía es cuentacuentos (colonialismo de por medio para malas en el periodismo se usa casi exclusivamente el término storytellers).
Hace un montón de años en un curso universitario de filosofía de la imagen estaba un grupo nutrido de académicos de comunicación, sociología y psicología, profesores, fotógrafos profesionales y un número pequeño de estudiantes. Entre ellos estaba M, quien combinaba su interés en la fotografía con unos gruesos lentes de gran aumento. M quería ser fotógrafo pero enfrentaba una condición visual que progresivamente le llevaría a perder por completo la vista. En medio de la discusión cruzada y los argumentos sobre la importancia del archivo y los documentos, en la voz de M se captaba con intensidad una preocupación por comprender: “Yo quiero ser fotógrafo pero estoy perdiendo la vista ¿cómo puedo ser fotógrafo si no entiendo la luz?”. Esa es la declaración más honesta, simple y profunda que he escuchado sobre la fotografía.
Martine Joly en la interpretación de la imagen (2002), escribe de las fotos que no están, las fotos que no alcanzamos a tomar por negligencia o porque se acabó la pila o el rollo o porque la escena cambió rápidamente. Por ejemplo, una persona registra escrupulosamente con un rollo de 24 tomas las experiencias del viaje de vacaciones por el que ha esperado toda su vida. Al llegar al laboratorio encuentra que la película estaba mal puesta y que al final no tendrá una sola foto. En su lugar, decide escribir un cuento acerca de cada una de las 24 escenas en su cabeza. ¿Sería posible? No estoy seguro y creo que Joly menciona ese ejemplo en su libro (aunque ahora tengo el libro en la mano y no encuentro ese apartado). De lo que sí estoy seguro es de que en la fotografía hay una parte de ficción, una de relato y una de ilusión (como dice Joly).
Yo todavía guardo por ahí uno de mis primeros rollos y negativos. Había estado caminando en la calle buscando fotos. Era sábado y hacía sol como a las once de la mañana. En lo que ahora es el tianguis Héctor Espino estaba instalado un circo. Estuve tomando fotos de los animales. En el extremo que da hacia la calle José Carmelo ahí también había una estructura circular de concreto que se usaba para organizar peleas de gallos. Eran unas diez filas de butacas de cemento que se hundían en circunferencia sobre el asfalto del estacionamiento. Con el tiempo el hoyo nada más fue rellenado y ahora arriba están los locales de comida.
Me paré abajo de un elefante. También había camellos. En la calle al salir de ahí encontré a una chica de cabello rubio entintado con raíces negras, en pantalón de mezclilla roto y blusa de encaje negra con una blusa blanca por debajo. Era 1992 y el tiempo de Nirvana. Yo tenía unos 20 años. Las fotos nunca las vi porque como en el caso de Joly, el rollo estaba mal puesto y lo revelé en blanco, pero recuerdo algunas de las imágenes realzadas por la espera y la emoción frustrada. Repetir tomar la foto recorrer la película repetir el paso 36 veces. Entrar al cuartoscuro, seguir los procedimientos, apagar las luces, sacar el rollo, guardar, agitar. Y nada. El rollo ahí colgado como un listón transparente. Ni modo.
Del segundo rollo que tomé por ahí está guardada una prueba de contacto y una tira del negativo blanco y negro. Entre las fotos hay una calle y una pared de la Comandancia Norte. Usé una cámara Nikon con un lente 70-300/5.6. Recuerdo que las fotos en interior quedaron oscuras. A lo que quiero llegar es a que uno recuerda las fotos que hace. Al ver una foto, uno recuerda en qué condiciones la tomó. No sé si toda la vida pero me consta que por unos 30 años sí lo hará.
Aquí unas recomendaciones variadas para pensar en la foto y en la imagen en general:
1. Dentro del volcán es un súper viaje visual (Herzog, 2016).
2. Dont Blink, sobre la carrera de Robert Frank (Israel, 2015).
3. Fotógrafo de guerra (Frei, 2001). Este documental siempre me dejó pensando en la soledad que se experimenta al hacer fotografía.
4. Piratas de Somalia (Buckley, 2017). Es sobre periodismo pero aplica para fotografía. Es como un manual para acercarse a las fuentes y un manual para empezar a hacer periodismo. Divertida la película y una idea muy buena sobre quién es el/la otra y cómo le representamos.
5. El colaborador (Nguyen, 2025). El asunto que va junto con pegado: honestidad y mito en la fotografía de prensa.
Y sobre el color la referencia obligada es In the mood for love, de Wong Kar-wai (2000) pero también El lago del ganso salvaje es un muy buen viaje de noche y luces de neón (Yinan, 2019). Aquí otra referencia obligada: Alex Webb: el sufrimiento de la luz y aquí un comentario extendido sobre la luz y la expresión de la gente que retratamos.








